martes 25 de febrero de 2020 - Edición Nº447

Análisis | 17 ene 2020

invisibilización

Las mujeres en el proceso de la Independencia

La historiadora Berta Wexler, miembro de la Junta de estudios Históricos de Santa Fe y colaboradora del Instituto de Estudios Nacionales, investigó acerca del aporte de la mujer en el proceso de independización de América Latina. "La mirada masculina ha prevalecido en el relato histórico, sometiendo al olvido, a la vituperación y al desprecio social a muchas mujeres que contribuyeron al proceso de cimentación de las naciones americanas", afirmó.


Por:
Berta Wexler

Afirmamos que en América Latina nuestra rebelión y resistencia a la colonización se inició en 1492”

 

Con esta afirmación se iniciaba la Declaración de Lima “Mujer e Independencia” en su párrafo inicial, después de las deliberaciones del Primer Congreso Internacional Las Mujeres en los Procesos de Independencia de América Latina que se realizó entre el 21 y 23 de agosto de 2013, y se hizo necesario para renovar las miradas del pasado independentista.

 

Los sueños y las esperanzas las tejieron entre todos los latinoamericanos, que construyeron la historia de la emancipación, pero fueron ellas las que impusieron la defensa del territorio desde el primer momento en que el español pisó el continente.

 

María Bartola fue la primera mujer que dominaba la lengua de sus mayores y el castellano cuando dejó sus escritos. Contemporánea de las últimas luchas de los incas contra los conquistadores, murió sin que quedaran mayores datos. Testimonios de esta mexicana, en un manuscrito, muestran que la resistencia comenzó pronto y estuvo encabezada tanto por hombres y mujeres: “La guerra ya se había declarado. El español ya pisaba nuestro suelo y fuimos nosotras las mujeres las que abandonamos todo (la casa, los hijos, el cultivo) para hacerle frente. Las mujeres madres, esposas, hijas, sirvientes y reinas de Tenochtitlan, Texcoco, Tlacopán, Cuautitlan, todas peleamos desgarradas contra la insaciable sed de oro del conquistador”

 

En una pretendida revisión de los discursos hegemónicos que condenan a la invisibilidad del rol de la mujer en estas luchas, creemos que es preciso dar paso a nuevos relatos que reivindiquen su participación, que en lucha mancomunada con los hombres consiguieron torcer el curso de los acontecimientos del proceso de dominación española en el continente americano.

 

La mirada masculina ha prevalecido en el relato histórico, sometiendo al olvido, a la vituperación y al desprecio social a muchas mujeres que contribuyeron al proceso de cimentación de las naciones americanas.

 

Este año se celebran los 200 años de la Independencia en nuestro país, en el relato de esta gesta, las mujeres aparecen portando determinadas cualidades que las ubican en la Historia Iberoamericana al lado de grandes hombres y se constituyen en ejemplos de lucha denodada en pos de una causa.

 

En los comienzos de la colonia

 

En las últimas décadas se han realizado numerosos estudios historiográficos sobre las mujeres sin embargo la impronta de invisibilización de su accionar en la historia continúa dado el carácter tan fuerte del patriarcado impuesto por las sociedades europeas modernas como lo era la española de aquél entonces y la burocracia instalada en América que explotaban a los sectores más débiles de la sociedad, según lo afirma Spiguel: “Fueron tres largos siglos de dominio colonial, fueron también tres largos siglos de lucha anticolonial, pues todos los conflictos y lucha de las poblaciones sometidas por los virreyes, por los corregidores, por el poder militar, por los terrateniente, etcétera, inevitablemente adquirían un carácter anticolonial .

 

Ejemplo de esto fueron las mujeres calchaquíes que en 1562 en el Río de la Plata que cortaron el agua a los pobladores del fuerte y se arrojaron luego con sus niños al vacío antes que someterse: …”una noche determinaron el riesgo de salirse huyendo llevando consigo a sus hijos y mujeres y siguiéndolos los indios y mataron quince españolas y de treinta y uno que eran y tres mujeres españolas y muchos indios criados suyos y indias y mestizos prendieron y mataron y algunos por no detener dejaban caer sus hijos de los caballos que fue la mayor lástima del mundo”… (Transcripción al español actual).

