martes 25 de enero de 2022 - Edición Nº1147

Entrevistas | 18 nov 2021

chile-argentina

"Frente a la usurpación británica, que tiene proyección bioceánica y antártica, este es un conflicto secundario"


Por:
Luciano R. Moreno Calderón

A finales del pandémico agosto de 2021, la Cancillería argentina acusó a Chile de intentar apropiarse de un área de 5.302 km cuadrados que forma parte de la plataforma continental argentina -al este del meridiano 67º16´0-, reconocida por la ONU, y que ahora, por medio de un intempestivo e infundado decreto, el presidente chileno Sebastián Piñera, -avalado luego por el Congreso del país trasandino- busca extender los límites marítimos chilenos sobre el territorio argentino, en total contradicción con lo establecido en el Tratado de Paz y Amistad del año 1984*.  

 

En este marco, Pal’Sur dialogó con el geógrafo Ernesto Dufour, especialista en integración latinoamericana e integrante del Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús, casa de estudios en la que también es docente e investigador.

 

- ¿Qué está sucediendo con esta reacción del Decreto de Piñera y por qué se realiza en este momento?

 

Creo que, en principio, hay tres ejes o dimensiones que nos van a permitir analizar correctamente la situación: la (1) dimensión histórica de los conflictos con Chile a lo largo de la extensa frontera compartida y de la fragmentación en el siglo XIX de lo que estuvo unido durante tres siglos, que devino en una América Latina dividida en diferentes estados nacionales comandados por las elites dominantes de cada lugar; (2) la  cuestión estrictamente jurídica, que se desprende de las diferentes interpretaciones de la letra del Tratado de Paz Amistad de 1984 (Arg-Chi), y; (3) la cuestión geopolítica, que es central y organiza y condiciona las anteriores dimensiones. 

 

El conflicto por los límites marítimos entre Argentina y Chile en el "Mar Austral", se inserta dentro de un entramado de poder mucho más amplio, y que está estrechamente vinculado con la usurpación del Atlántico Sur por parte del Reino Unido y el proyecto territorialista británico de proyección a la Antártida, a partir de incentivar que las puertas de entrada al continente blanco sean Punta Arenas y Malvinas. Este último conflicto sobredetermina la cuestión jurídica, y reactualiza la tradición histórica de rivalidad entre los estados nacionales de Argentina y Chile. Este es el primer pantallazo para caracterizar lo que se desató.

 

- Algunos hablaban que solo eran 5 mil KM -cosa que yo no comparto-. ¿Qué importancia tiene para los fueguinos y para el país, un futuro problema por la proyección antártica?

 

Como geógrafo, lejos de entender los territorios -marítimos o terrestres-, como lo hacía la geografía tradicional como meros receptáculos físicos, donde lo cuantitativo es lo importante y donde lo que interesa es mensurar el tamaño que tiene,  para, desde el punto de vista político, generar un tironeo de sábana corta entre los distintos estados nacionales, dado que el territorio es un quantum limitado que hay que maximizar; desde la geografía contemporánea, los espacios no se reducen a la crasa fisicidad sino que son un elemento indisociable, consustancial y condición de existencia, no solo de los Estados Nacionales, sino de toda comunidad nacional y regional, e incluso, de la propia existencia personal ya que no podemos concebir la vida sin el espacio: por eso algunos teóricos dicen de estos son "instancia constituyente de la propia experiencia vital". Y esa es la real importancia del espacio (territorio). No son, como algunos académicos dicen, meros fetiches que es necesario acumular, sino que son elementos necesarios y constitutivos de la propia existencia: e incluso podría sostenerse que hay una geopolítica existencial en torno a los espacios.

