Análisis | 22 dic 2025
La teología del pueblo vs. La teología de la prosperidad, un choque cultural y político en la Argentina contemporánea
Luis Gotte
La teología del pueblo vs. La teología de la prosperidad, un choque cultural y político en la Argentina contemporánea
-No abordamos cuestiones de fe,
sino procesos geopolíticos. N. del A.-
Al analizar la confrontación entre la Teología del Pueblo, heredada y universalizada por el Papa Francisco, y la Teología de la Prosperidad, difundida por figuras como Dante Gebel, se advierte un choque que excede lo religioso y se inscribe en el terreno de la geopolítica. La primera corriente, nacida en la Argentina, reconoce al pueblo como sujeto histórico y comunitario, portador de símbolos, devociones y prácticas que sostienen la vida común. La segunda, de origen estadounidense, promueve la idea de que la fe es un contrato individual con Dios que se traduce en éxito económico y bienestar personal. En este contraste se juega mucho más que un debate teológico: se define el rumbo cultural y político de la Argentina en un momento de crisis de representación.
La Teología del Pueblo se nutre de la tradición hispana y católica que concibe la comunidad como el núcleo de la vida social. Su fuerza radica en la religiosidad popular, en las peregrinaciones, las fiestas patronales y las devociones que, lejos de ser folclore, constituyen espacios de organización y resistencia. Francisco, formado en esta corriente, la llevó al plano global al insistir en que la Iglesia es el pueblo fiel de Dios, y que la opción por los pobres no es un gesto retórico sino una praxis comunitaria. Esta visión se enlaza con la historia argentina, donde la solidaridad y la organización popular han sido pilares de la identidad nacional, reforzados por el peronismo como movimiento político que tradujo esos valores en políticas concretas de Justicia Social.
La Teología de la Prosperidad, en cambio, se inserta en la lógica del mercado global. Su narrativa promete prosperidad material a quienes creen y aportan, desplazando la dimensión comunitaria hacia un individualismo religioso que se alinea con el neoliberalismo. En términos geopolíticos, esta corriente representa la penetración cultural de un modelo norteamericano que privilegia el éxito personal por encima de la organización colectiva. En la Argentina, su expansión choca con la matriz cultural heredada del mundo hispano y con la tradición política del peronismo, que siempre entendió al pueblo como sujeto histórico y no como suma de individuos aislados.
El avance de la Teología de la Prosperidad puede leerse como síntoma de un cambio cultural: la erosión de los valores comunitarios y la aceptación de un paradigma donde la fe se mide en resultados económicos. Este desplazamiento se vincula con el olvido y el descarte del peronismo como proyecto de comunidad organizada. Allí donde el peronismo proponía Justicia Social y solidaridad, la Teología de la Prosperidad ofrece meritocracia espiritual y éxito individual. Allí donde la Teología del Pueblo rescata símbolos y prácticas populares como formas de resistencia, la Prosperidad los reemplaza por la lógica del contrato y la transacción.
Por otro lado, la Teología del Pueblo expresa una identidad cultural que se resiste a la colonización del mercado y que reivindica la comunidad como núcleo de poder. La Teología de la Prosperidad, en cambio, es parte de un dispositivo cultural global que busca homogeneizar las prácticas religiosas bajo el signo del consumo y la competencia. En la Argentina, este enfrentamiento refleja la tensión entre dos proyectos: uno que apuesta por la comunidad organizada y otro que promueve la fragmentación individual como horizonte. ¿A quién le sirve una comunidad fragmentada?
En definitiva, la confrontación entre ambas teologías es también la confrontación entre dos modelos de país. La Teología del Pueblo se enlaza con la tradición de solidaridad y justicia social que marcó la historia argentina. La Teología de la Prosperidad, con Gebel como figura mediática, representa la penetración de un paradigma cultural que erosiona esos valores y que se expande en un contexto de crisis política y de debilitamiento del peronismo. El desenlace de esta tensión no se juega solo en los templos, sino en la capacidad de la comunidad nacional de sostener su identidad comunitaria frente a la presión de un modelo global que promueve el éxito individual como nueva religión.
Luis Gotte
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