 

De las numerosas insurrecciones a lo largo de la América del Sur y en distintas regiones del norte argentino se destaca a finales del SXVIII la gran rebelión indígena de Túpac Amaru, Micaela Bastidas, Túpac Catari, Bartolina Sisa entre otras, a lo largo de la zona andina.

 

Las voces rebeldes surgieron por el sistema de explotación, tributo, mita, obrajes y repartimientos que incluyó el trabajo forzado de los hombres casi siempre en las minas y el sometimiento de las mujeres.

 

Los líderes de las protestas a partir de 1780, fueron muertos por los españoles junto a las mujeres que ocuparon lugares importantes en las rebeliones como las de Túpac Amaru en el Valle de Tinta en el Perú. Micaela Bastidas fue la mujer de José Gabriel Condorcanqui, líder del movimiento y fue ella quien comandó la retaguardia del ejército de indígenas. Las diecinueve cartas a su esposo demuestran su participación en la insurrección y la desavenencia sobre la marcha al Cuzco que ella alentaba porque creía que el pueblo iba a acompañar. Luego de marchas y enfrentamientos con los españoles que dieron batalla finalmente apresaron al líder y todo el resto de la familia cuando intentaba huir. Sara Beatriz Guardia presenta los informes de las autoridades donde aparecen presas para luego ser ejecutadas Micaela de 36 años, Cecilia Túpac Amaru, Tomasa Tito Condemayta, Úrsula Pereda, Isabel Coya, Francisca Aguirre, Marcela Castro. José Antonio Areche la condenó a Micaela Bastidas a la pena de muerte: “Todos sus bienes, embargados, sus casas arrasadas a vista de todo el pueblo, donde existieran (3).

 

La sentencia fue para tratar de terminar con toda la cultura andina representada en Túpac Amaru, desde el idioma prohibido hasta la vestimenta e instrumentos musicales (4). A Micaela antes de matarla le cortaron la lengua: “y se le dio garrote, en que padeció infinito; porque teniendo el cuello muy delgado no podía el torno ahogarla, y fue menester que los verdugos (…) dándoles patadas en el estómago y pechos la acabasen de matar.

 

Sara Beatriz Guardia describe los ajusticiamientos, y la versión del escribano José Palacios. El cuerpo de Micaela Bastidas fue descuartizado en 1781: “…su cabeza se puso en Callanca, entrada común de la Ciudad y principio del cerro de Picchio, un brazo se destinó a Tungasuca, otro a Arequipa, y una de las piernas a Carabaya, y lo restante del cuerpo se condujo al propio Cerro de Picchio. Y ahí se quemó en la hoguera dispuesta para el efecto, juntamente con el de su marido, según lo manda en la citada sentencia, de cuya ejecución ha sido presente. 

 

La versión de un testigo sobre Cecilia Túpac Amaru, prima de Túpac Amaru indica que el mismo día en que ajusticiaron a su esposo la sacaron montada en un burro azotándola por las calles: “El 30 de junio de 1781 la condenaron a 10 años de destierro en el convento de las recogidas de la ciudad de México, pero antes debía recibir semidesnuda doscientos azotes por las calles. …Antes de partir al destierro, su hermano Diego Túpac Amaru pidió clemencia por ella. El Obispo de Cuzco, Antonio Valdez aceptó el 3 de enero de 1782 señalando que se trataba del primer indulto que se otorgaba. Pero nunca hubo intención de indultarla. Murió en la cárcel a causa de los maltratos el 19 de marzo de 1783, antes ser desterrada.

 

Entre agosto de 1780 y 1781 continuó la rebelión hacia el Sur en el territorio del Alto Perú, con los hermanos Catari. Tomás buscó justicia para su pueblo. Muchas veces fue encarcelado. En 1778 viajó a pie a Buenos Aires, junto a Tomás Acho, pasando hambre, frío y cansancio. A su regreso se dio cuenta que sus pedidos no habían sido cumplidos. En 1780 las autoridades españolas dieron muerte a su compañero de viaje y comenzó entonces un gran enfrentamiento. En este accionar también lo matan.

