Entrevistas | 22 dic 2025
Soberanía o subordinación: Argentina ante el dilema geoeconómico del siglo XXI
Síntesis estructurada de la entrevista realizada al analista, escritor y militante Ariel Rolfo, en el Programa “Abrazando Distritos” con los Periodistas: Sergio Sangiacomo y Javier Fernandez FM Signos 92.5 - Munro – Provincia de Buenos Aires
- Introducción: El momento argentino en clave geopolítica
Argentina transita una fase crítica de su historia política, atrapada entre tensiones internas históricas irresueltas y un entorno internacional crecientemente inestable.
Lo que en apariencia podría leerse como una serie de medidas económicas o reformas institucionales —como los cambios en la legislación laboral, la reestructuración de deuda o la política exterior reactiva— constituye, en realidad, la manifestación periférica de una disputa estructural interna entre dos modelos antagónicos de pais condicionada por poderes externos por el control politico de argentina y por quien en definitiva impone un determinado modelo nacional.
El país se debate entre dos modelos de desarrollo profundamente antagónicos: uno nacional y popular que afirma la soberanía política y económica como principio civilizatorio, y el otro, el de las minorías oligárquicas que profundiza la dependencia respecto a intereses transnacionales. Esta tensión interna se entrecruza con una transformación del orden internacional, donde el paradigma unipolar liderado por Estados Unidos da paso a una arquitectura multipolar y policéntrica en formación, aún cargada de ambigüedades.
La argumentación realizada propone articular ambos niveles —el doméstico y el global— bajo una misma hipótesis: la soberanía argentina solo puede pensarse hoy como un proceso estratégico de acumulación de capacidades, inserto en un escenario de disputa geopolítica por los recursos, la autonomía decisional y el control territorial. La alternativa no es simplemente entre políticas más o menos liberales, sino entre soberanía activa o subordinación estructural.
- Dos Argentinas: conflicto fundacional y reforma laboral como síntoma
La historia argentina puede ser leída, en clave estructural, como una tensión persistente entre dos proyectos de país. Por un lado, un modelo nacional-popular, de matriz industrialista, con eje en el fortalecimiento del mercado interno, la inclusión social y la soberanía estatal; por otro, una lógica dependiente-exportadora, articulada en torno al capital concentrado, las élites de poder oligárquicas y su conexión con intereses externos. Este conflicto no es algo meramente ideológico, sino con connotaciones profundamente materiales: se expresa en la distribución del ingreso, en la tenencia de la tierra, en el modelo energético, en las políticas de endeudamiento y en la matriz productiva.
Por ejemplo la actual reforma laboral, impulsada bajo la retórica de la modernización y la competitividad, debe leerse en este marco ya que no se trata de una actualización técnica del régimen de trabajo, sino de una ofensiva corporativa local y tambien motorizada por intereses de empresas estadounidenses que operan en el pais agrupadas en la AmCham Argentina para disciplinar a la clase trabajadora, reducir sus derechos y ajustar la economía a las necesidades de las grandes empresas. Lejos de ser neutra, esta reforma responde a una lógica de poder que busca precarizar el trabajo como condición para restaurar o mejorar la rentabilidad del capital en contextos de crisis.
Este proceso se complementa con un colonialismo financiero de nuevo cuño, en el cual la deuda externa funciona como mecanismo de captura estructural. En distintas etapas históricas —especialmente desde la última dictadura cívico-militar—, el Estado argentino ha estatizado deuda privada, ha generado condiciones de “bicicleta Financiera y fuga de dólares, transfiriendo despues el costo de las timbas financieras de elites financieras y grandes conglomerados económicos al conjunto de la sociedad. Así, se consolida un patrón perverso: los sectores dominantes se apropian con mecanismos de especulación financiera de las divisas, mientras despues el pueblo y la nación asumen los costos. En este esquema, el capital externo no solo obtiene beneficios económicos, sino que también condiciona la soberanía política.
- El tablero global: del unipolarismo declinante a la multipolaridad incierta
En paralelo, el escenario internacional atraviesa una transición profunda. La hegemonía unipolar estadounidense, consolidada tras la caída del bloque soviético, muestra signos de erosión acelerada. La globalización neoliberal, sustentada en la deslocalización industrial y la financiarización, ha generado tensiones internas en las potencias centrales, mientras habilita el ascenso de nuevos actores con capacidad de proyección sistémica como es el caso de China que aprovecho este proceso de la Globalizacion Neoliberal.
En este contexto se genera desde el centro del imperio americano una nueva alternativa no globalizadora pero de cuño netamente imperial con Donald Trump no como un nacionalista tradicional, sino como un nacionalista imperial, que reactualiza la lógica colonial de la Doctrina Monroe bajo una nueva narrativa proteccionista.
Su objetivo bajo el corolario Trump expresado en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS 2025) no es el aislamiento, sino el reordenamiento del hemisferio occidental bajo control estadounidense, excluyendo a potencias como China y Rusia de los espacios económicos, logísticos y tecnológicos clave en América Latina.
