martes 03 de marzo de 2026 - Edición Nº2645

Entrevistas | 3 mar 2026

¿A qué llamamos liberación nacional en la Argentina del siglo xxi?


Hablar hoy de liberación nacional en la Argentina exige una aclaración previa: no estamos en el S. XX. No hay ejércitos de ocupación ni banderas extranjeras flameando en la Casa Rosada. La dominación ya no se ejerce por la fuerza directa, sino por estructuras invisibles: financieras, tecnológicas, culturales y territoriales. Por eso, la liberación nacional del S. XXI no puede pensarse como una gesta épica, sino como un proceso consciente de organización, planificación y recuperación del poder real.

 

Liberarse hoy no es romper con el mundo, sino dejar de ocupar en él un lugar subordinado.

 

Una Nación no es libre cuando decide solo su política monetaria o su alineamiento internacional. Es libre cuando organiza su territorio, gobierna sus recursos, integra su producción y garantiza condiciones de vida dignas a su pueblo. Sin eso, toda soberanía es formal.

 

Argentina arrastra una contradicción estructural: pretende desarrollarse sin haberse organizado. Un país fragmentado, con provincias dependientes y municipios sin autonomía real, no puede construir un proyecto nacional. La provincia de Buenos Aires es el ejemplo más brutal: concentra población, producción y recursos, pero funciona con leyes del S. XIX, un régimen municipal obsoleto y una estructura hipercentralizada que bloquea cualquier estrategia de desarrollo integral.

 

No hay liberación nacional sin federalismo efectivo. No retórico. Federalismo que permita a las provincias asumir su destino y a los municipios gobernar su territorio. Autonomía política, económica, financiera, administrativa y institucional. Cartas orgánicas. Regionalismo productivo e innovación. Planificación del poblamiento. Infraestructura pensada para integrar, no para concentrar.

 

La dependencia ya no se impone solo desde afuera. También se reproduce desde adentro, cuando un país renuncia a pensar estratégicamente y se entrega a dogmas importados. El liberalismo promete libertad, pero deja pueblos desprotegidos. El estatismo promete igualdad, pero sin organización termina en burocracia ineficiente. Ambos fracasan cuando reemplazan la realidad concreta por ideas abstractas.

 

La Argentina del S. XXI no necesita más ideología: necesita organización. Planificación territorial. Infraestructura logística. Tecnología aplicada a la producción. Innovación científica vinculada al trabajo. Articulación real entre campo e industria. Desarrollo con arraigo.

 

Liberación nacional hoy es romper el bucle de la repetición: crisis, ajuste, endeudamiento, dependencia. Es dejar de administrar la emergencia y empezar a gobernar el futuro. Es entender que ningún mercado ordena un país y que ningún Estado improvisado lo salva.

 

Un pueblo no se libera solo votando. Se libera cuando comprende. Cuando deja de aceptar la dependencia como destino. Cuando exige dirigentes que piensen en términos de Nación y no de coyuntura.

 

La liberación nacional en el S. XXI no será ruidosa. Será incómoda. Exigirá reformas profundas, renuncias, conflictos y madurez política. Pero es la única vía para dejar de sobrevivir y empezar a vivir como Nación.

 

Porque un país desorganizado no es libre. Y una Nación que no planifica no tiene futuro.

 

Luis Gotte

La trinchera bonaerense

 

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