Análisis | 9 feb 2026
Prisioneros del pasado… o arquitectos del futuro
Ariel Rolfo ✍️
Cuando las personas envejecen debido a tu larga existencia vivencial suelen contar o recordar muchas historias del pasado, algunas positivas y algunas negativas, algunas alegres y otras tristes. Por lo que es lógico que un Movimiento Político Nacional que alberga en su seno una gran diversidad de composición interna en lo social, en lo político, en lo económico e inclusive hasta en lo ideológico como acontece con el Justicialismo, que tiene más de ochenta años de existencia, también es lógico que albergue en su seno muchas historias de distinta naturaleza: anecdóticas, épicas, militantes, de concreciones de gobierno, de defecciones dirigenciales, de sacrificio por la causa y también algunas que por su naturaleza son muy conflictivas y que hasta el presente generan una gran confrontación y polémica interna entre algunos sectores del Movimiento.
Esto último suele pasar con algunos temas como por ejemplo la confrontación respecto de Orgas y tendencias de “derechas e izquierdas” dentro del movimiento en los 70, el papel de sectores del movimiento obrero en distintas instancias históricas, la acción insurgente de organizaciones armadas durante el gobierno justicialista o la acción de organizaciones paramilitares como la Triple A, la significancia histórica de la figura de Isabel Perón, la valoración que se hace de los gobiernos de Menem, Kirchner o Alberto Fernández, etc.
Todas estas polémicas entre sectores con distinta visiones subjetivas son todas legítimas y lógicas que existan. Al pasado siempre es bueno auscultarlo y no olvidarlo para poder repetir los aciertos y no volver a cometer los mismos errores, pero esta polémica legítima también debería reconocer una condición política fundamental: Cuando “La Historia es un arma de Lucha” útil en el presente, ahí es donde cobra superlativamente su valor político, pero cuando es centralmente una fuente de conflicto y división interna es donde muestra su disvalor político deletéreo, por lo que debe ser realizada muy criteriosamente.
El punto virtuoso de superación política a esta dicotomía confrontativa, o ambivalencia de visiones subjetivas del pasado, reside en una cosa, y es; buscar el pasado como herramienta del presente para proyectar el futuro los principios políticos vinculares del conjunto que posibilite la unidad de concepción para la unidad de acción en pos de un Proyecto Político Común, y ello en un movimiento nacional heterogéneo como el peronismo, que logró galvanizar la gran diversidad interna en una fuerza política monolítica, solo podemos hallarlos en los Principios Políticos Unificadores de la Doctrina Justicialista y no buscarlos en visiones subjetivas historias del pasado que validen el presente.
Esto no implica dejar de analizar la historia para buscar sus enseñanzas, las injusticias o ingratitudes vigentes y las verdades ocultas, pero siempre ello supeditado a que la jerarquía otorgada a su génesis no tenga un grado de intolerancia interna o directamente invalide los objetivos políticos superiores, como el de tener una unidad de concepción para una unidad de acción en pos del Proyecto Nacional.
Lo fundamental aquí no es que estemos de acuerdo en los hechos del pasado, ya que siempre habrá legítimamente distintas interpretaciones subjetivas, más aún cuando muchos de los que la interpretan fueron parte viva de esa historia y por lo tanto inevitablemente portadores de una subjetividad interpretativa. Lo fundamental es que estemos de acuerdo en un Marco Conceptual, los objetivos comunes y lo que queremos como Proyecto Político Colectivo Común para el futuro.
Nadie tiene que renunciar a su interpretación del pasado, nadie tiene que renegar de su actuación en el mismo aunque, si la situación lo amerita, sí enaltece mucho la correspondiente autocritica, pero todo ello siempre criteriosamente tiene que estar subordinado a no impedir la Unidad de Concepción y Unidad de Acción, necesaria en pos de los Objetivos Políticos Comunes que nos identifican como Movimiento. Aquí también es aplicable aquella Verdad que dice: “La escala de valores en la acción política para todo peronistas es… Primero la Patria, despues el Movimiento y por último los Hombres”
Por otro lado, salvo sectores politizados del peronismo, a la ciudadanía en general no le interesan esas rencillas políticas internas, sino que específicamente le interesa casi en exclusividad mejorar su situación existencial. Por ello lo central para el peronismo es focalizar en que proponemos concretamente en el presente para mejorar la vida de la ciudadanía. Es cierto que la mayoría de la población actualmente tiene poca empatía con la política, pero es indispensable poder volver a seducirla o enamorarla para a través de la práctica democrática tener una nueva posibilidad de instaurar desde el estado un Proyecto Nacional.
Saber obrar con inteligencia y sabiduría política en el presente implica justamente saber establecer esa jerarquización necesaria para sostener visiones subjetivas del pasado pero siempre subordinadas al accionar político presente ya que si ello no ocurriera dejaríamos de ser Constructores de una Proyecto Político Futuro para pasar a ser simplemente…. Prisioneros del Pasado.
Ariel Rolfo ✍
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