viernes 03 de julio de 2020 - Edición Nº576

Entrevistas | 24 oct 2019

claudio elórtegui

"Hay un profundo sentimiento de malestar por las desigualdades y abusos del sistema económico"

Pal’Sur dialogó con Claudio Elórtegui, periodista y académico del vecino país, quien analizó la situación que se vive en las calles desde hace una semana.


Por:
Laura Funes

En medio de la profunda crisis social y política que se vive en Chile, Pal’Sur dialogó con Claudio Elórtegui (*), periodista y académico del vecino país, quien analizó la situación que se vive en las calles desde hace casi una semana.

Los motivos de la insurrección popular, el desmanejo del presidente Piñeira frente a la emergencia, el rol de los medios de comunicación y la “mano invisible” bolivariana. 


Pal’Sur: ¿Qué análisis hacés sobre los hechos que se registran en Chile desde hace varios días? ¿Qué es lo que realmente sucede?

Claudio Elórtegui: Todavía es apresurado para manifestar claramente lo que acontece, pero este estallido social distingue varios grupos o movimientos, motivaciones y acciones que convergen en un profundo sentimiento de malestar por las desigualdades y las percepciones de abusos que el sistema económico efectúa sobre un número no menor de la ciudadanía. 

Tiene un continuo político que se visibiliza desde el 2006, con los movimientos estudiantiles, el 2011 con el universitario y en los últimos años con el cuestionamiento al sistema de pensiones y crisis medioambientales sobre zonas de sacrificio. Estos movimientos lograron ampliarse a demandas sociales mayores que cuestionan, desde lo político y comunicacional, un modelo neoliberal abusivo con las personas. 

Si a esto le sumas una coyuntura actual de expectativas insatisfechas de la presidencia de Sebastián Piñera y una pérdida evidente de credibilidad de los partidos políticos acelerada por los escándalos en el financiamiento irregular de las campañas el 2015, un abrupto descenso en la imagen de las instituciones como garantes en las soluciones de los conflictos y un deficiente manejo de crisis por parte del Gobierno, el contexto es complejo.
 
 
PS: Como especialista en Comunicación Política, ¿cómo calificarías el rol de los medios en esta situación? ¿Cuál es su responsabilidad? 

CE: El rol de los medios ha surgido como un debate ciudadano importante en redes sociales. Los medios tradicionales y con propiedad conocida son presa de una crítica masiva que tampoco es nueva. Los cuestionamientos van por el lado del tratamiento hacia las movilizaciones y la criminalización de las personas que participan, así como la necesidad de ampliar los temas de la agenda y las fuentes que construyen la noticia en función de una responsabilidad social. 

En estos momentos, la crítica se dirige hacia la necesidad de visibilizar los atropellos a los derechos humanos de parte de policías y militares que el INDH (Instituto Nacional de Derechos Humanos) está reportando y que es registrado por los celulares de la ciudadanía, pero se considera insuficiente esta cobertura en medios como la televisión. 

Ahora bien, algunos medios también están intentando bajar el clima de polarización en la que el país ha ingresado, pero a su vez se les acusa de buscar el statu quo. Plantean que quieren focalizar el debate, pero se les critica que lo hacen con los mismos políticos que no representan la sensibilidad ciudadana. No es fácil para los editores en un sistema comercial de medios donde manda finalmente más el rating que las propias líneas editoriales, que por lo demás son bastante homogéneas, y eso es algo que también provoca frustración en la realidad periodística.


PS: ¿El presidente Piñeira podrá salir bien parado de esta crisis? ¿Está en riesgo su institucionalidad?

CE: La figura de Piñera está en un alto nivel de cuestionamiento por su capacidad de liderazgo y credibilidad en torno a exhibir empatía con las demandas que emanan desde los movimientos sociales. Cierto es que esas demandas para esta crisis comenzaron con la necesidad de detener el alza del transporte público del metro de Santiago, pero rápidamente pasaron luego a las pensiones, remuneraciones, seguridad, salud, rebaja en la dieta parlamentaria y ahora llegan a una refundación del modelo, todo bajo el paragua de las evidentes desigualdades en Chile. 

Piñera no ha podido controlar desde lo político el eje del debate, pues al incorporar el estado de emergencia y a los militares en la solución, junto con sostener que había una guerra, desechó una salida política que luego buscó con algunos partidos políticos, otros se marginaron, pero ya estaba a trasmano de un movimiento social que volvió a recordar la salida de las FFAA hace cuarenta años, por lo que el diálogo se hace muy complejo. 

En tanto, para los jóvenes la presencia de los militares no les amedrenta por lo que han desafiado la permanencia en el espacio público y en los toques de queda en el marco de las manifestaciones y marchas, incrementando la respuesta ciudadana en las calles. Lamentablemente, esta crisis la aprovechan de manera táctica los grupos violentistas delictuales para acentuar en la madrugada acciones vandálicas como saqueos que ya están más controlados, pero que no tienen vinculación con las marchas ciudadanas y familiares que se observan en todo el país. 

Actualmente, la fase está en la entrada de los movimientos gremiales por lo que se están haciendo más masivas las movilizaciones y captando una ciudadanía más transversal. El paquete de medidas presentado por Piñera cohesionó una derecha que estaba abatida, pero está acelerando una articulación social que apostará a aprovechar el momento político al máximo para lograr cambios desde una mejor justicia social, pasando por una nueva Constitución o incluso la salida de Piñera. Estas intensidades en las exigencias varían de acuerdo a los grupos que se acogen en este movimiento social. 

Por eso, es muy difícil saber cómo Piñera saldrá de la crisis, si apostará al desgaste y a la aprobación de más medidas, a la polarización externa, al avance de un diálogo con la centro izquierda, cambio de gabinete, o una combinación de todo. Pero claramente su punto débil ha sido la comunicación política, explicar adecuadamente cada decisión, sus fundamentos, hacia dónde quiere ir, y esto también es un problema político porque sus atributos ya estaban desgastados ante la ciudadanía. 

 
PS: Parece ser que las redes sociales se han convertido en un nuevo canal de comunicación y difusión de lo que sucede en el país, ante lo que denuncian como "silencio" de los medios tradicionales...

CE: Las redes, tanto Whatsapp e Instagram están siendo relevantes en hacer circular la información y en darle intensidades dialógicas, humorísticas (memes) y noticiosas al momento político, es un espacio político virtual que ha estado permanente, no ha parado, eso me ha impresionado. Se fusiona con las calles y se activa desde las pantallas a la calle y viceversa. 


 
PS: ¿Creés que existe una injerencia externa directa (llámese Venezuela) en el levantamiento contra el Gobierno de Piñeira? 

CE: La tesis está ganando fuerza en un sector de la derecha y lo que se espera es que si lo que se mencionó como Guerra era aquello, se entreguen las pruebas del caso para disipar las dudas que las fake news pueden estar generando en la ciudadanía.
   

PS: ¿Lo ves como una crisis regional de un modelo o una situación particular de Chile? 

CE: Es una crisis de la realidad chilena pero en un contexto regional y global.
 

 

(*)  Tiene Magíster y Doctorado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación, ambos por la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Es académico del Foro de Altos Estudios Sociales de Valparaíso y profesor de Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; y autor del libro Populismo y Comunicación editado en Barcelona (2013) por la UOCPress.

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