China, por su parte, ha sabido capitalizar la crisis de legitimidad del modelo occidental. Su estrategia no se basa en la imposición militar, sino en una Diplomacia Economica que crea una gran logística infraestructural con el Cinturón Terrestre y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI - BRI (Belt and Road Initiative) , centrada en la inversión, el comercio y la conectividad. Gracias a este enfoque, a lo largo de la etapa de la Globalizacion ha logrado construir una gran base industrial que es más moderna en lo productivo tecnológico que la de Estados Unidos. Ante estos hechos y su creciente presencia en la región esto genera una fuerte reacción del aparato geoestratégico estadounidense, que percibe en el avance chino una amenaza a su control histórico del “patio trasero”.
Argentina, situada en el sur del hemisferio occidental con incidencia en pasos oceánicos estrategicos y con bastos recursos naturales, energéticos y minerales, se convierte así en un nodo crítico de esta disputa global, atrapada entre dos formas de poder que disputan recursos, influencia y alineamientos estratégicos.
- Territorio y recursos estratégicos: la disputa
En el centro de esta geopolítica se encuentra la cuestión de los recursos estratégicos. Donde América del Sur, y Argentina en particular, concentran activos esenciales para la transición energética global: litio, grandes reservas de gas natural, petróleo no convencional, cuencas petroleras off shore, agua dulce, biodiversidad, minerales y tierras raras, etc.. La región es vista por las potencias como un botín geoeconómico, y su control se vuelve prioridad tanto para asegurar abastecimiento como para evitar el ascenso de rivales.
Esto quedó en evidencia en las palabras de la Generala Laura Richardson y el interés del Comando Sur de EE. UU. en el litio argentino, particularmente en la región del “triángulo del litio” que comparte con Bolivia y Chile. Tambien puede mencionarse en este aspecto por los hechos actuales la relevancia otorgada a de las reservas de petróleo venezolano —la mayor del mundo— como parte de un esquema energético de EE.UU. que combina seguridad nacional, rentabilidad empresarial y control geopolítico.
La Hidrovía Paraná-Paraguay, uno de los corredores logísticos más importantes de Sudamérica, aparece también como un objetivo estratégico. Su “internacionalización”, eufemismo que enmascara su privatización y posible militarización si se otorga su dragado y control al cuerpo de ingenieros del ejército de los EE.UU., puede consolidar una arquitectura de dominación territorial, con la presencia de fuerzas militares extranjeras bajo pretextos de cooperación o seguridad.
El caso de las Islas Malvinas completa este cuadro. Lejos de ser un enclave colonial marginal, funcionan hoy como base aeronaval de la OTAN en el Atlántico Sur, operando como plataforma de proyección hacia la Antártida y la Patagonia. En este entramado, la soberanía no es solo una consigna histórica: es una condición necesaria de la argentina para que los recursos del país no queden subordinados a lógicas ajenas al interés nacional.
- Soberanía: Poder Militar de disuasión y unidad politica supranacional como horizontes estratégicos
Es necesario tener un enfoque estratégico de la soberanía, que vaya más allá del voluntarismo retórico. Para que Argentina pueda negociar desde una posición de autonomía relativa, se requieren dos pilares: capacidad militar de disuasión y plataformas de integración regional.
La disuasión no implica belicismo, sino evitar que actores externos perciban al país como un blanco fácil e indefenso ante pretensiones coloniales. Se trata de reconstruir capacidades militares mínimas, que no sirvan para la agresión sino para evitar la vulnerabilidad estructural. Sin defensa propia, no hay política exterior soberana, sino subordinación a las garantías de seguridad impuestas por otros.
En segundo lugar, la escala nacional ya no es suficiente para resistir la lógica extractiva de las grandes potencias. Es necesario avanzar hacia una reconfiguración del regionalismo sudamericano, ya sea a través de bloques como el Mercosur o lo que fuera la UNASUR que funcione como una masa crítica geopolitica, geoeconómica, demográfica y tecnológica. Esta integración no debe ser solo comercial, sino política y estratégica.
Sólo desde esa neutralidad activa será posible insertarse en el mundo sin caer en alineamientos automáticos ni en falsas opciones dicotómicas entre Washington o Pekín.
- Conclusión Final
El desafío argentino no es solo resistir, sino reconstituir su capacidad de decisión autónoma, reconstruir un Estado con funciones estratégicas y forjar alianzas que permitan sortear las imposiciones de un sistema internacional en transición. El futuro no está escrito: será el resultado de la correlación de fuerzas, la lucidez del diagnóstico y la audacia del proyecto.
En definitiva, el dilema argentino hoy no es entre izquierda o derecha, Estado o mercado, sino entre proyecto soberano de país o ser una zona de sacrificio. Entre una nación soberana o un enclave subordinado a la disputa de otros.
Como diría Don Arturo Jauretche…“De lo que se trata no es de cambiar de collar sino de dejar de ser perro”
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