viernes 03 de julio de 2020 - Edición Nº576

Opinión | 12 jun 2020

Megacanje Fernandez

Deuda, pandemia y post-pandemia


Por:
Lic. Héctor Giuliano

 

A contrario sensu de lo que dice el presidente Alberto Fernández en cuanto a que “La economía se destruye por la pandemia, no por la cuarentena”,[1] lo que hoy está distorsionando y/o destruyendo en la práctica la Economía Argentina no es la pandemia de coronavirus sino la Política de Cuarentena generalizada adoptada por su gobierno con el argumento de contenerla.

 

Con el agravante que las drásticas medidas adoptadas se están llevando a cabo en el marco de informaciones oficiales discutibles.[2]

 

Como bien lo ha explicado el Dr. Oscar Botta – médico pediatra y especializado en Salud Pública – estamos frente a la singular contradicción de que la cuarentena, que normalmente se aplica a los enfermos, en la actualidad se está imponiendo en forma sistemática también a todas las personas sanas.[3]

 

Los costes de esta Política de Paro de la actividad económica bajo la falsa antinomia de Vida versus Economía está causando daños no reversibles a la actividad económico-financiera de nuestro país, a las finanzas públicas y a la salud física y psicológica de la población.

 

CUMPLIENDO LA RECETA RECESIVA DEL FMI

 

En materia de Economía y de Finanzas cuentan los hechos y no las palabras, las declaraciones o los eslóganes oficiales, que la mayoría de las veces sólo sirven para eludir exponer las realidades y también para enmascararlas.

 

El ex presidente Macri firmó a mediados de 2018 un Acuerdo de préstamo Stand-By (SBA) con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 57.000 MD[4]  que se encuentra vigente y que no ha sido cuestionado por la administración Fernández.

 

Más aún, hoy se analiza incluso la posibilidad de que a los 44.000 MD ya desembolsados  por el Fondo se le puedan agregar los 13.000 MD restantes.

 

El Acuerdo SBA de Junio de 2018 contempla un programa o receta clásica de Ajuste Fiscal por parte del gobierno argentino para poder garantizar el pago de los servicios de la Deuda Pública – especialmente los de la Deuda contraída bajo Jurisdicción o Ley Extranjera con Acreedores Privados – además de la devolución del crédito recibido del FMI, cuyos vencimientos se concentran en el período 2022-2023.

 

El SBA impone además – en línea con la Política de Ajuste Fiscal señalada en el párrafo anterior - la realización de tres Reformas Estructurales a implementar por el gobierno argentino: las Reformas Laboral, Previsional e Impositiva.

 

Las dos primeras, ya están en curso de cumplimiento fáctico desde la administración macrista hasta la fecha:

 

1. La Reforma Laboral, cuyo objetivo de base es abaratar el coste salarial en la Argentina, lo que se está consiguiendo a través de la caída sistemática de los salarios reales, carcomidos por la Inflación, a lo que se agrega actualmente la baja también de los salarios nominales de los trabajadores; con el agravante que ambas cosas se realizan por acuerdo de partes entre los sindicatos de la CGT y la parte patronal representada por la UIA, con el auspicio del gobierno nacional.

 

2. La Reforma Previsional, así denominada para enmascarar el objetivo concreto de reducir las jubilaciones/pensiones y planes sociales en términos reales – carcomidos por la Inflación – y ahora también nominales, debido a la suspensión de la Ley de Movilidad Obligatoria. Y

 

3. La Reforma Impositiva, de la que en estos momentos críticos no se puede hablar en público pero en cuyo proyecto se encuentra trabajando en secreto una comisión que estaría formada por funcionarios de los Ministerios de Economía y de Producción.

 

Esto es, que  en medio de la nueva Crisis de Deuda heredada de la administración Macri y mientras el país está sumido en sus peores condiciones de vida económica, financiera y fiscal, con graves daños a la Salud de la población, el gobierno Fernández se encuentra negociando y a punto de llegar a un acuerdo con los Acreedores de la Deuda Externa mejorándoles la Oferta de Canje original del 21.4 y aliado para ello en tales negociaciones con el FMI, a quien en más de una oportunidad el actual presidente Fernández le imputó la “co-responsabilidad” por el desastre gestado bajo el gobierno anterior.

 

AMPARANDO LA CONSPIRACIÓN MACRISTA DE LA DEUDA

 

A esta situación de iliquidez e insolvencia del Estado Argentino no se llegó por decisiones imprevisibles del gobierno Macri y de su funcionariado superior responsable (que provenía justamente - en su gran mayoría - de entidades financieras internacionales y locales actuando en virtual conflicto de intereses) sino que fue producto directo de la Política Macrista de Gobernar con Deuda sin capacidad de repago, lo que llevó a la corrida cambiaria de Abril del 2018 y a la nueva Crisis de Deuda que se arrastra hasta la fecha.

