martes 13 de abril de 2021 - Edición Nº860

Análisis | 13 mar 2021

VGM Cesar Trejo

Beatriz Sarlo: del coronavirus a virus de la corona


Por:
VGM Cesar Trejo

La polémica desatada por la vacunación contra el COVID 19 se ha convertido en un nuevo capítulo de la grieta apócrifa que nos impide comprender qué nos pasa a los argentinos; por qué, siendo parte de un país inmensamente rico, más del 50 por ciento de nuestra población vive en la pobreza.

 

Beatriz Sarlo, escritora y periodista, por estos días ocupa la centralidad de ese debate, recibiendo la ponderación de uno de los lados de la grieta, y los ataques del otro. Su testimonio ante los tribunales dando cuenta quién la convocó a participar de una campaña de “vacunación anticipada” –entre un centenar de “famosos”-, tendiente a divulgar las bondades de vacunarse, y su rechazo fundado en razones éticas, inundó las pantallas en los medios televisivos hegemónicos y contra-hegemónicos, en las redes sociales y en la prensa gráfica y radiofónica.

 

Lejos de nosotros está la intención de participar de la grieta, a la que acusamos de apócrifa, por las razones que esperemos puedan surgir de este análisis. Pero resulta inevitable fijar una posición ética y POLÍTICA (definida ésta por su acepción aristotélica: “la actividad superior del espíritu orientada al Bien Común”), para disipar cualquier duda.

 

Compartimos el argumento ético de Beatriz Sarlo cuando rechaza su inclusión a vacunarse antes que otros, prefiriendo “ahogarse en el COVID”, antes que recibir un privilegio. Pero negamos la autoridad moral de Sarlo para erigirse en modelo ético contra los privilegios.

 

Beatriz Sarlo pertenece a un reducido grupo de intelectuales y académicos que desde siempre gozan de los privilegios asignados por el sistema oligárquico a quienes lo sirven.

 

Desde la batalla de Caseros, cuando triunfó el modelo de inserción de nuestro país como semicolonia proveedora de materias primas de Gran Bretaña, y el consecuente diseño de un sistema cultural y educativo dependientes, se constituyó una casta de “productores simbólicos” que gozan de los privilegios de las cátedras universitarias, la publicación de sus escritos, los subsidios para sus “investigaciones”, la difusión de sus mensajes en los grandes medios periodísticos, etc., etc. El cerebro de ese sistema fue Bartolomé Mitre, que hizo cátedra y fundó un periódico para perpetuar su memoria.

 

Para quien esté interesado en el tema, sugiero la lectura de la investigación publicada por Eduardo SaguierLa Nomenklatura Académica en la Cultura Argentina: Examen de las principales pistas en la novela negra de las ciencias y las humanidades criollas”.

 

La fundada, documentada y por demás probada existencia de privilegios otorgados a una casta de intelectuales y académicos descripta por Saguier en su investigación, adolece, sin embargo, en describir quién es el sujeto que construye y organiza el sistema. El análisis del caso de Beatriz Sarlo nos puede acercar respuestas a ese interrogante.

 

A los treinta años de conmemorarse la recuperación transitoria de nuestras Islas Malvinas y demás espacios correspondientes, Beatriz  Sarlo encabezó un grupo de intelectuales, académicos y comunicadores sociales, que suscribieron un documento denominado “Malvinas, una visión alternativa”.

 

El documento contiene todos los argumentos que los británicos utilizan para negarse a cumplir con el proceso de descolonización establecido en la Resolución de la Asamblea General N° 1514 (XV), también conocida como “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, en el alegato Ruda y en la Resolución AGNU N° 2065 (XX).

 

Además de denostar al pueblo argentino por su apoyo a la Causa de recuperación de nuestros territorios en 1982 –proyectando falsamente ese apoyo a la dictadura-, apela al “principio de autodeterminación de los pueblos” para reclamar, como lo hacen los británicos, reconocer a los isleños como decisores fundamentales sobre la cuestión de la Soberanía.

 

Nos coloca a los ex soldados combatientes en el lugar de “víctimas” y atribuye la exclusiva responsabilidad de la ocurrencia del conflicto armado a la República Argentina, conminando a aceptar las consecuencias de la derrota (¡Como si los sucesivos gobiernos de postguerra no lo hubieran hecho a rajatabla!)

 

No es tan difícil detectar –por sus consecuencias visibles-, la sutil e invisible mano de la inteligencia y la diplomacia británicas en la promoción de las carreras profesionales y las trayectorias políticas no sólo de los firmantes del documento citado, sino también del financiamiento y apoyos que funcionarios, legisladores y otros aspirantes a integrar las élites argentinas, proceden de bancos, agencias u organizaciones no- gubernamentales controlados por la Corona inglesa.

 

Enorme sorpresa se llevaría más de una/uno al revisar la nómina de los becarios de la Fundación Fullbrigth, de los intercambios “culturales” que organiza el British Coucil, de las fundaciones “humanitarias” ligadas al Foreing Office o a los bancos donde se operan los negocios de la oligarquía financiera globalista, uno de cuyos componentes centrales es la mafiosa monarquía británica.

 

No se trata de una cuestión ideológica; al Imperio no le importan las ideologías. Hay tantos “perduellis” de derecha, como de izquierda, “peronistas” como “radicales”, macristas como kirchneristas. Mientras trabajen para su majestad británica, gozarán de canonjías y privilegios.

 

Resulta curioso cómo los miembros de la nomenklatura académica a la que pertenece Beatriz Sarlo reclaman la vigencia de las instituciones republicanas, poniéndose por encima de la Constitución Nacional. Tanto ella, como Luis Alberto Romero, Vicente Palermo, y tantos otros firmantes de la “visión alternativa”, cuestionaron abiertamente los contenidos de la Disposición Transitoria Primera de nuestra Carta Magna, no sólo discutiendo sus conceptos, sino violándola abiertamente con sus actos, de funestas consecuencias para el interés nacional.

 

Se sienten –más que sentirse, se saben-, por “encima de la Ley”. Saben que sus actos, lejos de ser sancionados, serán premiados por el sistema imperante, como pasó con el Premio Nacional de Cultura que le fuera otorgado a Vicente Palermo en el año 2011 por su libro “Sal en las Heridas”, escrito -según sus propias palabras-, para “hacer explotar en mil pedazos a la Causa de Malvinas” o al “Perro” Horacio Verbitsky, otorgado en la misma edición por sus numerosos libros en contra de la Iglesia Católica y contra el actual Papa Francisco.

 

Si Beatriz Sarlo quisiera renunciar a sus privilegios, debería retroceder – por lo menos-, cincuenta años, aplicar su mordaz crítica sobre sus propios actos, y retornar a sus ideales juveniles (si es que éstos algunas vez fueron auténticos), intentando poner su capacidad y su saber, al servicio de su comunidad.

 

Mientras tanto, parafraseándola, le respondemos ante su hipócrita apelación ética contra los privilegios: “CON NOSOTROS NO, BEATRIZ”.

 

Cesar Trejo VGM

y responsable del Observatorio Malvinas de la UNLa

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