lunes 22 de julio de 2024 - Edición Nº2056

Análisis | 12 nov 2023

🪚 El liberalismo económico como pretexto para el subdesarrollo permanente


La doctrina económica liberal, también llamada doctrina clásica, fue publicada por Adam Smith1, a fines1 del siglo XVIII, en el mismo año (1776) de la independencia de EEUU.

 

Fue un texto claramente elaborado en función de las necesidades del viejo Imperio Británico, el cual por esos años ya tenía en pleno desarrollo su potencial industrial y tecnológico, con lo cual pretendía ser el excluyente taller del mundo, teniendo como proveedores dóciles de materias primas al resto de las naciones, y a las colonias que tenían en África, Asia, América y El Caribe.

 

Ese desarrollo industrial, tecnológico y de logística, no fue casual y menos aún consecuencia de “los mercados”, de “los privados”; pues es muy claro e irrefutable desde la verdad histórica, que todo eso se consiguió en base a un fuerte y permanente accionar estatal de Gran Bretaña, con fuerte intervencionismo,  respondiendo a Políticas de Estado, las que buscaron -y lograron-, la supremacía mundial total, la cual se mantendría incólume hasta la Era Victoriana; o sea poco más de un siglo en el cual “La Rubia Albión” lideró sin competencia alguna, a escala planetaria.

 

Adam Smith, el creador de la Doctrina Clásica de Economía, no tuvo ningún prurito en tergiversar o acomodar sus conclusiones, pasando por sobre evidencias contundentes, que refutaban su instrumento académico pergeñado claramente al servicio de los intereses del Imperio.

 

Nada dijo que un poderoso instrumento para el desarrollo económico británico, fue que, como política de Estado, se apoyó la creación y consolidación de una enorme flota mercante, de propiedad y con marineros británicos, la cual estaba apoyada por la muy poderosa Royal Navy, la marina de guerra; ambas las mayores del mundo, al menos por un par de siglos, hasta el período de interguerras mundiales, en el siglo XX. Intervencionismo estatal puro y duro, lo cual contradecía el ultra privatismo del liberalismo económico.

           

También la captación de hábiles artesanos, de técnicos diversos y otros trabajadores especializados (para esas épocas), y burguesías industriosas y comerciantes, provenientes de otros lugares de Europa, todo eso respondió a un fuerte accionar estatal, sin el cual no se hubiese dado la fuerte eclosión tecnológica, científica y económica, en las que se basó el rápido proceso de desarrollo técnico y económico británico (del Estado devenido después en el Reino Unido).

 

En 1703 se rubricó el Tratado de Methuen, por el cual Gran Bretaña se comprometió a comprar toda la producción de los excelentes vinos portugueses (que los lusitanos hubieran podido vender a otros mercados con facilidad), además otras materias primas y productos básicos, a cambio de la total apertura de Portugal, a los productos manufacturados británicos. 

 

Todo eso tuvo pésimas consecuencias estratégicas para Portugal, pues esa política de “aduanas abiertas” para las producciones británicas, impidió el desarrollo industrial y tecnológico propio de Portugal, que vegetó atado a la economía primaria, desde el siglo XVIII, hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando el pequeño país lusitano fue finalmente aceptado en la Unión Europea.

 

Ya en el colmo de las tergiversaciones, o practicando hipocresía pura, Smith afirmó (muy suelto de cuerpo), que el Tratado de Methuen “perjudicó a Gran Bretaña” …exactamente al revés de la evidente realidad. No se preocupó en probar dicha osada afirmación.

 

El liberalismo económico se montó sobre dogmáticas afirmaciones, como el mito de “la mano invisible de los mercados” … la cual supuestamente solucionaría todos los problemas y evitaría las crisis económicas. De nuevo, la realidad, con su irrefutable contundencia, echó por tierra esas falsas y disparatadas afirmaciones, que los grandes poderes imperiales buscaron y buscan tapar con montañas de palabreríos huecos y falsas afirmaciones, para desviar la atención de crédulos y mal informados; falsedades sobre las que se montan los personeros de los Intereses Creados Transnacionales, revestidos con ropajes liberales, neoliberales, o anarco libertarios… mientras que cuentan con fuerzas de choque de progresías fuera de foco, manipulables por creencias dogmáticas supuestamente “de avanzada”, pero que son funcionales a aquellos Poderes Transnacionales.

 

Ya a mediados del siglo XIX, el economista alemán Friedrich List, destrozó la sumatoria de falacias liberales, en su contundente libro Sistema Nacional de Economía Política, cuyos sólidos fundamentos fueron la base doctrinaria para las “desobediencias” al dogmatismo económico liberal, que fueron practicadas por Alemania y EEUU, desde los años ’70 o poco antes, del siglo XIX, para sus poderosos procesos de desarrollo e industrialización, en base a los cuales para la época de cambio de siglo (1900), ambas nuevas potencias industriales estaban superando al Reino Unido, por volúmenes de producciones y por desarrollos tecnológicos.

 

Todos los países que sucesivamente salieron del subdesarrollo y se industrializaron, lo hicieron en abierta oposición a las “leyes” y dictados económicos de la perniciosa doctrina liberal. Y todos ellos tienen Estados fuertes, con políticas intervencionistas y reguladoras, independientemente de cual sea la Orientación Política que sostengan y apliquen.

 

Hoy cabe afirmar que además de los perfiles económicos “clásicos” teóricos de capitalismo ultra privatista y comunismo ultra socialista, existen diversas formas de Capitalismo de Estado, tantas como naciones que las practican.