 

La gestión Macri agravó las condiciones del endeudamiento público por tres vías concurrentes:

 

1. Tomando masivamente Deuda en Moneda Extranjera en forma sistemática y sin demostración alguna de capacidad de pago.

 

2. Acortando la vida media de las nuevas colocaciones de títulos públicos, lo que llevó a un lógico agravamiento del perfil de vencimientos de la Deuda. Y

 

3. Aumentando el monto y la proporción de Deuda Externa con Acreedores Privados y con Organismos Financieros Internacionales (con el FMI a la cabeza) mientras disminuía la participación relativa de la Deuda Intra-Estado, que podía servirle como amortiguador parcial de la nueva Crisis de Deuda en que sumió al país.[5]

 

En Abril de 2018 se produce un hecho clave: los grandes Fondos de Inversión (FI) de Wall Street comunican al entonces Ministro de Finanzas Luis Caputo – y éste a su colega el Ministro de Hacienda Dujovne y al presidente Macri - que no seguirán renovando los vencimientos de la Deuda Externa y a fin de ese mes se produce una gran corrida cambiaria, liderada por el Banco Morgan Stanley.

 

Con ello caen las cotizaciones de los Bonos Argentinos en la Bolsa de Nueva York y también en la de Buenos Aires, con aumento del Riesgo-País a niveles inmanejables.

 

En ese momento, los títulos públicos de nuestro país caen a niveles de bonos basura, a 40, 35 y 30 % de su valor nominal; y como tales son comprados por nuevos Fondos Buitre (FB) que subintran a jugar y/o reforzar sus posiciones en la Deuda Argentina a medida que la misma se deteriora en forma irremisible: la misma Deuda que hasta ese momento la administración Macri – por vía de los Ministerios de Finanzas y de Hacienda, del BCRA y de la propia presidencia – vendía a la opinión pública como manejable, cumplible y compatible con un Crecimiento anunciado pero que no llegaba.

 

El presidente Macri, frente a esta crisis derivada de su Política irresponsable de gobernar tomando deuda en gran escala y sin capacidad de pago vio así como sus aliados financieros pasaban a controlar la mayoría de la Deuda Externa de nuestro país adquiriendo a precios bajísimos títulos argentinos que luego iban a reclamar a su valor nominal mientras las posibilidades de cumplimiento de tales obligaciones ya eran imposibles para el Fisco.

 

En estas condiciones, Macri decidió no encarar – como hubiera debido – negociaciones para la reestructuración de la Deuda cuya crisis él mismo había generado y, en cambio, fue apresuradamente a  pedir asistencia financiera extraordinaria al FMI para cubrir un triple objetivo: 1. No discontinuar el pago de servicios de la Deuda a los Acreedores usando para ello el préstamo del Fondo, 2. Sobrevivir financiera y políticamente hasta fin de su mandato, y 3. Traspasar su Crisis de la Deuda agravada a la próxima administración electa de modo que – en consonancia con el interés de los acreedores y de las autoridades del FMI – el nuevo gobierno se encontrase en peores condiciones de negociación y, por ende, más debilitado en caso de querer modificar la situación heredada para que se lograse así un mayor allanamiento a los Fondos Buitre, que fueron sus aliados hasta el cambio de gobierno de Diciembre pasado.

 

Este proceso se aceleró con los resultados de las PASO en Agosto y luego con la derrota electoral de Octubre pasado junto con el creciente descontrol de la situación monetaria y cambiaria, del mayor proceso inflacionario y del reperfilamiento de la Deuda del Segundo Semestre, que fue traspasada abiertamente a la nueva administración Fernández. Aunque sin que éste denunciara esta maniobra coordinada entre el gobierno saliente, el FMI y los nuevos Fondos Buitre.

 

Peor aún, después de haber amagado denunciar esta conspiración fáctica pergeñada bajo la  gestión macrista – referencia a la “pesada herencia recibida”, a la irresponsabilidad y situación de desastre económico-financiero existente y a la co-responsabilidad del FMI en la Crisis – el presidente Fernández se allanó rápidamente a las condiciones traspasadas, dejó que – fuera de lo declarativo – asumiese sin objeciones la estructura del endeudamiento recibido, no plantease reserva alguna sobre la cuestión de la ilegitimidad de gran parte de la Deuda transferida, no denunciase el comportamiento de los nuevos Fondos Buitre, declinase denunciar las oscuras razones del FMI en su mega-préstamo a la Argentina y, por el contrario, encarase una nueva alianza con el organismo, proclamase su voluntad a ultranza de no incurrir en cesación de pagos (default) y adoptase la contradictoria política de “pagar a los bonistas mientras se negocia” la reestructuración de una deuda impagable.