 

Túpac Catari actuó junto a su esposa Bartolina Nina Sisa, quien administró los víveres para el cerco de La Paz y Sorata La nominaron “la Virreina”, porque en ausencia de los jefes,  ella podía ocupar sus mandos. Algunos partidarios de los españoles con artimañas consiguieron cercarla y la detuvieron cuatro meses antes que su marido. Estuvo presa un año, y después fue sentenciada a la horca por el oidor Diez de Medina el 5 de septiembre de 1782 (8): “La condujeron a la Plaza Mayor de La Paz, atada a la cola de un caballo, paseada por las calles portando un palo a modo de cetro y con corona de espinas recibiendo azotes antes de su ejecución. Después su cuerpo fue descuartizado, amputándole las manos y cabeza, que fueron llevados a los pueblos de Achacachi y Sarata para que sirviera de escarmiento… Días después su cadáver fue quemado y esparcidas sus cenizas.(9)

 

Otras mujeres como Gregoria Apaza y Marcela Castro familiares de los conspiradores fueron condenadas al destierro, al igual que Ventura Monjarrás que murió de sed en la cárcel. Manuela Tito Condorí fue condenada al destierro y Margarita Condorí ejecutada. Teresa Quispe también fue muerta por tortura y la cacica de Yanaoca, Tinta, Catalina Salas fue torturada.

 

La rebelión popular

 

Algunos indígenas delataron a sus hermanos, pero estas traiciones no amedrentaron al conjunto de hombres y mujeres que ya no soportaban el yugo extranjero. El descontento en todo el Sur de América se hacía sentir y a medida que pasaban los años cada vez se registraban mayores conspiraciones contra el poder español. En el Virreinato del Río del Plata comenzaron las revoluciones como las de Chuquisaca y La Paz en 1809 y seguirán durante todo el período hasta que en 1816 se firma la independencia en Tucumán.

 

Como un antecedente inmediato debemos señalar las heroicas jornadas contra los británicos cuando Inglaterra lanzó dos invasiones militares en nuestro territorio en 1806 y 1807. Eduardo Azcuy Ameghino señala que uno de los resultados decisivos: “del triunfo sobre los invasores fue que gran parte de las armas pasaron a poder de los sectores criollos ante la defección e insuficiencia del aparato de dominio español para sostener la defensa de sus posiciones. Armas y confianza en sus propias fuerzas tras la heroica resistencia, son los dos elementos con que con que los futuros revolucionarios impondrán la decisión de libertad años más tarde (10).

 

Cabe agregar en este aspecto que las mujeres colaboraron en la resistencia a las invasiones inglesas, utilizando todo tipo de estrategias con los enemigos para conseguir las armas. Dos de ellas llegaron a obtener grados en el ejército por actos de arrojo muy importantes, sin dejar de destacar al conjunto que actuó en tareas de hostigamiento desde las ventanas y techos con piedras, agua caliente y todo tipo de objetos que encontraran a su paso.

 

Se conocen los casos de Martina Céspedes que fue nombrada Sargento Mayor por haber reducido y desarmado junto a sus tres hijas, a 12 soldados ingleses, con una bebida alcohólica que les proporcionaron. Liniers por esta acción le otorgó uniforme con sueldo y  la “tucumana” Manuela Pedraza, el de Alferez. Esta última por haber peleado con su marido. Cuando este cayó, tomó el arma para continuar la lucha. 

 

El Jefe de la rebelión popular que encabezó la Reconquista señalaba en un oficio que: “no debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo de asamblea, llamada Manuela la tucumanesa (por la tierra de nacimiento), que combatiendo al lado de su marido con sublime entereza, mató a un soldado inglés del que me presentó su fusil.” 

 

En 1807 en la Defensa de la ciudad, como Doña Águeda Tejerina de Posse, de Tucumán, se movilizó para que sus comprovincianas la apoyaran y emitió una proclama según consta en los Archivos Provinciales: “Tucumanas: llegó el tiempo en que es preciso manifestar los sentimientos de patriotismo, vasallaje y honor que también nos animan... Tucumanas nuestro sexo jamás puede reputarse de menor condición en esta parte, y así es preciso que expliquéis nuestros sentimientos suscribiéndolos a continuación por las sumas que queráis oblar, que yo me suscribo por la de cincuenta pesos. Marzo 10 de 1807 (13)”.

 

Personalmente Tejerina hizo la colecta y con lo recaudado se enviaron 1600 soldados a Buenos Aires para luchar contra los invasores como aporte tucumano.

