domingo 14 de julio de 2024 - Edición Nº2048

Análisis | 30 abr 2024

⚡️ La trama energética en Argentina y la oligarquía monopólica


Por:
Enrique Aurelli y Juan M. Abud

Mapeando las redes de producción y distribución de los distintos tipos de energía, con detalles de localización, empresas y entes participantes, producción, ganancias, etc. Incluye al final un listado de fuentes consultadas.

 

La compleja trama energética de Argentina: redes de producción y negocios multimillonarios Argentina posee una infraestructura energética extensa y diversificada, que incluye la generación eléctrica a través de presas hidroeléctricas y centrales térmicas en base a petróleo, carbón y gas natural; la extracción de hidrocarburos convencionales y no convencionales, con epicentro en la formación de Vaca Muerta; el desarrollo incipiente de energías renovables como la solar y eólica; y la participación en el sector nuclear a través de centrales de generación, tecnología de reactores y enriquecimiento de uranio.

 

Repasemos cómo se conforma esta intrincada trama energética del país, identificando las principales redes de producción y distribución en las distintas áreas, con foco en la localización geográfica, los actores empresariales públicos y privados involucrados, los entes reguladores, los niveles de producción y las jugosas ganancias que se mueven en uno de los negocios más estratégicos y lucrativos de la economía local.

 

Generación eléctrica: represas hídricas del Sur y centrales térmicas del litoral.

 

La electricidad en Argentina se genera a través de centrales hidroeléctricas, térmicas y en menor medida nucleares. Las principales represas hidroeléctricas se ubican en la región patagónica, destacando El Chocón, Planicie Banderita, Alicurá y Piedra del Águila. Mientras que varias de las centrales térmicas de mayor envergadura están situadas en torno al litoral fluvial, por la provisión de gas natural y agua. Sobresalen Puerto Norte y Costanera (Ciudad de Buenos Aires); Central Dique (Entre Ríos) y Sorrento (Santa Fe).

 

El segmento eléctrico ha estado históricamente dominado por la estatal Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA) y la también pública Agua y Energía Eléctrica. Pero desde los 90 existe una fuerte presencia de grandes grupos privados como las francesas EDF y Total Austral, las locales Pampa Energía y AES, que controlan centrales y distribuidoras, con altas tarifas y subsidios millonarios.

 

Petróleo y gas: de la Patagonia a los mega yacimientos del norte

En petróleo las principales áreas productoras se sitúan en Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Los pozos marítimos de la Cuenca del Colorado, en el mar Argentino a la altura de Comodoro Rivadavia, extraen más de 100.000 barriles diarios de crudo ligero y gas. Otros grandes yacimientos son Cañadón Seco y Cerro Dragón en Chubut; El Trébol en Santa Cruz; y Cuenca del Golfo San Jorge.

 

Mientras, la formación no convencional de shale gas y tight gas de Vaca Muerta, ubicada en Neuquén, es considerada la segunda reserva más grande del mundo, con capacidad de colocar a Argentina como exportador neto de energía. Pero su explotación, concentrada en YPF y Chevron, aún enfrenta desafíos de competitividad.

 

El gas natural tiene como principal punto nodal al mega gasoducto de TGS que corre paralelo a gasoductos de Transportadora Gas del Norte. Estos entramados transportan gas desde el Sur y Bolivia hacia Buenos Aires y el litoral industrial. Otros conductos estratégicos son el del Noreste Argentino (NEA) y el Entrerriano.

Energías alternativas: gran potencial con lento desarrollo

sistema fagocítico mononuclear.

 

En cuanto al hidrógeno verde, el gobierno impulsa un ambicioso plan de producción en Bahía Blanca a partir de 2026 vía electrólisis del agua con energía eólica y solar para exportar a Alemania, apuntando a ser jugador global.

 

Por el lado de los biocombustibles, Argentina es primer productor global de biodiésel, con epicentro en Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba, donde la industria liderada por renombradas firmas como Renova y Molinos Río de la Plata, con las exportaciones creciendo alto en los últimos años hacia los mercados europeo y estadounidense.

 

Sector nuclear: reactores de potencia y enriquecimiento de uranio

La tecnología nuclear local, desarrollada desde los años 50 a través de la estatal CNEA y altamente calificada ingeniería doméstica, permite a Argentina poseer importantes reactores de potencia como el de Atucha, en Buenos Aires, y el emblemático reactor de agua pesada diseñado nacionalmente que es el de Embalse, en Córdoba.

 

En tanto, en uranio el país también cuenta con capacidad de enriquecimiento de concentrados para combustible nuclear en la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Buenos Aires. Y está desarrollando con Rusia centrales de nueva generación en Formosa y otras provincias.