 

En la medida en que se aproximan los tiempos de decisión del nuevo Megacanje Fernández las posibilidades de avance en este planteo concesivo devienen cada vez más peligrosos y contrarios a la defensa de los intereses financieros del Estado.

 

CONSOLIDANDO EL TÁNDEM MACRI-FERNÁNDEZ

 

Probablemente la principal confusión que existe en el análisis de esta “errónea estrategia de negociación” seguida para la nueva reestructuración de la Deuda Externa reside en creer que el nuevo gobierno Fernández vino a replantear el problema del endeudamiento argentino y no a mantener la vigencia del Sistema de Deuda Perpetua que lo rige.

 

Y esto es así no sólo por las concesiones unilaterales de la nueva administración citadas en el acápite anterior sino por el hecho que la finalidad del nuevo Megacanje en curso de negociación es, en el fondo, lograr un reperfilamiento bajo condiciones algo más benignas y quedar habilitado así para que el país vuelva al mercado internacional de capitales, es decir, para que vuelva a endeudarse.

 

Dicho con otras palabras: que el objeto práctico del nuevo Megacanje Fernández no es salir sino quedarse dentro del Sistema de la Deuda.

 

El Ministro de Economía Martín Guzmán planteó en su Oferta de Canje original de Abril al menos tres condiciones clave en cuanto a las variables financieras que intervienen en toda decisión de re-estructuración de Deuda: 1. Una mínima quita del 5.4 % sobre el Valor Nominal de los Bonos Elegibles (para Fondos Buitre que los habrían comprado al 30 % de su valor), 2. Un Plazo de Gracia para no pagar Capital ni Intereses hasta el fin del actual gobierno Fernández (pasándole así el peso del convenio de pago a la próxima administración), y 3. Una Tasa de Interés promedio ponderada del 2.33 %, con régimen rápidamente creciente del 0.5 al 4.875 % (que representaría una rebaja de más del 60 % contra las tasas que la Argentina paga actualmente).

 

Los acreedores – nucleados en tres grupos diferentes de bonistas extranjeros – rechazaron de plano esta oferta. Algunos de ellos plantearon separadamente esquemas de alternativa, aunque estrictamente hablando sus términos se desconocen en detalle porque las negociaciones son secretas, bajo acuerdos de confidencialidad firmados por el gobierno argentino y bajo anonimato de los acreedores dado que el gobierno Fernández no ha realizado un Censo de Acreedores que permita saber verdaderamente quién es quién en materia de acreencias contra el Estado y por qué títulos, importes y condiciones.

 

Peor aún, estos grupos acreedores exigieron que fuese la administración Fernández quien les presente una Nueva Oferta y no ellos una Contra-Oferta, con lo que pusieron en posición aún más comprometida de negociación al gobierno argentino.

 

Siendo así que en estos momentos el presidente Fernández y el Ministro Guzmán se encuentran ultimando los detalles de dicha nueva propuesta para ser elevada a los acreedores financieros por la Deuda Externa del Estado.

 

Notablemente, pese a que el FMI – por su condición de organismo financiero internacional y por sus acuerdos de préstamo, que tienen categoría de Tratados Bilaterales con el país - es acreedor privilegiado y con derecho a cobro antes que los bonistas privados, en los hechos parece haber declinado tal condición y haberse subordinado, en cambio, a la precedencia de los Fondos Buitre.

 

EN CONCLUSIÓN:

 

Las escasas informaciones oficiales concretas de que se dispone y los pocos trascendidos periodísticos, que se conocen en forma fragmentada, no permiten aventurar conjeturas acerca del resultado de las negociaciones, que se viene esperando como inminente.

 

Más el tiempo no juega a favor sino en contra de la Argentina porque la dilación de cualquier arreglo implica que en el ínterin el país sigue pagando y/o devengando los intereses de los bonos vigentes (que tienen una tasa muy superior – entre el doble y el triple – de la que hoy se estaría negociando, dada la caída generalizada de las tasas internacionales de referencia).

 

Por ende, a medida que pasa el tiempo, con la política de “pagar mientras se negocia” el gobierno Fernández acumula importes que actúan como “prima de negociación” a favor de los acreedores: una suerte de gran pago contado acumulativo que en los seis meses que lleva la actual administración habría superado ya los 5.000 MD; sin tenerse idea de cuántos de los intereses devengados se abona en efectivo y cuanto se capitaliza sobre los Intereses Corridos.

