domingo 14 de julio de 2024 - Edici贸n N潞2048

Opini贸n | 2 ene 2024

modelo de la destrucci贸n planificada

馃悕 El horror econ贸mico como estrategia de disoluci贸n nacional


Viviane Forrester, en su muy didáctico libro “El Horror Económico”, describió la metodología de forzar la implantación de aberrantes medidas económicas que provocan un caos, con intencionales desastrosas consecuencias sociales y económicas, cuyo objetivo es precisamente instalar y profundizar el contexto de caos, que provoque desesperanza crónica en la población, para que sumisamente acepte cuanta aberración socio económica y entrega vil de soberanía sea implementada por los perpetradores del caos.

 

Esa operatoria es calcada en sus objetivos, respecto al “ajuste gradual” que hizo Macri en sus cuatro años de (des)gobierno intencional, y es lo que dijo pensaba hacer “con mayor rapidez” (léase con total brutalidad) si el electorado le hubiese concedido el “segundo tiempo”, como eufemísticamente llamó a su frustrada intención de volver a ganar en las elecciones.

 

En el sui generis gobierno actual, que bien podría definirse como “Milei al gobierno, Macri al poder”, precisamente se está aplicando con toda crudeza el Horror Económico, descripto por V. Forrester.

 

Ese libro, un clásico de literatura político–económica, se complementa muy bien con “La Doctrina del Shock”, de Naomí Klein, y un par más de excelentes libros de esta escritora, obras todas ellas que describen los procesos forzosos de destrucciones socio económicas y desarticulación estatal, pergeñados y perpetrados por los factores transnacionales del Poder Económico Financiero que operan por medio de sus subordinados locales para desguazar Estados, como metodologías de implantación de la Globalización Salvaje.

 

Esos contextos de caos intencionalmente provocados, tienen como consecuencias miseria generalizada; caída abrupta de los salarios reales: aumento acentuado de la desocupación, que en muchos casos pasa a ser crónica; freno destructivo a las actividades económicas; cierres masivos de industrias, con aumentos de actividades especulativas; brutal concentración de la riqueza en pocas manos; explícito desaliento a las actividades productivas, sobre todo las industriales y tecnológicas; involución económica forzosa a la rápida desindustrialización; desprecio explícito a todo concepto de soberanía nacional; desguace brutal de todo indicio de la Economía del Bienestar (con particular saña destruyendo la Salud y la Educación Públicas); freno intencional a las muy necesarias obras públicas, las cuales es sabido que tienen fuerte efecto multiplicador, el cual se anula intencionalmente; todo ese combo destructivo es forzadamente perpetrado con inusitada rapidez; usualmente con la falsa excusa que “no existen alternativas”; lo cual apoya la claque monocorde de medios concentrados manejados por los mismos factores del Poder Real que provocan el intencional desguace generalizado socio económico. 

 

Claramente, bajo la excusa de implementar supuestos necesarios ajustes económicos (ante problemas que los mismos supuestos “solucionadores” de hoy provocaron no mucho tiempo atrás), lo que en verdad buscan es una muy fuerte concentración de los ingresos, en un marco de regresión al contexto de una economía primarizada a presión (forzando la involución al perimido e inviable contexto de país–estancia, del siglo XIX), lo cual se busca perpetrar sin oposición, al fomentar la resignada apatía, en un contexto de amenazas explícitas de represiones brutales si el pueblo sale a las calles a expresar el descontento y el rechazo al genocidio económico en plena perpetración.

 

Las muy claras amenazas de fuertes represiones tienen el doble mensaje intimidatorio de la violencia explícita (con antecedentes de muertes nunca aclaradas en operativos “disuasivos” montados en el anterior gobierno neoliberal, por funcionarios que vuelven a estar en similares funciones represivas), y las amenazas de cortar planes sociales a quienes se manifiesten en las calles.

 

Todo ese caos destructivo se ejecuta con la explícita connivencia y apoyo, de la muy ultra conservadora SRA (Sociedad Rural Argentina), la misma que aplaudió y apoyó al dictador usurpador del poder Videla, y que pocos años después, silbó y abucheó al presidente democrático Alfonsín.

 

Claro está, que evaluando la Historia, que tanto enseña si se la analiza con rigurosa objetividad, se puede constatar que la por entonces recién creada oligarquía campera (en años del mitrismo), constituyó la SRA, en el mismo período en que se perpetraba el genocidio brutal de la Guerra de la Triple Alianza.

 

“Negocios son negocios” podrán decir los que priorizan el enriquecimiento personal al como sea, omitiendo que al propio tiempo en un baño de sangre se destrozaba a un país hermano, con financiación proveniente de “La Rubia Albión”.

 

Contradictoria e impresentable resulta la constante postura de la Unión Industrial Argentina, que con cierta sutileza apoya a posturas de “libre mercado”, las que en rigor son claramente industricidas… pero a esos dirigentes solo parecen preocuparles las leyes de cobertura sociales -a las que siempre con cierta sutileza atacan-, y las facilidades para enviar remesas de divisas al exterior.

 

Otras instituciones de vieja raigambre, como la Bolsa de Comercio y similares, así como determinadas asociaciones profesionales, tampoco parecen evidenciar descontento alguno, ante las medidas que conforman el Horror Económico, implementado ahora con metodología explicada en La Doctrina del Shock.

 

Muy preocupante, pues todo esto nos lleva a acercarnos a la concreta amenaza de disolución nacional, operatoria que ya se perpetró contra otras naciones.

 

MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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