 

Desde el punto de vista de la Antártida, es central este aspecto, porque las potencias se están preparando desde ahora para el escenario post Tratado Antártico que se va a desarrollar alrededor del año 2040; es decir, pasado mañana en términos históricos. Un Tratado Antártico que -hay que decirlo- es presentado en la esfera pública como el sumun del pacifismo internacional y el multilateralismo efectivo, pero que, en rigor, si uno analiza en perspectiva histórica su gestación, lejos de los ideales pacifistas de entendimiento universal y de protección ambiental, se produce por una decisión de las superpotencias (EEUU vs URRSS) en un contexto de post guerra fría, para evitar llevar su disputa estratégica por el dominio mundial a un espacio tan crítico desde el punto de vista ambiental, y en cual debía implementarse un fenomenal despliegue logístico que no era capaz de sostener ninguna de las dos partes aún siendo potencias; y se da en un momento donde todavía no existía la tecnología para perforar el hielo de la Antártida que permitiese la explotación mineral (cosa que hoy si), ademas que en la actualidad se están derritiendo por el calentamiento global.

 

Los espacios están intrínsecamente vinculados desde el punto de vista ontológico a las relaciones de poder, entonces, si uno piensa en el actual proceso de transfiguración mundial con China y Rusia que le disputan el comando estratégico del sistema internacional al bloque noratlántico, estadounidense y anglosajón, ¿quién garantiza que con este cambio de relaciones de poder el Sistema del Tratado Antártico no sufra modificaciones, incluso antes de 2040? Es imprevisible con la flagrante conflictividad en ascenso a nivel mundial, en donde el Tratado Antártico tiene un carácter intergubernamental y por lo tanto existe la posibilidad de que uno de los estados parte vete el tratado: ¿quién garantiza que EEUU no lo vete antes de 2040 tal como lo hizo recientemente , en tiempos de Trump, con el TTP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica)?  

 

- Sin ir más lejos, EEUU explicitó en varias ocasiones y documentos que, por cuestiones de seguridad nacional, pueden ellos iniciar ejercicio de soberanía sobre los territorios antárticos. 

 

Si. Han hecho reservas de derechos. Las potencias lo hacen. Por ello es necesario fortalecer el posicionamiento suramericano en la defensa de la soberanía, tanto Argentina como Chile. Este es un conflicto mayor que sobredetermina, temas como la delimitación de espacios marítimos, y es necesario salir del laberinto por arriba y mancomunadamente entretejer una frazada que nos cubra a todos y nos proteja de la intemperie del orden mundial.

 

- ¿Para vos esto se enmarca en una puja de poderes internacionales que lo fomentan?

 

Si. Como geógrafo, a diferencia de los analistas que provienen de las relaciones internacionales, no veo la geografía como un compartimiento estanco: es decir la esfera internacional por un lado y la esfera doméstica por otro. Ya circulan en las redes el siguiente razonamiento: Piñera propone esto porque está en un proceso de baja popularidad y quiere sacar provecho avalando el patriotismo territorial. A mi entender esta es una mirada muy reduccionista y corta, que deja afuera la esfera internacional, y como geógrafo entiendo que el entramado de relaciones de fuerza se expresa de manera articulada y multiescalar, y no como compartimientos estancos. La política internacional es lo que organiza las diferentes escalas de dimensión del poder. Para entender el conflicto actual por los espacios marítimos entre Argentina y Chile, no podemos verlo como un tema aislado sin un contexto más amplio, como lo es el Estrecho de Magallanes, la proyección antártica e incluso los territorios continentales de Argentina y Chile, y de toda América Latina. Por eso hablamos de procesos multiescalares. 

 

-¿Esto que reclama Chile, originado principalmente por la ampliación del límite exterior de la plataforma continental argentina, tiene algún asidero? 

 

Volviendo al tema de las dimensiones, empezamos por la última -la geopolítica- porque a mi entender es la que tiene primacía sobre el marco jurídico, aunque obviamente este tiene un papel muy importante, en el cual se hace mucho foco sobre la letra y que la redacción no sea polisémica*, ya que puede atentar contra el espíritu del tratado. Pero todo texto puede ser interpretado de manera diversa y es un poco imposible que no sea polisémico. 