 

El agravamiento de la situación económica general del país como producto de las medidas de prevención contra la discutible pandemia del Covid 19, el desequilibrio creciente de las finanzas públicas y el consiguiente aumento incalculable del Déficit Fiscal agravan el panorama de esta pandemia y la incertidumbre acerca de la post-pandemia, que será el momento en que – nuevo Megacanje mediante – las autoridades deberán mostrar los acuerdos logrados en valores absolutos y demostrar qué, cuánto, cómo y cuándo va a tener que pagar la Argentina como producto de tales arreglos.[6]   

 

Mientras tanto, el país sigue parado bajo condiciones alienantes de vida social, económico-financiera y política; y sin contar con demostración alguna de cómo logrará el gobierno la capacidad de repago necesaria para cumplir los futuros acuerdos, como no sea volviendo a endeudarse en el mercado internacional de capitales.-

 

Lic. Héctor L. GIULIANO

 

[1] La Nación del 6.6.2020 y otros medios de prensa.

[2] El autor de la presente nota - con fecha 4.5.2020 - dirigió una carta al Presidente de la Nación pidiendo que el gobierno informe a la opinión pública acerca de las causales de muerte debidamente certificadas de los fallecimientos que se han producido hasta la fecha por causa de Covid 19; y que esta información se realice a través de un listado simple que contenga mínimos datos básicos de los enfermos – esencialmente edad y patologías pre-existentes - e identifique además a los médicos responsables de tales certificaciones. Pero hasta el presente no se ha tenido respuesta ni noticia acerca de dicha carta, que fue registrada con el número EX-2020-32874584-APN-DNAIP-SG.

[3] Reportaje televisivo en TLV1 del 27.5 pasado.

[4] Las abreviaturas MD/M$ y B$ significan Millones de Dólares/Pesos y Billones de Pesos respectivamente y se expresan siempre con redondeo, razón por la que pueden darse mínimas diferencias entres totales y sumatoria de términos.

[5] Al 31.12.2015 – fin del gobierno Kirchner (CFK) – la composición de la Deuda Pública en cabeza del Estado Central, por un total de 240.700 MD era la siguiente: 74.000 MD (31 %) en manos de Acreedores Privados, 29.000 MD (12 %) con los Organismos Financieros Internacionales, y 137.700 MD (57 %) de Deuda Intra-Estado (fundamentalmente ANSES, Banco Central-BCRA y grandes Bancos Oficiales, con el BNA-Banco Nación a la cabeza).

Al 31.12.2019 – fin del gobierno Macri – el quantum de la Deuda había pasado a 323.00 MD y su composición había variado en forma muy agravada: 120.600 MD (37 %) Privados, 73.400 MD (23 %) Organismos Internacionales y 129.100 MD (40 %) Deuda Intra-Estado.

Esto  es, que bajo la administración Macri hubo un fortísimo incremento de la Deuda Externa con Acreedores Privados y Organismos Internacionales (particularmente con el FMI) contra una disminución del monto y el porcentaje de la Deuda Intra-Estado.

En ambos casos, no se computan aquí dentro de los totales los Cupones PBI, por un valor aproximado de 13.500 MD.

 

 

[6] Los condicionantes financieros son tan peligrosos como los legales: por ejemplo, a las nuevas cláusulas de incumplimiento cruzado (cross default), que establecen que el incumplimiento de un solo bono puede disparar la aceleración u obligación de pago anticipado de todos los restantes se suma el compromiso – ofrecido por el gobierno argentino ante la SEC - la Comisión de Valores Norteamericana  – en cuanto a que los Bonos Viejos canjeados no se cancelarían en forma definitiva con la emisión de los Nuevos Bonos a entregar con el próximo Megacanje Fernández sino que serían depositados en un Fideicomiso, en Estados Unidos, como garantía de que, en caso de incumplimiento, se resucitarían las operaciones originales.

Y esto para un arreglo, combinado con los nuevos Fondos Buitre que se está negociando con el gobierno, con un horizonte de hasta 27 años de plazo.

Este tema del Fideicomiso Argentino fue detectado y está explicado en un trabajo reciente de Javier Llorens, titulado “Deuda externa: la deuda vieja queda como garantía y la reducción de intereses no es tal”, editado en el sitio STDP con fecha 20/04/2020:

https://stripteasedelpoder.com/2020/04/deuda-externa-la-deuda-vieja-queda-como-garantia-y-la-reduccion-de-intereses-no-es-tal/

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