 

Con este pormenorizado mapeo queda expuesto cómo Argentina dispone de extensas redes gasíferas y conductos; hidroeléctricas y centrales térmicas diseminadas por todo el país; una pujante industria de crudo y más reciente de shale; hasta desarrollo nuclear y de biocombustibles. Una infraestructura energética vasta y diversificada, que sin embargo requiere mayores inversiones y una integración sistémica para potenciar sinergias en pos de la tan ansiada soberanía.

 

El estratégico y polémico sector nuclear local.

 

Argentina cuenta con un desarrollo nuclear propio de avanzada que se remonta a la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1950 bajo la presidencia de Perón. Inicialmente orientado a fines médicos y científicos durante gobiernos de Frondizi y Illia; el sector derivó decididamente hacia la generación eléctrica y propósitos militares durante la dictadura de Onganía, cuando se construyeron las primeras centrales nucleares.

Actualmente, las principales instalaciones nucleares con fines de generación energética o investigación científico-tecnológicapertenecen a firmas estatales como la CNEA, NASA, INVAP e INVAM. Entre ellas destacan:

Central Nuclear Embalse (Córdoba): inaugurada en 1983, posee el primer reactor de diseño y construcción nacional CANDU de agua pesada presurizada, de 600 MW de potencia. Fue sometida a una extensión de vida tras 40 años de uso que le permitirán operar hasta 2030.

Central Nuclear Atucha I (Buenos Aires): pionera en el país desde 1974, tiene un reactor presurizado de uranio natural PHWR de diseño alemán de 357 MW, provisto históricamente de uranio por la empresa brasileña INB y combustible nuclear de la firma canadiense Cameco.

Complejo Fabril Barras Blancas (Córdoba): Planta Industrial de Agua Pesada operada por CNEA, produce agua pesada como moderador de neutrones para los reactores de generación nacional.

céntimo

Centro Atómico Ezeiza (Buenos Aires): Investiga y desarrolla tecnología nuclear de avanzada, incluido un reactor experimental propio (RA-10) y laboratorios de alto nivel de complejidad en física, química y nuevos materiales nucleares.

 

El plan nuclear vigente prevé la construcción de una IV central tipo Hualong china de 1200MW en la localidad de Campana. Aunque el camino no está exento de cuestionamientos ante los riesgos potenciales y falta de debate público sobre la necesidad de esta expansión atómica promovida entre organismos nucleares, Rusia y China.

 

Los grupos empresariales y élites que han lucrado con la trama energética argentina

 

Más allá de los entramados técnicos de generación y distribución analizados, es claro que detrás de esta enorme trama energética subyacen poderosos intereses económicos privados que han sabido capitalizar su posición estratégica para obtener enormes beneficios, muy a menudo en connivencia con sectores políticos.

Diversos grupos empresariales, principalmente de capitales nacionales pero también con participación de firmas extranjeras, han tenido un ascendente histórico que se remonta incluso a principios del siglo XX, manejando los hilos del negocio energético y asegurándose una influencia corporativa determinante en las políticas públicas del rubro, gracias a vínculos de proximidad con la función pública.

 

Algunas de las empresas privadas y familias que más han lucrado a lo largo de décadas en el rubro son:

 

Pérez Companc: Grupo empresario que fue construyendo un imperio energético desde los años 40, expandiéndose agresivamente durante la ola privatizadora de los 90 en el upstream petrolero, transporte de gas, generación y distribución eléctrica en varias regiones del país, incluso con inversiones en Brasil y Bolivia.

 

 

Techint: El holding industrial de la familia Rocca, con orígenes en la construcción de oleoductos y gasoductos desde los 50-60s, también aprovechó las privatizaciones de los 90 para hacerse con el negocio del transporte de gas natural vía compañías como TGS, convertida en virtual monopolio privado del transporte troncal de gas.

 

 

Bulgheroni-Bridas: El emporio de la familia Bulgheroni, iniciado en el negocio petrolero de la mano de Bridas Corporation en la Patagonia en los años 80, hoy expandido a nivel global con Pan American Energy, se convirtió en el mayor productor privado de hidrocarburos del país, con explotaciones en las principales cuencas.

 

 

Grupo Eurnekian: El holding liderado por la familia Eurnekian ingresó en los 90 al sector eléctrico con Edenor y Edesur, las distribuidoras energéticas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, controlando el flujo hacia millones de usuarios cautivos, con un récord en quejas por mal servicio e interrupciones.

