martes 21 de septiembre de 2021 - Edición Nº1021

Análisis | 22 jul 2021

país de aguas abajo

Financiarización del agua y la vida, en clave geopolítica

Análisis de Enrique Aurelli, miembro activo fundacional de la "Mesa de Trabajo por la Recuperación Nacional" (MT) sobre la Cuenca del Plata, el río Paraná, Hidrovía, el canal Magdalena, y su importancia geopolítica actual y futura, en la construcción de una política nacional


Por:
Enrique Aurelli

ALERTA POR BAJANTE reza el último informe de I.N.A del 09/07/2021: La tendencia descendente observada en los niveles va a predominar en los próximos tres meses. Este mes es especialmente crítico, con afectación a todos los usos del recurso hídrico, exigiendo especialmente a la captaciónn de agua fluvial para consumo urbano.

 

Señala la NASA en su página web que "un período prolongado de clima inusualmente cálido y sequía en el sur de Brasil, Paraguay y el norte de Argentina ha llevado al río Paraná a sus niveles de agua más bajos en décadas".

 

Hace tiempo venimos preguntándonos y tratando de encontrar explicaciones racionales, reales a la imperiosa necesidad de poner en discusión la financiarización* de la vida en argentina, en particular lo relativo al agua, la energía, los alimentos, la retención y captación de divisas, la no importación de trabajo y servicios extranjeros que los argentinos podemos cubrir.

 

Sabemos, por la gran cantidad de trabajos, estudios y notas que hemos escrito junto a muchos investigadores, trabajadores, periodistas y curiosos, que la cuenca del Plata junto a la expiación de la frontera de sembrado es clave para la expansión de los negocios agroexportadores nacionales en manos extranjeras. Mientras en Argentina un sector se retuerce en argumentos que legitimen la operatoria de expoliación externa intentando continuar con las lógicas de entrega de todos nuestros recursos estratégicos nacionales, en los demáss paises imperiales protegen los recursos propios y los utilizan para captar divisas, evitar problemas geoestratégicos, generar trabajo nacional, negociar o influir sobre otros intereses.

 

La cuenca del Plata es una región geopolítica estratégica y en la mira permanente de las potencias mundiales, por sus recursos naturales y capital humano, por su largo litoral marítimo. Pensemos que sólo el extenso Acuífero Guaraní* de 37.000 km³ de agua dulce constituye un bien para la vida, que abastece a gran parte de los más de 100 millones de habitantes de los múltiples centros económicos de todas las ciudades que lo costean como San Pablo, Buenos Aires, constituyendo principalmente para Brasil, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Argentina una posición estratégica para alimentar al mundo y proveerse de recursos naturales e industrializados, que como bloque regional y ante un mundo saturado por el modelo de depredación impuesto por los grandes intereses económicos se hace cada vez más necesario que Sudamérica sea un núcleo como el planteado por UNASUR, núcleo de poder regional frente a los grandes centros de poder imperialista.

 

Pero para ello no podemos obviar lo que acontece en la región. La bajante histórica del río Paraná, provocada por una de las peores sequías en casi un siglo en Brasil, pone en alerta a las distintas plantas de generación de energía en el país. Yacyretá opera al 50% de su capacidad y por la baja del río existen problemas operativos en las centrales térmicas Vuelta de Obligado, San Martín y San Nicolás que requieren de combustibles fósiles provistos por buques. Nos dicen que se contrató una draga -no sabemos a qué proveedor- para garantizar la toma de agua de Atucha I y II. Todo indica que las semanas por venir serán claves. Hay casi 3000 MW en riesgo de generación. Si a esto sumamos el permanente injerencismo imperialista en el cono Sur, sin olvidar de dónde partimos y qué intereses están en juego y a quiénes representan, el frío recorre varias espaldas.

 

Desde nuestros orígenes independentistas como naciones, pasando por todas las luchas populares interrumpidas desde embajadas extranjeras con golpes militares, como a Yrigoyen, o Perón en el 55 o el de 1976, con pomposos nombres que tergiversan el sentido común y se apropian de las palabras como Revolución Argentina” oProceso de reorganización nacional” dejan un registro de irrupciones en la escena política social local y la Argentina especial. El regalito viene en combo con actores que determinaron y determinan la norma jurídica que rige y sojuzga los procesos de empoderamiento de los pueblos. Con precisión quirúrgica afectan en lugares y momentos para rediseñar y garantizar los mecanismos de apropiación de riqueza, recursos naturales y medios de producción que deberían ser sociales como lo establecía la constitución depuesta de 1949, para asegurar la infraestructura en manos no precisamente populares pues de ser así sostendría a lo largo de los años un proyecto de país justo, y no un plan de coloniaje como el que aún persiste sistemáticamente.