 

Cuadra Centeno y Mazzoni aportan datos sobre la gran participación de los esclavos negros en la Reconquista y Defensa de Buenos Aires. Y tenemos el caso de mujeres afro registradas en los decretos del 7 de octubre de 1807. Allí se establecía entre otras cosas, una recompensa de veinticinco pesos a las esclavas viudas de los fallecidos en combate, a los huérfanos y negros libres . María Remedios del Valle, afrodescendiente, actuó durante la segunda invasión inglesa, auxiliando al Tercio de Andaluces, uno de los cuerpos milicianos que defendieron con éxito la ciudad.

 

La participación de los esclavos en la reconquista y defensa de Buenos Aires fue numerosa según las investigaciones de Cuadra Centeno y Mazzoni no se puede dilucidar si su enrolamiento se debió a una acción espontánea, como el caso de los vecinos criollos y españoles de la ciudad, o si se trató de una colaboración de sus dueños a la causa. Estos autores se inclinan por esta segunda hipótesis. Los datos obtenidos en el Archivo General de la Nación muestran que los esclavos están en las listas de las milicias con los apellidos de sus amos .

 

Las mujeres y hombres indígenas colaboraron empuñando las armas. Varias tribus se ofrecieron para integrar las milicias. Y colaboraron en la Defensa de la ciudad.

 

Fue una lucha popular ganada con valor e ingenio de todos los sectores de la sociedad, mujeres, hombres y chicos sin distinción de edades, al decir de Vicente Fidel López: “el pueblo en masa se desbordó por allí rodando cañones y trepándose a todas las azoteas y tejados”.

 

El camino de la revolución

 

En las investigaciones sobre el inicio la revolución de mayo de 1809, en Chuquisaca Estanislao Just Lleó plantea que cada vez el número de los que anhelan la independencia será mayor y asegura que se cumplía lo que había dicho en agosto de ese año, el síndico procurador de Potosí: “seductor hace cinco, los cinco veinte, los veinte ciento, y de este modo tal vez el contagio llegará a ser universal (18)”.

 

También en la revolución de mayo de Buenos Aires “el contagio llegará a ser universal” ya que algunos de los testimonios muestran que la resistencia comenzó pronto y estuvo encabezada tanto por hombres como por mujeres.

 

Las pinturas de la época son muy elocuentes. Por ejemplo, la reproducción de la “Legión de los infernales” encabezada por Domingo French y Antonio Luis Beruti que con armas en la mano impedía que entren a las deliberaciones los partidarios españoles. Los habitantes de Buenos Aires reclamaron Cabildo Abierto, la rápida destitución del Virrey los días 21 y 22 de mayo y las mujeres se visualizan acompañando el reclamo en la plaza de la Victoria.

 

Al comenzar la lucha luego de la revolución de Mayo de 1810, las mujeres del pueblo, casi todas anónimas, comenzaron a participar en la forma que les fue posible actuar, algunas entregaban sus hijos y otras cosían indumentarias, cocinaban, eran enfermeras para el ejército y ayudaban en la preparación de reuniones, tenían misiones secretas, o hacían de espías. Sus acciones estuvieron generalmente fuera de las unidades del ejército: “…todas por igual, ricas y pobres, blancas y negras darían pruebas constantes de su capacidad para la iniciativa, la acción y el sacrificio.

 

Para la Batalla de Suipacha, primera victoria de las fuerzas patriotas en el norte, Doña Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña “…contribuyó con el haber de dos hombres a la expedición”.

 

Doña Francisca Silveira de Ibarrola, “cien pesos para los gastos de la expedición al exterior y el único hijo que tiene”, doña Bernardina Chavarría de Viamonte, “cincuenta pesos fuertes para las campañas militares”, la Parda Basilia Agüero lo hizo “con dos reales” y Juana Pavón “dos pesos fuertes”.

 

Ante el llamamiento que hizo el nuevo gobierno el 7 de junio a través de la Gaceta, de las esposas más acomodadas, señoras de los criollos hicieron donativos de dinero y quisieron quedar reconocidas con sus nombres grabados en cada fusil: “yo arme el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad.”

 

Ellas fueron: Tomasa de Quintana, Remedios de Escalada, Nieves de Escalada, María de la Quintana, María Eugenia de Escalada, Ramona Esquivel y Aldao, María S. de Thompson, Petrona Cárdenas, Rufina de Orma, Isabel Calvimontes de Agrelo, María de E. Andonaegui, Magdalena Castro, Angela Castelli de Igarzábal, Carmen Quintanilla de Alvear. Muchas de estas damas de la sociedad porteña ofrecieron tertulias como “Mariquita” Sánchez en cuyos salones se cantó el Himno Nacional completo. Del que luego, durante el roquismo, fueran mutiladas las partes que reflejan la lucha anticolonial.