 

Vamos un poco a la letra del Tratado de Paz y Amistad de 1984, que establece en el Mar de la Zona Austral, de manera muy precisa, por dónde pasa el límite marítimo entre Argentina y Chile. El tratado, desde la perspectiva argentina se basaba en un principio no escrito sino político: "Argentina en el Atlántico y Chile en el Pacífico". Desde la perspectiva chilena, esto fue aceptado solo a regañadientes en 1984 por la mediación papal. Siempre Argentina sostuvo que, desde el tratado de 1881, se estableció como criterio divisorio la cordillera de los Andes -desde Jujuy al Cabo de Hornos- como principio no escrito, pero Chile dice que no, por eso, en la letra del tratado en ningún  momento aparece la palabra Pacífico o Atlántico. 

 

En el Tratado de 1881, el principio que primó para la división entre Argentina y Chile en los espacios continentales fue el "división de las aguas", es decir, la parte más alta de la cordillera las aguas van para un lado o para otro. Este principio que cierra en los papeles, en el territorio es muy difícil de aplicar, como ser el caso de los valles. Ante esta situación ambos países establecieron que en los casos puntuales que por naturaleza geográfica sea difícil aplicar este criterio, iba a llevarse ese territorio a arbitraje internacional. En ese momento se eligió a Inglaterra como árbitro, y se resolvieron muchos puntos en controversia de los espacios continentales. 

 

Hoy los representantes chilenos alegan que como la Cordillera continúa y se sumerge, hay que aplicar el mismo principio de división de aguas en los espacios marítimos, y argentina dice que no, porque los espacios marítimos a diferencia de los espacios terrestres, tienen como atributo intrínseco a su naturaleza la difícil asignación de soberanía de jurisdicción, por sus características, por lo que deberían tener un tratamiento especial, como las otras áreas donde no se podía aplicar el citado principio -como en el caso de los valles-. Hubo una adenda a ese tratado de 1881, en 1893, donde, dice Argentina, quedó establecida implícitamente el principio de "Argentina en el Atlántico y Chile en el pacífico". Pero Chile sostiene que no, porque si se toma el criterio de división de aguas, desde el punto de vista de la proyección de soberanía y jurisdicción que siempre se hacen a partir de las líneas de base terrestre, le corresponden millas marinas hacia el Atlántico. 

 

Cuando se firmó el Tratado de 1984, ¿cómo era el Derecho del Mar de ese momento? La convención del Mar se había creado en 1982 y, hacia 1984, la CONVEMAR establecía que los Estados tenían derecho a reclamar derechos jurisdiccionales en las Zonas Económicas Exclusivas de los mares hasta la milla 200, partiendo de las líneas de base terrestres, y que los Estados que tengan plataforma continental tienen derecho económicos exclusivos sobre lo que suceda en la columna de agua, lecho y subsuelo de dichas plataformas. A posterior, la CONVEMAR, en la década del 90, estableció que aquellos estados que puedan demostrar que sus plataformas continentales van  más allá de la milla 200, tienen derechos jurisdiccionales hasta la milla 350. Este es un criterio que conjuga lo jurídico con lo geomorfológico, entendiendo la plataforma continental como una prolongación del territorio continental. 

 

Ahora bien, en 2009, la Comisión para Ampliación del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA)* hace una presentación luego de un estudio de más de 20 años, que es tomado como leading case a nivel mundial, donde demuestra científicamente que la plataforma argentina excede las 200 millas y en la zona de conflicto, al sur de Tierra del Fuego, en el Mapa de la COPLA*, puede verse una media luna en azul o uña invertida, que muestra el área que amplía la plataforma, proyectando hacia el sur el "principio de Argentina en el Atlántico".


 
El tratado dice, en ese punto, que el estado chileno tiene derechos hacia el Sur y hacia el Occidente hasta donde se lo permita el derecho internacional, y al oriente -al este- se deslinda el área jurisdiccional chilena con el altamar. En lenguaje jurídico altamar significa más allá de la plataforma continental y la jurisdicción de los Estados. Hacia 1984, se creía que mas allá de las 200 millas era altamar esa zona que muestra la medialuna azul a la que hacemos referencia.  