 

La experiencia de la pandemia del COVID-19 nos muestra que los países utilizarán siempre todos sus instrumentos y recursos disponibles para resolver primero sus necesidades internas y para aumentar su poder externo. Por eso discutimos las supuestas buenas intenciones tras el Decreto 427/21* que por un lado deja en manos estatales -AGP- el cobro del peaje por un año, mientras contrata la realización efectiva a los privados internacionales -como hace 25 años, además se fundamenta en normativas de las dictaduras y de gobiernos neoliberales- y ratifica en todos sus términos lo expresado en el Decreto 949/20. Parece más un acto para la tribuna militante y se parece a la no acción respecto a Vicentín que a una real estatización. Hay varias medidas en sentido similar, Litio, plan Gas, Trenes, Pesca, medidas que cuando profundizamos en ver quiénes son los reales beneficiarios de la explotación, llegamos a concluir que son los mismos obscenos mega millonarios nacionales e internacionales. ¿Entonces, se puede seguir declamando nac y pop y ejecutar acciones neoliberales?

 

La gente no come vidrio, necesitamos ganar elecciones, enamorar con un proyecto de ampliación de derechos, revolucionario, que nos devuelva al menos las capacidades obtenidas hasta el 2015, y no hablo sólo de salario frente a inflación, ¡hay que revisar y corregir los errores propios más los heredados de la gobernanza neoliberal reciente para ganar elecciones!

 

Estamos tan expuestos sin determinación de realización soberana que quedamos supeditados a temas geoestratégicos como a que algunos países acapararon vacunas e insumos para la su producción, para luego utilizarlas en las negociaciones que generan más dependencias, hasta modifican legislación soberana en la materia, como expresó Máximo Kirchner hace unos días en el Congreso. 

 

Sabemos que en términos geopolíticos y económicos nadie regala” (menos el imperio) los recursos propios (naturales, científicos, humanos) y generalmente se los utiliza para evitar o generar problemas, para negociar o para condicionar sobre intereses propios o ajenos. En este caso los condicionamientos del FMI, los intereses de las corporaciones de los países miembros, hidrocarburos offshore, Vaca Muerta, empresas energéticas, logística, recursos estratégicos nacionales, pesca, concentración de medios de comunicación, manejo del sistema judicial, manejo y control de todo lo que debe ser del pueblo argentino pero que por los agentes externos dentro de nuestras estructuras democráticas, republicanas y empresarias” están al servicio de sus propios dueños. La pregunta del millón: ¿nuestra coalición de gobierno, retomará el camino de soberanía trazado por Néstor y Cristina o quedará en la órbita de las buenas intenciones? Es claro que nos hace falta unidad de concepción para la acción, pero en el camino del manejo de lo propio, en manos argentinas y con un Estado fuerte y determinado, que enamore, que ponga mística y dé una percepción de que hay un futuro soberano.

 

Desde la década del 90 el imperialismo intensificó la disputa por la apropiación de todo, y sobre todo el control del agua, bien escaso si lo hay, por donde transitan las mercaderías y el comercio mundial desde el principio de la humanidad. Esto, sumado al dominio de los recursos estratégicos y naturales, constituye una cuestión de interés y seguridad nacional. El objetivo externo: debilitar las capacidades nacionales. Existe una manifiesta manipulación globalista, -así le llaman al imperialismo ahora- para privatizar el agua”, bajo el argumento de que, siendo un recurso escaso, se hace imprescindible una gestión eficiente y eficaz” del mismo, pero en manos de ellos”. A esto se contrapone que el agua es una necesidad esencial para la vida, sobre todo la humana, esto lamentablemente está sometido, en la realidad, a los conflictos geopolíticos, acá no hay Templanza.