 

El gobierno instaurado en Buenos Aires tuvo dos sectores enfrentados en sus posiciones respecto al cauce que debía tener la insurrección contra los españoles. Los sectores más conservadores de la Junta de Mayo encabezado por Cornelio Saavedra, enviaron a Mariano Moreno en misión a Inglaterra, para despejar el camino más revolucionario. Se destacan las descripciones políticas hechas durante ese período en las cartas que Guadalupe Cuenca escribiera a su esposo y que nunca le llegaran. Una de ellas del 14 de marzo de 1811 le señala: “Todos los días nos asustan con Elío (el virrey), dicen que viene a bombear; en la otra banda se han levantado contra los de Montevideo, salió ahora días (José) Moldes con seiscientos hombres a la otra banda, Vieytes ha salido a comisión no se sabe dónde. Bustamante estuvo a verme y todos tus amigos a ofrecérseme”….Dios te dé muchos años de vida y salud para el consuelo, amparo y bien de ésta, tu desconsolada esposa”.

 

Otra carta del 20 de abril es más contundente en la descripción de la situación política frente a los sucesos que destituyeron al sector morenista de la Junta: “Estas cosas que acaban de suceder con los vocales, me es un puñal en el corazón, porque veo que cada día se asegura más Saavedra en el mando, y tu partido se tira a cortar de raíz (...) los han desterrado, a Mendoza, a Azcuénaga y Posadas; Larrea, a San Juan; Peña, a la punta de San Luis; Vieytes, a la misma; French, Beruti, Donado, el Dr. Vieytes y Cardoso, a Patagones; hoy te mando el manifiesto para que veas cómo mienten estos infames; Agrelo es el editor de “Gacetas” con dos mil pesos de renta, por si acaso no has recibido carta en que te prevengo que no le escribas a este vil porque anda hablando pestes de vos y adulando a Saavedra; su mujer no me ha pagado la visita que le hice, en fin, se ha declarado enemigo nuestro y ha jurado que no volverás a beber el agua del Río de la Plata. (...) Del pobre Castelli hablan incendios, que ha robado, que es borracho, que hace injusticias, no saben cómo acriminarlo.

 

El rumbo revolucionario de mayo inspirado por Mariano Moreno había cambiado con su separación como Secretario de la Primera Junta, su destino en misión a Inglaterra y posterior muerte por envenenamiento en el barco que lo conducía. Su mujer que no conocía aún sobre su deceso tenía plena conciencia y actuaba políticamente informando a su esposo que nunca se enteró de la situación porque ya lo habían hecho desaparecer arrojando su cuerpo al mar. A pesar de tener tanta claridad política, Guadalupe Cuenca es prácticamente desconocida en la historia argentina y sus cartas son consideradas como “cartas de amor”.

 

En el Río de la Plata el carácter fundamental de la guerra fue de ejércitos regulares: criollo versus realista, este carácter y la realización de las campañas de San Martín fuera del territorio limitó el protagonismo masivo del pueblo, particularmente de sus mujeres y pueblos originarios. Lo conocido siempre fueron las mujeres que donaron sus alhajas por pedido expreso de San Martín y las bordadoras de la bandera. Aunque bien puede suponerse que muchas donaciones fueron para salvarse de las confiscaciones de fincas, tropas o materiales de los comercios.

 

Pascuala Meneses tuvo que vestirse con ropas de varón, y desfigurar su nombre para  incorporarse al ejército como voluntario. En la columna del Gral. Las Heras fue descubierta, la despojaron del uniforme y la regresaron a Mendoza porque San Martín no quería mujeres en sus filas, aunque al terminar su campaña debió reconocer que sin su apoyo la revolución hubiera tardado más tiempo.

 

En el proceso de la independencia y las mujeres

 

Las autoridades criollas del gobierno de Buenos Aires debieron asegurarse su continuidad frente a nuevas invasiones ya que los españoles amenazaban desde el Norte, para lo cual implementaron expediciones Auxiliadoras hacia el Alto Perú.