 

-Claro, ahora como se amplió el límite exterior de la plataforma continental, Chile sostiene que le corresponde esa parte, que fue la que la ONU avaló en 2016...

 

Exactamente. Y ese es un argumento muy fuerte que la Comisión ad-hoc que analizó el caso argentino de la CONVEMAR haya dado por validada esa presentación argentina.

 

Pero Chile ahora sostiene que como no es alta mar, sino que esa "uña" es prolongación de la plataforma continental, puede proyectar, a partir de sus islas debajo del Canal de Beagle (Navarino y otras islas aún más australes) sus 200 millas buscando altamar, porque considera fuera del tratado de 1984 esa área. Ahora bien; ¿qué dice la CONVEMAR?: cuando, en el mar se superpone el área pretendida por dos estados debe iniciarse acciones bilaterales para marcar la línea divisoria. Chile, en este aspecto, con la presentación de la modificación de la carta Náutica oficial de Piñera, está desconociendo el principio de "Chile en el Pacífico y Argentina en el Atlántico", como históricamente lo hicieron.      

  

Pero insisto en esta idea: frente al conflicto mayor, que significa la usurpación británica con intereses hacia el paso bioceánico, al Atlántico Sur y a la proyección antártica, este es un conflicto menor y secundario. La historia entre Argentina y Chile no solo está marcada por conflictos limítrofes sino que también en nuestros legados históricos y culturales hay muchos elementos que van en la dirección de la cofraternidad, partiendo del "Abrazo de Maipú"* entre San Martín y O`Higgins. Acá lo importante, desde el punto de vista estratégico es desactivar la histórica rivalidad que solo es funcional al poder británico en su avance y consolidación en el Atlántico Sur. 

 

-¿Cual crees que sería la mejor salida de esta situación?

 

Recuperar algunos legados históricos y culturales. Por ejemplo: en 1953 Argentina (Perón) y Chile (Ibáñez) firmaron unos acuerdos de Antártida Sudamericana* que, en el caso de que no se renovara el Tratado Antártico, desde el punto de vista jurídico, volvería a entrar en vigencia. ¿Y que establece ese tratado que está congelado porque se sobrepuso otro tratado?: que tanto Argentina como Chile se reconocen derechos mutuos de soberanía en la Antártida, dejando a futuro la forma de delimitación al igual que lo hicieron muchas veces a lo largo de la historia. 

 

Como el entendimiento político-estratégico tiene primacía por sobre la formalidad juridicista, nada impediría buscar fórmulas compartidas en el marco de los procesos de integración y cooperación profunda entre Argentina y Chile y todos los países de América latina, buscando nuevas fórmulas jurídicas que permitan salir del laberinto por arriba. 

 

El Gral. Leal, el precursor de la presencia argentina en la Antártida, sucesor de la obra del Gral. Pujato*, sostenía que no hay forma de que ni Argentina ni Chile puedan defender su soberanía sobre la Antártida, si no se latinoamericaniza la soberanía en dicho continente.

 

Los procesos de integración y por otro la defensa de los derechos argentinos en el Atlántico Sur, no pueden reducirse a meros postulados retóricos restringidos a la esfera diplomática; sino que requieren políticas de estado de carácter estratégico que atraviesen transversalmente las fronteras de los países latinoamericanos, e involucre a los pueblos, desactivando esas picas históricas tan instaladas de un lado y del otro, de que tanto argentina como chile son “países expansionistas”: algo que solo es funcional a los intereses imperiales y a la fragmentación de nuestro continente. 