 

Si sumamos el cambio climático, el factor geopolítico del agua es, y será en el futuro, un problema mayor, al que deberíamos prestar mucha atención y análisis permanente. El estrés hídrico global (inundaciones, deforestaciones, sequías más duras y prolongadas, pestes, glifosatos, cianuros, etc), con grave deterioro ecológico, claramente quedan expuestos a diario. Los intereses privados financieros, (es decir: todo lo que tenga un precio, sea comprable o pasible de explotación), dejan en claro que el modelo del capitalismo bueno no existe, adolece de criterios de equidad, de justicia social o de respeto a las necesidades de los pueblos, fomentan el uso racional” privatizando el recurso, poniéndole un precio al agua que ya lo tiene en el mercado de futuros de las bolsas de comercio del mundo (NQH2O=0,45 U$S/m3), al igual que el petróleo, oro o maíz.

 

El recurso hídrico es fundamental para la producción de alimentos, la agropecuaria y como plataforma logística de navegación. De allí su importancia económica, geopolítica, ya que la seguridad alimentaria es el tema principal para cualquier país que piense en sus habitantes. Grandes volúmenes de agua son los que aseguran la vida, la producción de alimentos. ¿Alguien se puso a pensar cuánta agua exportamos en alimentos al mundo? ¿O cuánta se necesita para poder comer un kilo de carne bovina? Para esto último se necesitan 4.000 litros de agua. Sabemos que el 97% del agua del planeta es salada o no potable y sólo 3% es dulce o potable. Nos dicen que el agua es un recurso "renovable” pero finito y se estima que la agricultura utiliza el 70% del agua que es extraída de acuíferos, ríos y lagos; la industria usa un 20 % y los humanos en uso doméstico, un 10 %. Cuando exportamos soja, maíz, sorgo, carne, minerales, estamos exportando "agua”, es decir, la necesaria para la producción del grano o limpieza de los minerales. Los países de la cuenca del Plata son los principales productores de proteína vegetal y animal del mundo -para consumo animal y humano- ahí la importancia de la preservación de las reservas de agua. ¿Vos pensás que a una empresa de dragado extranjera le importa cuántos millones bajan por un río y se pierden en el mar cuando su único objetivo es garantizar el transporte de cargas privadas de empresas extranjeras, en barcos construidos en otros países y también de propiedad extranjera y operados con mano de obra extranjera?

 

La Hidrovía Paraguay-Paraná desde la mirada logística es estratégica.

 

Casi el 80% de lo que exportamos se hace desde sus puertos privados y en manos de las multinacionales, no del país. El 20% restante se hace por los ferrocarriles que en el siglo XX nos pertenecían hasta que la ola privatizadora de los noventa aniquiló la extensa red que cubría gran parte del país. Cristina Fernández de Kirchner con visión estratégica, comenzó su reconstrucción y ésta quedó trunca a partir del 2015. Hoy, bajo una supuesta estatización de la inversión (la plata la ponemos vos y yo) y una socialización de explotación pública-privada (las ganancias se las llevan los mismos de siempre) se intenta avanzar… pero no podemos dejar de mencionar los grandes intereses que se juegan en ese sector y lo poco desarrollados en materia de industria nacional y protección a los pequeños talleres que abastecen a nuestros ferrocarriles, ni quiénes son los privados que ganan licitaciones a lo largo de toda la red.

 

A esta altura sabemos que la Cuenca del Plata y toda la red troncal de navegación es clave para la sustentabilidad de Argentina y su pueblo, -eso si tuviéramos un IAPI, puertos, barcos y todo estatal- también para los negocios de las multinacionales agroexportadores, por eso tanta disputa, tanto ruido en los medios hegemónicos de comunicación, ONGS y, si no me equivoco, algún fallo a favor de los dueños de parte de un rentado poder judicial (como en el caso Correo de Macri). No olvidemos que mueven aproximadamente 5.000 embarcaciones -de bandera extranjera con bodega extranjera- con algo así como 130 millones de toneladas de productos agropecuarios e industriales declarados (¿y los no declarados?), movilizando más del 50 % de la proteína vegetal que se consume en el mundo.

 

El control de la Hidrovía está necesariamente ligado a los intereses de la cadena de valor del agronegocio de las cinco mega-empresas logísticas de transporte mundial en el cual predominan, en sus eslabones más rentables o claves, las empresas extranjeras: norteamericanas, europeas y chinas, que a su vez “compiten” entre sí. De allí que el negocio de la Hidrovía sea un tema geopolítico global. También 14 de los 18 puertos en territorio argentino (donde llegan 1,5 millones de camiones y 250.000 vagones ferroviarios por año), están en manos extranjeras, al igual que las empresas de dragado (la belga Jan de Nul) y las transportadoras fluviales (98 % paraguayas, algunas bolivianas y uruguayas y muy pocas argentinas). Como China ya controla varias traders de granos y es el demandante más importante del mundo, cualquier concesión futura, ya sea del dragado, del transporte fluvial o de la operatoria, a manos del Estado chino significa una ventaja demasiado evidente.