 

Hay registro y conocimiento de que la guerra en esos lugares se hizo con la participación masiva del pueblo. Con hazañas como “el éxodo jujeño”. Lo que permitió y exigió un papel mucho mayor de las mujeres. Así lo expresa el Coronel del Ejército Argentino Emilio Bidondo: “…el pueblo entero se levantaba en armas para conquistar su libertad. Pese a os contrastes ulteriores –algunos de magnitud- para nosotros este es el primer triunfo de la

revolución: la aceptación de la idea por los pueblos”.

 

La historiografía en general cuando se refiere a las batallas del ejército de Norte toma como ejemplo de acción femenina, a las famosas “Niñas de Ayohuma”. 

 

Hace referencia al momento de la gran derrota de los patriotas en 1813 en Alto Perú, cuando una mujer, con sus hijas, curaba los heridos. La famosa María; nombrada por Manuel Belgrano “Capitana”, María Remedios del Valle, era negra. Sin embargo al producirse la revolución del 25 de mayo de 1810 y organizarse la primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú, ella se incorporó a la marcha acompañando a su marido y a sus dos hijos, quienes no sobrevivirían a la campaña.

 

En 1812, enterada de que Belgrano se aprestaba a dar la batalla de Tucumán, se presentó en la víspera y le rogó que le permitiese participar para asistir a los heridos; y aunque el general se negó, María Remedios se las ingenió para pasar al frente y asistir a la tropa, que resultó victoriosa. Luego participó en la Batalla de Salta.

 

Los soldados comenzaron a llamarla “Madre de la Patria” y tras la victoria, en mérito a su valor, Belgrano la nombró capitana. Luego sobrevinieron las dos importantes derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, donde María Remedios fue herida y tomada prisionera. Sin embargo aún en tal escenario ayudó a escapar a varios oficiales patriotas, lo que enfureció a los realistas.

 

La feroz reprimenda no se hizo esperar: fue sometida a nueve días de azotes públicos que le dejaron cicatrices imborrables; pero logró escapar y reintegrarse a las fuerzas de Miguel de Güemes y Juan Álvarez de Arenales, con las que continuó batallando y asistiendo a los heridos hasta el final de la guerra”.

 

Años después viajó a Buenos Aires y Juan José Viamonte la encontró deambulando por las calles de la ciudad, anciana y mendiga. Al pasar a su lado, le preguntó su nombre. Sorprendido exclamó: “Esta es “La Capitana”, “La Madre de la Patria”, la misma que nos acompañó al Alto Perú. Se trata de una verdadera heroína”.

 

A pesar de que esta anciana había golpeado a la puerta de su casa pidiendo verlo, y sistemáticamente fue despedida por los criados. Viamonte, logró que la sala aprobara el siguiente proyecto de decreto: “Por ahora y desde esta fecha la suplicante gozará del sueldo de Capitán de Infantería, y devuélvase el expediente para que ocurriendo al P. E. tenga esta resolución su debido cumplimiento”.

 

Pero la presidencia de la sala pospuso la consideración del proyecto a la de otros asuntos que parecían más urgentes. Recién en 1828, el General consiguió que se llevara el proyecto a la consideración de la Legislatura. La Sala de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, expresó que no tenía facultad para otorgar recompensas por servicios prestados a la la Nación. Tanto se demoró el trámite que murió antes de cobrar su pensión.

 

El carácter más popular y generalizado de las tropas de los ejércitos del norte encontró mujeres en todos los rangos sociales; desde las más adineradas hasta las negras esclavas como Juana Moro de López; Celedonia Pacheco y Melo; Magdalena Güemes; María Sanchez Loreto Peón; Juana Torino, María Petrona Arias apodada la China, Andrea Zenarrusa, Martina Silva de Gurruchaga; entre otras. Tanto Adolfo Carranza como Bernardo Frías junto a historiadores de la provincia de Salta han aportado muchos registros de estas mujeres que se encargaron muchas veces de mezclarse en las fiestas de los españoles para hacerlos desistir de la pelea y pasarlos de bando, de sacarles información, hacer de espías, vender comestibles a los soldados para contar el numero de la tropa enemiga.

 

La Batalla de Salta en 1813 “que afianzó la situación militar y política de la revolución” tuvo como una de sus protagonistas desde sus vísperas, por ejemplo a Martina Silva Gurruchaga casada desde 1810 con don José de Gurruchaga, patriota de la independencia y ministro de la Real Hacienda de Salta.