 

 

La reseña histórica demuestra cómo estas corporaciones energéticas han tenido un enorme ascendiente, disputando o repartiéndose porciones del mercado a través de contactos e influencias políticas. Con formación de oligopolios privados y altos márgenes de rentabilidad garantizados por Estados débiles y a menudo cómplices. Urge poner candados a estos lobbies que condicionan tanto la política energética nacional.

 

Más allá de estos históricos "jugadores de peso", en las últimas dos décadas han surgido nuevos actores corporativos energéticos, tanto domésticos como internacionales, que rápidamente han adquirido un ascendente económico y político determinante:

 

Grupo Mindlin (Pampa Energía): Con origen en la década del 90, se convirtió en uno de los mayores holdings energéticos del país, con participaciones en exploración y producción de petróleo y gas, generación y comercialización de electricidad, incluyendo hidroeléctricas y térmicas, y más recientemente en el sector de renovables. Liderado por su CEO, Marcelo Mindlin, con estrechos contactos con la política.

 

Grupo Roggio (AES): El conglomerado del empresario Armando Losón se hizo con el control de la firma estadounidense AES, segundo mayor generador privado del mercado eléctrico local, dueño de centrales térmicas y una cartera amplia de clientes. Con gran capacidad de presión y cabildeo en los entes reguladores del área eléctrica.

 

 

BP: La petrolera anglo-holandesa, una de las 7 Hermanas históricas del crudo, desembarcó en Argentina en los 90 y rápidamente se posicionó como líder en producción y exploración off-shore en Cuenca del Golfo San Jorge y mar argentino, disputando reservas fósiles y más recientemente apuntando a Vaca Muerta, siempre con fuerte respaldo diplomático del Reino Unido.

 

Chevron: La gigante estadounidense Chevron se asoció con YPF luego de su renacionalización en 2012 para explotaciones masivas no convencionales en Vaca Muerta, con compromisos de inversiones billonarias, convirtiéndose en socio estratégico y jugador de enorme peso e incidencia tecnológica y comercial en el actual boom de shale oil y shale gas neuquino.

 

Como observamos, el "club energético" local tiene nuevos socios corporativos igual de influyentes, con vínculos fluidos con las estructuras de decisión política, reforzando el fenómeno de captura institucional que urge desarticular para garantizar una política energética al servicio de las necesidades populares.

 

Más allá de los grandes grupos empresariales históricos y las petroleras y eléctricas extranjeras que han dominado el mercado energético local, existen otros actores relevantes que ejercen una gran influencia en las decisiones estatales del área:

 

Sindicatos energéticos:

Los grandes gremios relacionados con el rubro, como los trabajadores de Luz y Fuerza (Sindicato de Luz y Fuerza Capital Federal) y la Federación de Trabajadores de la Industria de la Energía, han tenido vínculos estrechos con los sucesivos gobiernos, negociando leyes laborales a medida de sus intereses y asegurándose beneficios a cambio de apoyo político de sus bases, muchas veces frenando reformas orientadas a reducir subsidios y tarifas que podrían afectar a las empresas donde se desempeñan.

 

importación

 

Grupos tecnológicos nucleares:

 

La delicada tecnología nuclear ha facilitado que un reducido círculo de compañías tecnológicas (INVAP, DIOXITEK) y laboratorios e institutos (CONICET), todos con estrecha vinculación con la CNEA y entidades estatales del sector, hayan establecido desde los años 60 hasta hoy un verdadero feudo de negocios cautivos al calor de convenios, presupuestos millonarios, secretos industriales y débil accountability sobre las actividades del complexo nuclear-estatal.

 

Como observamos, la madeja de intereses y relaciones clientelares entre política, empresas y sindicatos ha sido determinante para entender el modo en que se gestiona la vasta infraestructura energética nacional, casi siempre en beneficio de una élite empresarial, más que atendiendo objetivos de soberanía o justicia social.

 

 

Más allá de los intereses económicos de las grandes empresas, otro factor clave son los vínculos personales e intercambio de favores entre la elite política gobernante y los CEOs de las principales compañías energéticas:

 

Puertas giratorias: la puerta giratoria

 

Un claro ejemplo es el de Juan José Aranguren, expresidente de la petrolera Shell en Argentina, quien luego se desempeñó como Ministro de Energía durante el gobierno de Mauricio Macri entre 2015-2019. Bajo su gestión se eliminaron retenciones a las exportaciones de crudo, se discontinuó el proyecto de empresa petrolera estatal y se facilitaron condiciones offshore en favor de firmas como su excasa Shell.