 

Por eso el manejo, la logística, el control, la administración y la ejecución en puertos de la red troncal de navegación, sobre todo de la Hidrovía, tiene la llave geopolítica de la región centro-sudamericana. Pensemos eventuales futuros conflictos entre las principales potencias, como alienta en sus documentos EEUU o, en boca de sus funcionarios como la vicepresidenta que habla de la guerra del agua. Y sabemos que China está interesada en la licitación, mediante la CCCC Shanghai Dredging Co., relacionada a las licitaciones de las represas de Santa Cruz. Como vemos el conflicto geopolítico global abarca mucho más que la tecnología 5G, los hidrocarburos, la logística, la Antártida y Malvinas.

 

El 26/11/2020, el PEN dictó el decreto 949/2020, licitatorio de la Hidrovía. Detalla en su primer artículo la zona de dragado y mantenimiento de la vía navegable troncal, desde el kilómetro 1.230 del Paraná hasta la altura del kilómetro 239,1 del Canal Punta Indio, y desestima la profundización del Canal Magdalena, proyecto ya aprobado por Argentina y Uruguay. La cota 239,1 es exactamente Puerto de Montevideo, una plataforma logística (hub) transnacionalizada, que cuenta con un canal de acceso marítimo profundizado a 43 pies, que Uruguay logró porque el gobierno de Macri anuló la disposición 1108/13 (que aseguraba la soberanía portuaria argentina). Aquello otorgaba gratuitamente una ventaja contraria a los intereses nacionales, que ahora el decreto 949/20 viene a consolidarlo, constituyendo ambos una claudicación geopolítica muy grave, porque es funcional a intereses extranjeros, sin ninguna contraprestación estratégica inteligente. Determina a futuro el papel estratégico del puerto de Montevideo como principal salida al Atlántico de la Cuenca del Plata, potenciándolo para ser un polo de atracción para todo el Atlántico Sur, relacionado con la pesca furtiva en los bordes marítimos argentinos, las Malvinas y la Antártida (reservorio de agua dulce).

 

Esto se encadena con una geopolítica trazada para SUDAMÉRICA y no por los estados soberanos. Los intereses de Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile y Uruguay también están muy interrelacionados con la Cuenca del Plata, porque ésta articula multimodalmente dos corredores bioceánicos prioritarios. Al norte une los puertos de Antofagasta (Chile) con el de Paranaguá (Brasil), que atraviesa el Triángulo del Litio y es la zona sojera más extensa del mundo. El centro permite unir Porto Alegre (Brasil), vía Santa Fe, con el Puerto de Coquimbo (Chile). De hecho se ha conformado un Eje Geopolítico Panamericano” (EGP) entre Brasil, Paraguay, Chile y Uruguay, que ha dejado a Argentina aislada de sus pares cercanos. Acá surge otra pregunta: ¿están realmente aceitados los controles con respecto a los tratados internacionales que aseguran el flujo de agua desde Brasil? ¿Estamos seguros que el diablo que huele a azufre no está ejecutando otro método de guerra blanda? Para colmo, recientemente Uruguay ha invitado a Brasil a realizar fuertes inversiones para hacer navegable al río Uruguay desde su desembocadura en el kilómetro 0, (Punta Gorda”) hasta la ciudad de Uruguayana. Esto presupone el ingreso de Brasil (y el EGP) a la administración del Río Uruguay, que hasta hoy compartimos en exclusiva con Uruguay, desplegando así una nueva una estrategia logística en dicho río.

 

La Hidrovía, a través de distintos mecanismos, está en manos de monopolios de EEUU, China, Bélgica, Holanda, Inglaterra, etc. Estos son: Cargill, Bunge, ADM Toepfer (EEUU), Dreyffus (Francia), Cofco y Nidera (China), Glencore (Anglosuiza pero asociada a capitales de origen nacional como Vicentín); AGD (nacional del grupo Urquía asociada a Bunge); Molinos Río de la Plata, entre otras Bélgica y Holanda en cuanto a la obras de mantenimiento y otras. Salvo los monopolios pertenecientes a China, todos los demás pertenecen a países de la OTAN

 

Suponiendo que los caudales de agua permitan una razonable operatividad fluvial en el Río Paraná y su Hidrovía, ¿no deberíamos manejar las alertas y amenazas que nos marca el cambio climático? Así lo aseguran algunos expertos, y también que la faltante de agua será tal que hasta habrá problemas con el abastecimiento de agua potable a ciudades, y para la producción local de alimentos.