 

Aun las naciones o bloques de naciones, que claman y predican el “libre mercado”, son fuertemente intervencionistas, como lo son los de la Unión Europea, el Reino Unido, Japón, Corea Del Sur e incluso EEUU, entre otros pocos más; y así lo son, a sus modos propios, pero notablemente exitosas, las Potencias Emergentes del crecientemente poderoso grupo de los BRICS, sin agotar el listado de naciones que practican diversas versiones del Capitalismo de Estado.

 

No puede sorprender que, las potencias aglutinadas en el Bloque Atlantista, prediquen y presionen para imponer el modelo de crudo liberalismo absoluto, y más aún, de las perniciosas prácticas del neoliberalismo (versión recargada del liberalismo dieciochesco), pues esas presiones fuertes y desembozadas, son componentes esenciales del Neocolonialismo del Siglo XXI, al cual pretenden subordinarnos mediante acuerdos de “libre comercio” (léase de desindustrialización asegurada para nosotros), mientras que con esos y otros instrumentos de presión buscan transferirnos sus crisis y volvernos dóciles proveedores de materias primas, adquiridas a precios viles o poco más. 

 

Tales casos de acuerdos de “libre comercio” que nos quiso imponer EEUU con el ALCA (rechazado en la Cumbre de Mar Del Plata), y el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, que ahora presionan fuertemente para someternos a él, con las complicidades de personeros locales del neoliberalismo salvaje, estos últimos, constantes promotores de nuestra desindustrialización.

 

Otra herramienta del Bloque Atlantista, para frenar o destruir nuestro desarrollo, es la imposición de políticas ultra ecologistas, montadas sobre la excusa del cambio climático… del cual son principalísimos responsables las grandes potencias económicos, ¡de ningún modo el mundo subdesarrollado!

 

Varios economistas de renombre, refutaron los dogmatismos del liberalismo económico, entre ellos el argentino Aldo Ferrer, Thomas Piketty, Ha-Joon Chang, entre otros; el último de ellos con su breve y contundente libro, de muy claro título: “Quitando la Escalera”, el cual grafica que las potencias industriales pretenden impedir nuestro desarrollo, quitándonos las herramientas que ellos usaron para salir del subdesarrollo.

 

Como claros ejemplos del doble discurso de las potencias supuestamente “liberales privatistas” en sus propias economías, cabe citar seguidamente algunos de los muchos casos, (pues citar todos nos llevaría a redactar una enciclopedia del doble rasero de esos intervencionistas en sus economías), que nos quieren imponer enanizar nuestros Estados, para desregularnos y destruir nuestros desarrollos sociales, industriales y tecnológicos, llevándonos al subdesarrollo crónico.

 

•           Las tareas de exploración y explotación de gas en Alaska, incluso en el Ártico, contaron con fuertes respaldos estatales de EEUU. 

•           La exploración espacial, no se hubiera concretado, sin la NASA, ente estatal. Lo mismo respecto a las Agencias Espaciales de la Unión Europea, de Rusia, China e India.

•           Francia, manejada por personeros del establishment europeísta, predica y presiona por imponernos políticas ultra liberales …pero en lo interno practica fuerte proteccionismo con poderosas subvenciones estatales, para mantener sus producciones agropecuarias, a costos mucho más elevados que si importaran esos productos. Pero prioriza lo nacional, en base a objetivos de estrategia geopolítica, y al mantenimiento de la mano de obra y empresas que dependen de esas actividades.

•           La Francia de posguerra, bajo la conducción del “Gran Charles” De Gaulle, estatizó o mantuvo en la égida estatal, o adquirió el Estado parte de las acciones, de varias empresas consideradas de importancia estratégica, para evitar que sean absorbidas por el expansionismo financiero de EEUU, la gran potencia excluyente de esos años. Eso sucedió con Renault, Matra-Mirage, Air France, PSA (Peugeot-Citroën), Airbus, las Empresas Energéticas, y otras. Como referencias, los aviones Mirage y Super Etendart, y los misiles Exocet (de destacadas actuaciones en la Guerra de Malvinas (o del Atlántico Sur), fueron y son producidos por Empresas del Estado. Pero Francia y Alemania, como principales potencias de la UE, nos presionan para volvernos a la inviable Argentina pastoril – semi feudal, del siglo XIX.

•           China e India, superaron los horrorosos cuadros de recurrentes hambrunas, pasando a gozar de superiores niveles de vida, y a ser poderosas Potencias Emergentes, en base a fuertes intervencionismos de sus respectivos Estados, permitiendo y fomentando inversiones privadas propias y extranjeras, pero con sus Estados activamente presentes para priorizar los Intereses Nacionales.

•           Rusia salió del cuadro de crisis profunda que la iba llevando a la disolución nacional, de la mano de fuertes políticas estatales, implementadas desde el cambio de siglo.

•           Brasil basó su muy fuerte y persistente desarrollo, facilitando las inversiones y radicaciones de empresas industriales, bajo fuerte intervencionismo estatal en sectores claves, como el de la Energía, concretando un enorme plan de desarrollo hidroeléctrico, para proveer el vital fluido a sus industrias y a su pueblo, a la vez que buscó limitar las cuantiosas importaciones de petróleo, en décadas en las que aun sus producciones de petróleo y gas eran muy reducidas, en función de su enorme mercado interno.

•           Los muchos ejemplos del tema, no se agotan en ese breve listado.

 

Volveremos a analizar aspectos conexos del tema, siempre si Dios quiere.

 

MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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