 

Injerencia corporativa en entes reguladores:

 

Directivos de compañías eléctricas y gasíferas privadas, como Pampa Energía, TGS o Metrogas han ocupado históricamente cargos clave en el ENARGAS, el Ente Nacional Regulador del Gas, determinando normas y controles laxos sobre tarifas, calidad de servicio e inversiones que benefician a sus propias firmas.

 

Puertas giratorias regionales: Exfuncionarios de alto rango en energía pasaron a desempeñarse tras su salida como lobbistas corporativos de grupos energéticos amigos del poder. Como observamos, los estrechos vínculos e interinfluencias entre el establishment político, la tecnoburocracia estatal y los negocios energéticos han configurado una red de poder fuertemente oligopólica y autoreferencial, que requiere imperiosamente rendición de cuentas y contrapesos institucionales.

 

Cabe también destacar el rol de ciertas figuras empresariales energéticas que transcienden sus propios negocios para convertirse en actores de alto impacto mediático y político en el debate nacional:

El locuaz CEO de Vista Oil & Gas, Miguel Galuccio, de amplia trayectoria en Schlumberger y YPF, se erige continuamente como una suerte de "gurú" del shale oil ante cada anuncio Triunfal sobre el potencial de Vaca Muerta, overbook mediático que oculta las dificultades reales que atraviesa la aún poco rentable formación neuquina.

 

El ex Ceo de YPF, el controvertido economista Roberto Lavagna, quien comandó la petrolera de origen estatal en los tempranos 2000, suele pronunciarse como una especie de árbitro de la política y los negocios energéticos, pontificando sobre los destinos de Vaca Muerta o el sector eléctrico desde una pretendida neutralidad técnica discursiva.

 

Incluso el Nobel de Química argentino, César Milstein, cuya emblemática innovación de los anticuerpos monoclonales poco tenía que ver con hidrocarburos, era exhibido con frecuencia como una suerte de aval de la "excelencia científica" que YPF investigación ostentaba en tiempos donde la realidad marcaba una dependencia casi servil de las tecnológicas extranjeras.

Como vemos, el establishment energético local cuenta con diversas figuras, desde CEOs millonarios y economistas de renombre, hasta científicos de prestigio, que cumplen un rol como "referentes morales" con cuota de exposición mediática para solidificar el poder corporativo del sector.

 

La trama energética oligopólica Argentina y sus conexiones geopolíticas globales.

 

Si bien el entramado de compañías privadas nacionales y los vínculos estatales-corporativos en la trama energética doméstica analizados previamente han conformado un ecosistema altamente endogámico, destinado sobre todo a dar ventajas de mercado a selectos grupos económicos vernáculos; lo cierto es que el sector también cuenta con múltiples conexiones con actores foráneos, a nivel empresarial pero también geopolítico.

 

Recapitulemos en primer lugar cómo ciertas familias del establishment energético argentino han tendido nexos socio-corporativos internacionales:

Socios estratégicos

 

El emblemático emporio familiar de los Bulgheroni, controladores de la petrocialista privada Pan American Energy que llegó a estar en el 4to puesto de las mayores petroleras latinoamericanas, ha cultivado un vínculo estrecho con la firma británica British Petroleum (BP): primero desde 1997 como socia subsidiaria en el bloque productivo de Cerro Dragón en el extremo sur patagónico; y más recientemente codeándose también en los megaproyectos de shale oil y shale gas de Vaca Muerta. Un claro ejemplo de cogollos corporativos transfronterizos.

 

Los Rocca, propietarios del colosal conglomerado industrial Techint, aprovecharon su relación cercana con la política menemista en los 90 para asociarse también con la puntera europea Tenaris (controlante italiana de tubos de acero sin costura) conformando un oligopolio binacional que pasó a controlar prácticamente todo el troncal sistema de gasoductos y oleoductos del país.

 

Otro ejemplo relevante: la firma nacional Pampa Energía del empresario Marcelo Mindlin, expandió sus tentáculos eléctricos al calor de la era Macrista para comprar la filial en Argentina de la gigante estadounidense Duke Energy, creando un monopolio virtual de generación y distribución energética en vastas áreas del interior argentino, en connivencia con los gobernantes PRO de provincias como Salta, Jujuy o Neuquén.

 

Relaciones diplomáticas especiales

 

Más allá de los lazos empresariales, el establishment energético vernáculo ha sabido cultivar también fluidos vínculos extraoficiales con gobiernos extranjeros afines, que suelen traducirse en guiños o tratos preferenciales sobre oportunidades de negocios:

Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, Cristóbal López, expandió sus dominios energéticos (petrolera Oil Combustibles, flota de barcazas carboneras, central térmica de carbón Río Turbio) hasta su caída y persecución politica tras el cambio de gobierno en el 2015.