 

Podemos pensar una realidad no tan alejada. ¿Qué pasaría con los países con los que compartimos la Cuenca del Plata ante situaciones críticas? ¿Qué vericuetos internacionales impedirán que no piensen y actúen priorizando sus intereses? Las recientes manifestaciones de Brasil de romper acuerdos en los tratados de transporte en buques de ambas banderas son una muestra. ¿Qué pensamos nosotros sobre los países sudamericanos gobernados por las derechas desde la embajada gringa en una eventual hipótesis de conflicto?. Sólo basta hacer un recorrido por las compras de armamento y equipo naval de guerra del último tiempo para vislumbrar que ellos manejan como posibilidad el enfrentamiento con un pueblo hermano. Si a esto sumamos que Brasil y Paraguay tienen más de 46 represas -que dan energía a nuestros países-, aguas arriba del Paraná y podrá construir más el panorama no es alentador. Si tuviese necesidad de cerrar compuertas por sequías graves, todo puede complicarse. No es casual la activación de proyectos sobre el río Uruguay y lo manifestado por el Presidente Lacalle Pou en la última reunión del Mercosur. Recordemos que el Decreto 949/20 más el 427/21 ponen todas nuestras exportaciones agropecuarias al hub de Montevideo en manos de los oligopolios y sus fondos buitres internacionales, cualquier motivo o conflicto, provocaría una crisis logística inimaginable en nuestro país.

 

Argentina queda supeditada a una planificación internacional, exponiéndose así, a una división en porciones territoriales muy definidas. Una: la Argentina peninsular continental, y otra: la marítima y fluvial. A ello debemos sumar que en la porción más grande de Argentina bicontinental -el 60% aproximado del territorio Argentino, es agua-, el control del litoral marítimo está en manos del Reino Unido; la pesca, de empresas extranjeras, la mayoría de puertos privatizados y una destrucción sistemática de la industria naval (que sería capaz de dar sustentabilidad a una planificación estratégica de soberanía, control y manejo efectivo de nuestras riquezas/DIVISAS).

Participan de manera aleatoria múltiples y acotados países a través de sus empresas, en su mayoría todos miembros de la OTAN sobre todo EEUU con su IV Flota y su reclamo de instalación de una base militar en Tierra del fuego y de “ayuda humanitaria” en otros puntos de la región. El control del agua y todo lo que circula por ella implica disputa, la ocupación económica no es diferente a la militar, es una ventaja extraordinaria en favor de los intereses imperialistas sobre esta parte del planeta, no olvidemos que el Reino Unido ejerce la tenencia real de parte de nuestra provincia de Ushuaia asignando permisos millonarios en dólares para pesca ilegal y extracción de hidrocarburos, ni que hablar de la base de submarinos nucleares, los ejercicios conjuntos con USA y el escudo Excalibur montado en Malvinas como núcleo estratégico al acceso a nuestra Antártida.

 

Es así que la tenencia real y la administración de nuestro sistema portuario, logístico, fluvial y marítimo, está en manos de las distintas empresas extranjeras pertenecientes a potencias imperialistas que a través del Paraná, los puertos y su Hidrovía, el comercio exterior y otros mecanismos casi desconocidos por el gran pueblo argentino, menoscaban nuestra soberanía.

 

La otra porción de estas dos divisiones es la continental. El sector continental argentino también está sometido a una brutal disputa de parte de las diversas potencias imperialistas que tienen testaferros, socios e intereses muy poderosos en nuestro país. Basta repasar quiénes son los verdaderos propietarios de cada una de las empresas exportadoras en el país, -nos va a sorprender- si le sumamos extensos latifundios en las zonas productivas y en la Patagonia argentina, el dominio de los recursos petroleros, etc., se arma un mapa como la Matrix. Vemos que todo tiene que ver con todo: hay mecenas y patrocinadores bancando carreras políticas, ONG, o golpes de Estado… y Argentina con una dirigencia política no decidida a ser gestora del destino común de felicidad para todos, continúa acumulando debilidades estratégicas múltiples que ponen en riesgo nuestro futuro como nación y la vida digna como mandato. ¿Se autodebilita por ignorancia o por complicidades internas?.

