sábado 08 de agosto de 2020 - Edición Nº612

Análisis | 4 abr 2020

Posiciones contrapuestas

La (in)necesaria asistencia argentina a los kelpers

A través de la Secretaría de Malvinas, el Gobierno nacional se ofreció a colaborar con los habitantes de las Islas a raíz de la pandemia de coronavirus. La decisión despertó posiciones contrapuestas. La voz de la provincia de Tierra del Fuego y de los especialistas.


Por:
Laura Funes

Hace apenas unas horas se conmemoró el 38º aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas. De manera unánime y sin distinción partidaria, las redes sociales se colmaron de mensajes de apoyo a los héroes que combatieron y defendieron con su cuerpo la soberanía argentina.

 

Sin embargo, una reciente maniobra del Gobierno nacional frente a los isleños no despertó el mismo consenso. Se trata de la decisión de ofrecer asistencia a los habitantes de Malvinas a raíz de la pandemia.  

 

Según anunció la Cancillería argentina en un comunicado, el secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Daniel Filmus, se puso en contacto con el embajador del Reino Unido en Buenos Aires, Mark Kent, para transmitirle la disposición de la República Argentina a "colaborar con los habitantes a través del envío de alimentos frescos, insumos médicos o test para detectar el virus causante del Covid-19".

 

También le ofreció "disponer los medios para realizar vuelos humanitarios que sean necesarios y lugares de atención en centros médicos del territorio continental argentino".

 

Por supuesto, y como era de esperarse, la respuesta del gobierno ilegítimo de las Islas fue rechazar el ofrecimiento al argumentar que “cuando haya problemas que requieran apoyo adicional, trabajaremos con el gobierno del Reino Unido".

 

En diálogo con Pal’Sur, el Secretario de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales del Gobierno de la Provincia de Tierra del Fuego, Andrés Dachary, respaldó la posición del Gobierno nacional ya que se trató de una “acción de jurisdicción”.

 

“Siempre tuvimos una política en la cual entendemos, no como una excepcionabilidad ante la situación, sino que todos los fueguinos que habitan Malvinas gozan del mismo derecho que cualquier otro fueguino, y acceder a cualquier tipo de política pública. Es decir, esta situación de pandemia no crea un status excepcional, cualquier malvinense se hace benefactor de una política que tiene que ver con educación, cultura, desarrollo humano, atención sanitaria, siempre lo ha tenido disponible, esto no genera una situación especial”, añadió el funcionario.

 

“Ese ofrecimiento está fuera de toda lógica”

 

Para los especialistas en la Cuestión Malvinas, la postura del Gobierno nacional fue errada. ¿Por qué? Porque “ese ofrecimiento no deja de mostrar una recurrente política de seducción. Me hago el ‘buenudo’, ofrezco cosas a los isleños y creo que con eso obtengo algo”, dijo a este medio Guillermo Rossi, ex ministro y embajador.

 

“Les quiero decir que el resultado que tuvo, la respuesta que dio el ilegitimo gobierno de las islas, era absolutamente esperable. Lo podrá haber escrito yo 10 minutos después de haber leído el comunicado argentino. La única desventaja que tienen los británicos es la previsibilidad. No cambian, ni siquiera tienen capacidad de sorpresa”, consideró el diplomático.

 

Y añadió: “Puedo aceptar que se haga una declaración similar en caso de que ellos pidan la asistencia bajo determinadas circunstancias concretas, reales y de verdadera necesidad. Hacer un ofrecimiento, fuera de contexto, sin que nadie se lo pida, y contradiciendo la lógica, quien se ocupa de ellos es el Gobierno británico, no nosotros. En la vida real, quien manda ahí, a pesar de no estar reconocido, es el Reino Unido. Ese ofrecimiento está fuera de toda lógica. Deberían saber cuál va a ser la oferta de los isleños. Desde el 15 de junio de 1982 su política fue excluir a la Argentina desde el área ilegítimamente ocupada”.

 

Rossi cuenta con una extensa trayectoria en la Cuestión Malvinas, con la que, concretamente, tuvo dos experiencias. La primera, entre 1982 y 1983, cuando fue funcionario del Gabinete de crisis durante la guerra, a la que, recuerda, la Cancillería la denominó oficialmente “Conflicto en el Atlántico Sur”. Después, siguió trabajando un año más para obtener la primera resolución de la ONU (37/9) que reconoció que la Guerra de las Malvinas no alteró la vigencia ni la naturaleza de la disputa de soberanía de las islas entre la Argentina y el Reino Unido.

 

“Contrariamente a lo que la gente cree, o algunos intentan imponer, la mera victoria militar no le da solución jurídica a una disputa, no se perfecciona hasta que se firma algún tratado de paz o acuerdo”, señaló Rossi.

 

La segunda experiencia del ex ministro ocurrió durante 15 años como negociador con los británicos. “Desde esa experiencia es que hablo”, apuntó, para añadir que “el grave problema con la cuestión Malvinas, sin distinción partidaria, que tenemos desde hace 38 años, tiene que ver con que no ha habido hasta ahora una política permanente y coherente con respecto al tema. Cada 10 u 8 años, cambiamos de política y eso contrasta notablemente con la absoluta coherencia y permanencia con las políticas británicas”.

 

“No hay nada más aburrido que leer un memory británico de 1986, de 2002, o 2012, porque son todos iguales. Hay algunos cambios a través de tanto tiempo, pero esos cambios obedecen a la readaptación de las distintas situaciones que presenta la política internacional. No hay ninguna influencia de lo que ha hecho o haga la Argentina. En ese contexto, de permanente cambio de las políticas con cambios de gobierno, pasamos de una posición a la otra. También hay que hacer notar la falta de conocimiento profundo del tema Malvinas por parte de la clase política. Siempre, y sin distinción de partido, no tienen la menor idea de cuáles son los contenidos técnico, jurídico y diplomáticos propios de la disputa de soberanía”, puntualizó.

 

En este sentido, Rossi dijo que “se cree que manejar este tema es cómo manejar cualquier otro tema político, donde cada uno se le da la gana en la medida que tenga poder para imponer su voluntad, sin tener en cuenta que en una disputa de soberanía  lo más importante es la absoluta coherencia, no solo política sino jurídica. Cada acto que realiza un determinado gobierno, que no es más que un eslabón en una larga cadena, va a tener consecuencias irremisiblemente en el futuro. No es una declaración que se hizo y ahí quedó. El día de mañana, en 50, 150 o 400 años, cuando se discuta este tema en sede internacional, eso va a pesar. Esto es lo que la clase política no entiende, no llega a comprender. Primero coherencia, y segundo seriedad. No estamos negociando con el puntero de Laferrere”, concluyó.

 

 

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