viernes 30 de septiembre de 2022 - Edición Nº1395

Patagonia | 7 nov 2021

Por Walter Castro 

El colonialismo multinacional, y su visión liberal de la ecología y lo sostenible

Estamos en manos de filántropos, multimillonarios que promueven una visión liberal de la ecología y lo sostenible, siempre que vayan en consonancia con sus propios intereses económicos. Los que piden un “New Green Deale” son los mismos que ejercen el expolio, por eso debemos reflexionar.


Por:
Walter Castro 

BLUE ECONOMY

 

Los pescadores no son los únicos responsables del daño causado a los océanos. Hoy observemos el papel de las fundaciones “filantrópicas” y las ONG que promueven la “Economía Azul” y el “Desarrollo Sostenible”, que en realidad le están dando un nombre políticamente correcto a la apropiación capitalista de los océanos.

 

Es cierto que la pesca extractiva y sus prácticas modernas son en parte responsables de la generación de pobreza estructural en los países mayoritariamente del cono Sur, donde se practica a escala industrial, así como del dramático declive de la biodiversidad oceánica. Pero, ¿la pesca es la única culpable?

 

Por un lado, no son los únicos responsables del expolio de los océanos del mundo, y hasta los daños causados por la sobrepesca son en realidad limitados en comparación con otras fuentes de contaminación; por otro lado, que el enfoque militante y la consiguiente estigmatización sobre la pesca no nos distraiga de un desastre mucho más grave: que es la postergación del “desarrollo sostenible” de los pueblos donde se practica y la consecuente apropiación capitalista de los océanos bajo el paraguas del concepto “economía azul”*.

 

Este concepto, emergió como “Crecimiento Azul” por el 2012 en la cumbre de “Río+20”*, en donde se expresó la preocupación por los océanos.

 

El concepto se alejó gradualmente de la controvertida idea de crecimiento de los pueblos y se fue acercando peligrosamente a la noción más vaga de la economía de las multinacionales, desde ese momento, se ha utilizado en muchos foros internacionales aunque nunca se lo definió claramente.

 

Como no podía ser de otra manera la Union Europea en su informe “The Blue Economy Report 2019” tomo el término y lo moldeó a la necesidad de las grandes potencias coloniales que la componen y lo definió: “la economía azul permite a las sociedades extraer valor de los océanos y las regiones costeras. Estas extracciones deben estar en equilibrio con las capacidades a largo plazo de los océanos para soportar dichas actividades mediante la aplicación de prácticas sostenibles”….

 

EL ATLANTICO SUR COMO UN VASTO MERCADO DE LAS MULTINACIONALES

 

Por supuesto, la pesca industrial ejercida unilateralmente por las grandes potencias a las que hoy les preocupa el desarrollo sostenible ha causado grandes estragos en nuestro litoral, pero cuando se sabe que el 80 % de la contaminación en el mar proviene de la costa, es mejor buscar en tierra.

 

Una de las mayores fuentes de contaminación son los productos fitosanitarios* que escurren hacia el mar.

 

Según varias explicaciones científicas estos productos alteran el equilibrio biótico de los océanos, favoreciendo, por ejemplo, la proliferación de plancton toxico lo que puede provocar trastornos neurológicos en determinadas especies locales.

 

Y acá nuevamente tenemos que destacar la actitud de Tierra Del Fuego*, al impedir, en el mayor de los silencios y casi sin difusión mediática, la instalación de lo que suponemos sería una cabecera de playa en el desembarco de las granjas ictícolas para la cría intensiva en cautiverio, actividad que ya ha probado ser la causante de serios desastres ambientales en algunos de los países que permitieron su instalación. A dichos desastres debemos sumarle la apropiación por parte de las granjas, de las franjas costeras de las doce millas, así como la postergación y posterior conversión en furtivos de los pescadores artesanales y la desaparición de la flota menor y de media altura por la acción indiscriminada de los grandes factorías propiedad de los abanderados del “desarrollo sostenible”.  

 

Sin ningún lugar a dudas estas prácticas indefectiblemente van a derivar en una catástrofe a escala mundial y no nos referimos precisamente a los peces, sino a esta desproporcionada gobernanza que se jacta de ser global pero que es llevada adelante en la más profunda unilateralidad de las potencias y sus multinacionales.

 

Para comprender mejor lo que nos estamos jugando en el Atlántico Sur con la “economía azul” y el “desarrollo sostenible” tan cacareado por los poderes públicos tecnocráticos y ONG, veamos que las mismas se presentan como pequeñas asociaciones comprometidas y militantes pero en realidad, ¿¿sin quererlo?? son parte del engaño oceánico; en el mismo vemos a los actores y sus verdaderas motivaciones, muchas ONG internacionales tienen fuertes vínculos financieros con los gobiernos y los poderes públicos.

 

Es decir que pese a su retórica fuertemente ecologista, proceden de magnates del petróleo, la minería y varios sectores capitalistas, para los que el océano se parece más a un vasto mercado repleto de góndolas para servirse solo ellos, que a un patrimonio de la humanidad.

 

Estamos en manos de filántropos, multimillonarios que promueven una visión liberal de la ecología y lo sostenible, siempre que vayan en consonancia con sus propios intereses económicos.