 

Tenemos múltiples instrumentos, algunos jurídicos que nos permitirían dar un salto cualitativo en este sentido -muchos otros son escritos y puestos en vigencia durante las dictaduras que deberíamos derogar de forma inmediata y dejar de citarlos como argumentos de leyes o DNU, o normas de gobiernos democráticos-, recuperar herramientas y sistemas de retención de dólares en vez de pagar servicios importados. Uno de ellos muy interesante son las cartas de porte electrónicas de Afip recientemente implementadas, otro es el proyecto de ley de creación de una empresa estatal de dragado y balizamiento sociedad del Estado ENADRAG S.E., o la de litio y sodio ENALS S.E. -en manos de los legisladores del FDT y aun sin estado parlamentario-, o la de una empresa pesquera nacional estatal de pesca, o el de boga de carga, o el de Elma del siglo XXI y de fomento a la industria naval con estado parlamentario hace casi 20 años. Respecto a los artefactos navales y edificios de puertos y vías navegables de la nación dados a la empresa que explota el dragado sobre el Paraná también hay instrumentos que nos permiten emprender ENADRAG S.E. de manera inmediata, este nos dice en el registro de la Cámara de Diputados de la Nación en Sesiones Ordinarias 2009, Orden del Día 2037, Pág. 12 : El artículo citado establece también que, al finalizar la contratación, el concesionario deberá reintegrar al concedente las instalaciones y sus accesorios en condiciones de uso y conservación y con las mejoras realizadas, las que no le otorgarán derecho a retribución alguna por parte del concedente. Los equipos, al momento de reintegrarlos, deberán ser entregados en condiciones de operatividad, sin derecho a percibir retribución alguna por parte del concedente.”

 

Una parte que nunca se va a encontrar escrita es que la vida útil de los buques es de 25 años. Es decir que el concesionario debe reponer esos equipos, imaginemos si se presta un auto con 10.000 km y por renovaciones en el préstamo sumás 25 años más de uso, ya no interesa el kilometraje sino que se consumió toda su vida útil, cosa que la AGN deberá controlar. Ni hablar de los informes técnicos sobre todo lo realizado sobre el río, dragado, mantenimiento, caudales, batimetrías, prospecciones, etc.

 

 

En este sentido, se entiende que el concesionario ha adquirido sólo el derecho a la tenencia y uso en las condiciones preestablecidas del material flotante (buques y artefactos navales) y no flotante (equipos, muebles, útiles, inmuebles, muelles e instalaciones fijas) aportado por el concedente, los que siguen siendo propiedad del Estado nacional a lo largo de todo el plazo de la concesión”.

Retomando la suposición anterior al registro transcrito, y en el peor de los casos deberíamos invertir aproximadamente 80 millones de dólares en comprar tres o cuatro dragas a la empresa estatal de construcción de barcos, el astillero Río Santiago, lo que representa menos de la cuarta parte de lo que cobra por año Hidrovía SA sin contar el negocio paralelo de venta de arena que saca gratis y la vende a las empresas también extranjeras que explotan Vaca Muerta con el frackin. Cada draga tiene al menos como dijimos una vida útil de 25 años, entonces que nos digan que no es negocio para el Estado tener una empresa nacional de dragado que trabaje en todo espejo de agua del país y no sólo en el Paraná como proponemos en el proyecto de ley de ENADRA S.E.. ¿Cuánto ahorraríamos?

 

Por todo esto debemos seguir reclamando la derogación del decreto 949/2020, la rescisión del convenio de "vigilancia" pactado con la OCDE, la administración, ejecución, control y dragado balizamiento de toda la red troncal de navegación y sus puertos no sólo del Paraná a cargo del Estado y la puesta en marcha del Canal Magdalena, todo en manos de una Empresa Estatal.

 

Con esta nota estamos llamando a discutir un nuevo Proyecto de País, el de “para todos” que queremos.

Debería ser motivo principal de debate de todo ciudadano y sobre todo, responsabilidad de cada militante que se precie como tal, dar la discusión y su aporte. Si no las próximas elecciones en las que se necesitan mayorías en las cámaras legislativas volverán a integrarlas los profesionales de la política, el novi@ de alguien o los puestos a dedo y no hombres y mujeres legítimamente surgidxs de la acción colectiva, para el bien de la nación. 

El agua y lo necesario para la vida digna del pueblo argentino no son negociables.

 

Por Enrique Aurelli

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