 

La mega constructoradec Odebrecht (luego procesada por la operación internacional de desestabilización de los gobiernos del cono sur por el departamento de estado gringo, Lava Jato) obtuvo también en las dos primeras décadas del siglo contratos millonarios para obras hidroeléctricas binacionales sobre el río Uruguay.

 

Mientras desde hace décadas los contactos orgánicos entre la Embajada Británica, las Cancillerías Argentina y británica de turno, y firmas petroleras anglosajonas como la BP, vienen dando sus frutos a la oligarquía energética al momento de “destrabar inversiones” extractivas en zonas sensibles como Malvinas o el Atlántico Sur, en un tira y afloje diplomático donde el Foreign Office ha sabido imponer sus fichas en el desarrollo de los vínculos de la oligarquía energética local con grandes corporaciones internacionales en cada área de la cadena de producción, distribución y comercialización energética en Argentina:

 

Petróleo y gas

 

Las principales productoras de hidrocarburos locales como YPF, Pan American Energy (PAE) de la familia Bulgheroni, Pluspetrol, Tecpetrol, Chevron e Shell mantienen desde hace años joint ventures de explotación en las principales cuencas sedimentarias con firmas angloholandesas (Royal Dutch Shell, BP), norteamericanas (ExxonMobil, Chevron), malasias (Petronas), chinas (Sinopec, CNOOC) y rusas (Gazprom).

 

Un dato: la mitad del shale oil que se extrae actualmente del yacimiento Vaca Muerta en Neuquén está en manos de la dupla YPF-Chevron. En tanto, en distribución de derivados refinados, grandes jugadores internacionales como Glencore, Vitol y Trafigura controlan más del 30% del mercado de importaciones mayoristas de combustibles líquidos.

 

Generación y Transmisión Eléctrica

 

En el segmento de generación eléctrica poderosos grupos europeos como la italiana Enel, la francesa EDF y la española Iberdrola son dueños de centrales hidroeléctricas binacionales sobre ríos compartidos con Brasil y Paraguay. A nivel de transmisión de electricidad, CHINA posa desde 2017 como accionista privilegiada de la transportista TRANSENER, operando miles de km de líneas de alto voltaje.

 

Energía Nuclear

 

Empresas rusas (Rosatom), chinas (CNNC) y coreanas (Kepco) compiten por megaobras de nuevos reactores nucleares bajo contratos por decenas de miles de millones de USD, apuntando a desplazar viejos socios canadienses y alemanes, siempre con subsidios cruzados geopolíticos de por medio en el complejo tablero nuclear.

 

Comercialización Minorista

 

Las reducidas empresas distribuidoras monopólicas, algunas bajo control de capitales itálicos y españoles como Enel y Naturgy, están obligadas por ley a comprar electricidad mayorista a un ente estatal (CAMMESA) donde las grandes generadoras extranjeras (AES, Genneia) imponen condiciones, en un sistema dual de rentas cautivas para todos.

 

En gas natural los mega comercializadores Metrogas (controlada por la británica BG Group) y Gas Natural Fenosa de España definen tarifas de distribución minorista fijando márgenes de beneficio garantizado exorbitantes, al amparo de un ente regulador cooptado como el ENARGAS.

 

Se observa claramente la fuerte imbricación de estas oligarquías, élites empresarias locales con grandes corporaciones petroleras, eléctricas, gasíferas, logísticas y nucleares extranjeras, que refuerzan el carácter oligopólico y la orientación geopolítica de buena parte de la infraestructura energética en argentina.

 

 

Listado de fuentes consultadas:

 

Balance Energético Nacional 2022 - Secretaría de Energía de Argentina

Mapa Eólico y Solar de Argentina - Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible

Potencial del hidrógeno verde en Argentina - Suplemento Futuro Sustentable diario Clarín

América Economía - Reportajes a empresas del sector energético en Argentina

Artículos de EconoJournal y Energía Estratégica sobre Vaca Muerta y sector de gas natural en Argentina

Libro "Petróleo y Energía en Argentina" de Edmundo Catalano - Ediciones Cooperativas

Publicaciones sobre la industria nuclear argentina - CNEA / NASA

Revista Petrotecnia - Ediciones Instituto Argentino del Petróleo y del Gas

Datos estadísticos de generación y consumo energético - Compañía Administradora del Mercado Eléctrico Mayorista S.A (CAMMESA)

 

 

 

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Enrique Aurelli

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