 

Sino uno parte de esta premisa, se abre un horizonte de políticas de estado concretas, en territorio, que nos permitiría fortalecernos en la defensa de nuestros derechos en la Antártida. Por ejemplo:Cesar Augusto Lerena propone agregar cláusulas en los convenios del MERCOSUR en materia de pesca. Uno puede imaginar el desarrollo de polos logísticos entre Punta Arenas y Ushuaia para abastecer bases antárticas, rompiendo la alianza de hecho que existe entre la usurpación británica en Malvinas y los intereses chilenos con base en Punta Arena. Hay un conjunto de políticas que se habilitan partiendo de otras premisas.

 

-¿Que te pareció el accionar del Gobierno nacional y la Cancillería ante esta situación?

 

Lo que se está haciendo es condición necesaria pero no suficiente. El problema no se resuelve con presentación de notas diplomáticas, y ni siquiera con conversaciones de más alto nivel (entre presidentes), sino que tiene que traducirse en políticas mancomunadas, o políticas regionales conjuntas, que nos permitan tener presencia efectiva, tanto chilena como argentina, en los espacios australes y en la Antártida. Existen iniciativas que se pueden elevar de rango jerárquico, como ser el caso de lo que establece el Tratado de 1984, que crea Patrulla de Mar Conjunta, y la RAPAL red Antártica Latinoamericana, en la que participan países que tienen bases científicas en la Antártida. O que, como dice Augusto Lerena, Argentina y Chile declaren a la Antártida patrimonio latinoamericano preparándonos al escenario post tratado antártico.

 

-¿Vos harías reclamos y repudios, como van a hacer e hicieron las legislaturas de algunas provincias?

 

Hay que hacerlo, pero habría que observar el tono, para que eso no favorezca la histórica rivalidad y la profundice: no se trata de tirar de la sábana con más fuerza o argumento, sino entretejer una manta que nos cubra a todos. Y ese trabajo de integración profunda lamentablemente ningún gobierno lo hizo. Por imposición de los hechos, lo que la actualidad reclama es el relanzamiento de los procesos de integración bajo nuevas coordenadas vitales que involucren a los pueblos y sus territorios, porque los territorios no son solo meros receptáculos físicos, sobre todo cuando uno piensa en la enorme cantidad de riquezas que tienen nuestro mares australes y la Antártida, ahí tenemos recursos para resolver los problemas que laceran a nuestros paises como pobreza y falta de trabajo productivo. Acá lo importante es establecer un horizonte mancomunado, algo que vaya en contra de la perspectiva de “patria chica”, de que los estados nacionales tienen que apartarse del vecino considerándolo ajeno y amenazante. 

 

- Convengamos que esto que está haciendo el gobierno de Chile con el posterior aval de su Congreso, seguramente va a tener alguna implicancia a futuro, si nosotros decidiéramos (cosa que no comparto) entregar esos 5000 km, ya que si se presentara el caso de negociación bilateral con Chile por la soberanía antártica, el territorio que hoy reclaman, si fuera aceptado por Argentina como chileno, le daría a Chile más territorio antártico por proyección: lo que terminaría significando su expansión. 

 

Hay que ver en qué marco se da esa negociación. Acá hay que salir del toma y daca*. Lo que hay que hacer es un proyecto de mediano y largo plazo que contemple los intereses de cada una de nuestras naciones, frente a una hipótesis de conflicto mayor (como por ejemplo el Reino Unido). El desafío del orden mundial actual, no son los viejos estados nacionales, sino lograr "estados continentales industrializados" como lo son China, Estados Unidos y Rusia. El contexto mundial abre una puerta histórica para el relanzamiento de la unidad continental, no solo sobre bases éticas, políticas y culturales, sino - además.-  sobre bases estratégicas y hasta existenciales.

 

Este gobierno debe empezar a hacer negociaciones con Chile, y el que sigue tendrá que hacer lo propio. Lo que hay que hacer es desactivar la histórica rivalidad, porque eso es funcional al poder y los intereses británicos. El desafío que nos toca como Nación es inventar nuevas políticas regionales, como comunidad y estados mancomunados, en territorio.    

 

 

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