 

En este contexto, nosotros los trabajadores somos el sujeto a excluir, porque la lógica mercantilista de la rentabilidad de los fondos de inversión, nos excluyen desde el principio a las iniciativas locales, bajo el discurso falaz de la falta de mano de obra o la remanida poca capacidad instalada o no tener la mejor flota y menos aún que esas iniciativas estén delineadas con el estado o dirigidas por pequeñas estructuras, bajo el engaño del desarrollo sostenible, seremos considerados demasiados frágiles como sector o demasiados arriesgados para los fondos de inversión y las ONG apoyadas por fundaciones privadas.

 

A los sujetos a excluir nos venden que a través del dinero que destruye, nosotros te protegeremos, córranse déjennos a nosotros.  

 

BLUE BELT

Malvinas, Antártida, nudos polimetálicos y el Colonialismo azul

 

La economía azul aparece entonces en nuestras aguas como el derrotero de otro mito: “El desarrollo sostenible”.

 

Es tanta la subestimación hacia el continente y su gente que con este concepto se pretende justificar la continuación y la aceleración de la explotación de los recursos marítimos en nombre mismo de su protección.

 

Este discurso fuertemente utilizado en grandes conferencias internacionales, les permite por un lado, acusar a los pescadores tradicionales de todos los males, pero a su vez ensalzan las bondades del turismo de lujo, la explotación de hidrocarburos en alta mar, la captura del Kril y la extracción de nódulos polimetálicos en zonas supuestamente protegidas.

 

La aceleración y explotación de los océanos está en marcha, aunque tengan que sacrificar el medio ambiente.

Los nódulos polimetálicos hoy están en boca de muchos que ni saben de qué se trata, lo que sí sabemos es que despiertan todo tipo de codicias y con razón, como son una gran fuente de minerales esenciales para la fabricación de productos de alta tecnología, se convierten en un recurso vital para los países occidentales cuyas economías dependen fuertemente de China, país que produce el 97 % de “tierras raras” utilizadas en el mundo.

 

Es por esto que los grandes gurúes avizoran el riesgo de una nueva fiebre por este oro submarino, para satisfacer la demanda de una futura civilización inteligente y supuestamente más verde.

 

Las áreas marítimas protegidas nos muestran como a través de distintas figuras podemos “preservar” los océanos mientras que los estamos sobreexplotando.

 

Así esta economía pretendidamente “azul” se convierte en “Colonialismo Azul”, parafraseando a Guillaume Blanc y su estudio del “colonialismo verde”, podríamos afirmar que la economía azul al igual que su homólogo terrestre utiliza la protección del medio ambiente para desposeer a las poblaciones locales y facilitar lo que podríamos llamar, a imagen y semejanza de la toma de tierras por parte de la agroindustria, la toma de los mares por parte de los fondos de inversión y potencias capitalistas.

 

Aunque de Perogrullo, pero bien sabido es que hecha la ley, hecha la trampa, es el caso de las figuras que se han tejido alrededor de las áreas protegidas.

 

En el caso de Senegal, por ejemplo, mediante la “Santuarizacion” de los manglares comprados por grandes empresas occidentales en busca de créditos de carbono, lo que se traduce en una pérdida de poder de las comunidades locales en beneficio de grandes empresas privadas, hoy se le prohibió  el ejercicio de la pesca para estas comunidades locales.

 

En el caso de las Seychelles, donde “The Nature Conservancy” ejerció presión, el estado insular saldó una parte de   su deuda con las grandes potencias europeas protegiendo gran parte de su enorme zona económica exclusiva mediante la implementación de áreas marinas protegidas (AMP). Sin embargo, el 70 % de las áreas protegidas de Seychelles, que deberían ser verdaderas armas legales destinadas a prever, fueron redactadas autorizando la explotación de minerales, hidrocarburos, turismo de lujo y transporte marítimo pero prohibiendo expresamente la pesca industrial a las comunidades locales.

 

Para el caso de la Argentina tendremos que estar atentos, ya que la arremetida es grande y comenzó en la Antártida, en Malvinas, en nuestra Zona Exclusiva, en las doce millas.

 

Por eso es fundamental que todas las provincias bendecidas por la caricia del mar se pronuncien fuertemente sobre la instalación de granjas en nuestras doce millas?, queremos un Vannamei Argentino?, queremos postergar aún más a la pesca, su industria naval y trabajadores?, queremos nuestro litoral solo para las necesidades de los factorías y poteros extranjeros? Hasta hoy las únicas medidas concretas son la negativa en soledad de Tierra del Fuego para la instalación de las granjas y la puesta en marcha por parte de Inglaterra del programa Blue Belt, así como el traslado de lo que ellos mismos denominan como un despliegue militar a nuestro territorio que hará historia en la Royal Navy.

 

Solo nos quedan interrogantes cruciales para futuro: “podemos preservar los recursos marítimos, a la vez que los sobreexplotamos? Porque salvamos solo una parte de la población y condenamos al resto?

 

Porque indefectiblemente los que se salvan están al norte del Ecuador y los condenados siempre somos los mismos?                

 

Por Walter Castro

Secretario General del

Sindicato de Actividad Naval de Mar del Plata (SANAM)*

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