 

Ella dio hospedaje a Belgrano en su finca de “Los Cerrillos” a pocas leguas de la ciudad de Salta. Participó con entusiasmo, costeó, preparó tropas y desplegó mucha energía frente al enemigo. Bordó y obsequió al ejército una bandera celeste y blanca en vísperas de la batalla. Hizo su aparición sobre las Lomas de Medeiros, causando pánico entre los realistas, lo que hizo que el General Belgrano, le diera el título honorario de “Capitana del Ejército” quien le obsequió un tapado de seda en el que estaba bordada la leyenda “A la benemérita patriota, capitana del Ejército, doña Martina Silva de Gurruchaga” (27) y dirigiéndose a ella, le expresó: “…Señora, si en todos los corazones americanos existe la misma decisión que en el vuestro, el triunfo de la causa por la que luchamos será fácil”…

 

Juana Moro desplegó ingeniosas dotes de conquistadora de realistas, junto a otras damas cuando se propusieron seducirlos para que se cambiaran de filas. Así logró que el Marquéz de Yavi, jefe de la caballería española abandonaran sus filas antes de producirse la batalla: “En 1814, tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma el Virrey del Perú don Joaquín de la Pezuela, invadió Salta y tomó prisionera a Juana para darle un escarmiento ejemplar: la hizo encerrar en una habitación de su casa y ordenó cerrar todas las aberturas de la misma; de ahí el mote de “la emparedada” con que se la conoce. Un grupo de vecinos se compadecieron de Juana y horadaron la pared, salvándola de morir de hambre y sed. Posteriormente realizó otras arriesgadas acciones, como la de ir a buscar al general Juan Antonio Álvarez de Arenales para conocer la posición de su ejército. Para esto se disfrazó de colla y se lanzó por valles y quebradas”.

 

En el siglo XX , se escribió “La Juana Moro”, famosa zamba de Chanqui Chazarreta y Víctor Abel Gímenez que ha dejado grabada en la memoria de todos los salteños estas estrofas: ... Cuando fue sometida la tierra gaucha llevaba los mensajes al paisanaje en batalla. Llegando al río Arias desde Quebrada del Toro con un parte guerrero la sorprendieron los godos pero guardó el secreto a los nuestros, la Juana Moro. ... Fue mujer y fue leona entre todas, la Juana Moro.

 

Según Vitry ella murió recién en 1874 y el 9 de julio de 1853 junto a un grupo de damas salteñas indignadas se dirigieron al gobierno: “lamentando la postergación a que se relega al sexo femenino al no permitírseles jurar la Constitución Nacional“.

 

Magdalena Güemes prestó un apoyo incondicional a su hermano Martín cuando debió prepararse para defender toda la frontera norte. Prestó su casa para la confección de uniformes de soldados y colaboró en todos los momentos cruciales de la guerra gaucha en vida y luego de la muerte de Martín Güemes.

 

María Gertrudis Medeiros Martínez, por ser la mujer del patriota Juan José Fernández Cornejo fue perseguida, saqueada y encarcelada a la muerte de su marido en 1811 hasta que se produjo la batalla de Salta. Belgrano le otorgó la libertad. Luego en 1814 fue otra vez  prisionera, amarrada a un algarrobo del que logró escapar antes que la destierren a Potosí. Pasaba informaciones al ejército local y al que también aportó víveres y animales.

 

María Loreto Sánchez Peón, también casada con un patriota, como vendedora de pan entraba a los cuarteles de Jujuy a la hora de pasar lista, y se enteraba de la cantidad de soldados realistas que había para informar a los patriotas. Fue llamada “el correo de la guerra gaucha” porque en el hueco de un algarrobo dejaba los datos recogidos cuando iba a lavar al río. Datos que retiraban los soldados. Fue herida de gravedad en la Batalla de Tucumán.

 

Pedro Grenón que ampliando el tema afirma: “…La historia salteña enaltece a Magdalena Guemes de Tejada, la que con su tacto y fina diplomacia evitó un choque sangriento entre las fuerzas de Rondeau y las bravas huestes gauchescas y a Martina Silva Guruchaga, nombrada por Belgrano con el título de “capitana del ejército”, cuando sólo contaba 23 años Y a Juana Moro de López, la valiente que cruzó valles y desfiladeros para poner a los patriotas en comunicación con Güemes, y a Toribia La Linda, y a Gertrudis Madeiro de Cornejo, y a las señoritas de Toledo, que en 1815 armaron a los indios de Concepción para resistir el avance realista; pero al lado de ellas corresponde recordar a tantas mujeres modestas que, como la santiagueña que sólo pudo ofrecer un cuero de cabrito llevaron su generosidad hasta el heroísmo”.

 

También la altoperuana Juana Azurduy, Teniente Coronel del Ejército de los Decididos del Alto Perú, con el título otorgado en 1816 por el Director Supremo del Río de la Plata, actuó unos pocos años con el caudillo Martín Güemes, después de la muerte trágica a manos de los realistas, de su marido Manuel Asencio Padilla en el Villar y la del propio líder de los gauchos en Salta. Esta valiente y decidida mujer, desplegó sus conocimientos militares en

una amplia región de Chuquisaca, en las famosas “republiquetas”, “guerra de guerrillas”, “montoneras” o “guerra de los partidarios”, como titularon varios autores. Formó un ejército de mujeres llamado amazonas, obtuvo en combate una bandera del ejército español, lo que le valió el obsequio de la espada del General Manuel Belgrano. Participó en 16 batallas logrando decapitar a varios de los enemigos.

 

Hasta el momento, poco se conoce de su actuación concreta en Salta, salvo las solicitudes que escribe a Buenos Aires por obtener los justos reconocimientos de la actuación de ella y su marido en la guerra contra el español, para su sustento personal y poder regresar a su patria. Fue declarada Heroína de las Américas, Guerrillera por las autoridades patriotas y por el Libertador General Simón Bolívar en 1825 (34). En 1962 fueron reconocidos sus méritos “pos Morten” y declarada Generala de la Fuerzas Armadas de Bolivia , decreto refrendado en 1980 año del bicentenario de su nacimiento y recientemente hizo lo propio nuestro gobierno al nombrarla Generala del Ejército Argentino, con el Decreto 862 en el año 2009. El Estado Plurinacional de Bolivia en el año 2011 la declaró con el grado máximo del Ejército de “Mariscala, Post Morten”.

 

También en el Alto Perú, perteneciente a las Provincias Unidas del Río de la Plata se destacaron numerosos grupos de mujeres a lo largo del período que va de 1809 a 1825 ya que la guerra en ese lugar fue de carácter popular. Vicenta Juaristi Eguino participó en la Revolución de La Paz en 1809, fue perseguida y condenada a muerte por los españoles en 1816, pena que se le conmutó por el destierro perpetuo y una multa de 10.000 pesos. Utilizó la fortuna heredada de su padre para la causa de la independencia. Manuela Eras y Gardanillas, asaltó el cuartel de veteranos y tomo parte en el Combate del Cerro San Sebastián en Cochabamba (levantamiento de las Heroínas de la Coronilla), el 27 de mayo de 1812 donde el jefe realista Goyeneche mandó a matar a 30 mujeres. Se le atribuye la frase: “Si no hay hombres, aquí estamos nosotras para afrontarnos al enemigo y morir por la patria”.

 

A modo de conclusión

 

No tenemos registros de mujeres en el propio acto de la declaración de la independencia. Sabemos que los representantes que participaron fueron hombres, pero hemos reflejado a las mujeres del proceso independentista que culmina con la declaración el 9 de julio de 1816 en Tucumán. Ese Congreso del que participaron sólo Buenos Aires y las provincias del centro y norte ya que los diputados de la Banda Oriental, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones estuvieron ausentes, habían resuelto con Artigas no participar. El Congreso de los Pueblos Libres en 1815 así lo había dispuesto por la actitud del Directorio porteño de preferir la invasión portuguesa a defender la Banda Oriental.

 

Se ha ocultado la participación de las mujeres en la historiografía de toda América Latina y en todo caso se las ha señalado en roles muy secundarios porque sólo aparecen los próceres de bronce en los libros y en las estatuas que los celebran. Hemos tratado de recordar sin embargo a las mujeres comunes del pueblo, las que ayudaron a generales como Belgrano, Güemes y San Martín, algunas criollas que junto a mestizas, indígenas, y afro descendientes han aportado al proceso independentista. Proceso que aún queda por resolver en nuestro país ya que es necesario lograr la segunda independencia. Para que seamos una nación libre e independiente del “Rey Fernando Séptimo, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera”, como lo expresara el Acta del 9 de julio de 1816.

 

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