domingo 14 de julio de 2024 - Edici贸n N潞2048

Soberan铆a | 23 mar 2024

馃嚘馃嚪 Per贸n, pol铆tica internacional y educaci贸n


Por:
Elio No茅 Salcedo 馃

Frente al agudo proceso de “globalización” que sufrimos, en realidad un acuciante proceso de recolonización, resulta bueno recordar las palabras del general Perón sobre ese proceso de universalización que tarde o temprano advendrá. “Tiene que tenerse presente -advertía Perón- que el mundo en su conjunto no podrá constituir un sistema sin que a su vez estén integrados los países en procesos paralelos. Construir el mundo en su conjunto exige liberarse de dominadores particulares. Mientras se realice el proceso universalista, existen todavía dos únicas alternativas para todos los países del Tercer Mundo: neocolonialismo o liberación”. No es lo que está pasando, pues, en el marco de semejante globalización, tanto argentinos como latinoamericanos seguimos desunidos, dominados y en proceso acelerado de neo o recolonización.

 

En otro momento de la exposición de sus tesis latinoamericanas, Perón señalaba: “Ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice. Los países deben unirse progresivamente sobre la base de la vecindad geográfica y sin imperialismos locales y pequeños”. ¿Podemos considerar a nuestros países y a nuestro continente “realizados”, para pensar, por ejemplo, en un proceso de “internacionalización de la educación superior”, como se lleva a cabo en nuestros días? ¿Están integrados o en vías de integración nuestros países? ¿Han desaparecido los dominadores particulares? ¿Estamos transitando la etapa universalista? ¿Estamos haciendo nuestra propia historia, o la que quieren los mercaderes y/o los organismos internacionales? ¿La “internacionalización de la educación superior” o la globalización de la economía, no está más cerca del neocolonialismo que de la liberación?

 

Tampoco deberíamos dejar de lado esta otra advertencia: “Si esa integración universalista la realizara cualquiera de los imperialismos, lo harían en su provecho y no en provecho de los demás”. Por eso, el Tercer Mundo –en este caso en particular América Latina y el Caribe- “no dejará en el futuro que los imperialismos puedan resolver el problema de la Organización Universal en su propio provecho y beneficio y en perjuicio de todos los demás”, ya se trate de economía, de salud o de educación. Por el contrario, el general Perón preveía que el Tercer Mundo, una vez unido, fortalecido, emancipado y realizado, organizaría “un sistema cooperativo de gobierno mundial” que conduciría a “la anulación de todo dominio imperialista y donde nadie será más ni menos que nadie”. 

 

¿Estamos acaso en esa condición o situación de unión y fortaleza como para encarar irreflexiva e irracionalmente un proceso de “internacionalización de la ES” o de “integración académica” con la Unión Europea, como se plantea en las universidades tanto públicas como privadas? ¿Dicha “internacionalización” y/o integración internacional, coordinada por los organismos internacionales y hegemonizada por los países dominantes y aventajados, será en nuestro provecho o, una vez más, en provecho de ellos? ¿Dejaremos que los países imperialistas resuelvan nuestro futuro, cuando durante doscientos años de dominio económico y cultural sobre América Latina y el Caribe no han resuelto nuestro pasado ni nuestro presente y han dilapidado el propio? ¿La “internacionalización de la educación” nos asegurará la “igualdad” por arte de magia o por voluntad de alguien, sin que eso signifique nada más que una frase o una abstracción? ¿Están los países capitalistas centrales -actualmente en crisis y en franca decadencia-, en condiciones de brindarnos la educación que necesitamos? ¿Necesitamos el sistema internacional para educarnos? ¿Es esa la mejor opción?

 

En vista a aquel sistema mundial “cooperativo” del que hablaba, preveía en lo socio-cultural, desarrollar un profundo nacionalismo, como única manera de preservar el ser nacional, la identidad como Nación; y en lo científico-tecnológico, preservarnos ecológicamente, construyendo la base científica y técnica de la comunidad liberada.

 

¿No es ese profundo nacionalismo cultural y los “intereses nacionalistas” los que nos protegen y favorecen como Nación, los que impugnan cualquier iniciativa internacionalizadora, y por eso son tan criticados por los impulsores de la “internacionalización de la educación superior”? ¿La educación primaria, secundaria y superior no es acaso una misión o función nacional, y no precisamente “internacional”, más aún, tratándose de una Nación inconclusa?  

 

Demostrando que su nacionalismo abarcaba la dimensión continental y/o latinoamericana, Perón señalaba las siguientes consignas: “La Comunidad Latino Americana y su Mercado Común sólo podrán alcanzar el destino que les concierne sin son capaces de constituir una integración real, que no solo piense en el futuro, sino que también anhele realizarlo. Para ello será preciso que comience a hacer su propia historia, como lo soñaron nuestros libertadores y no como pretenden hacerlo nuestros mercaderes. Si una Comunidad Latinoamericana aspira a realizar su destino histórico no puede terminar (solo) en una integración económica, es preciso que además piense en el mundo que la circunda, para evitar divisiones que los demás puedan utilizar para explotar a sus pueblos, elevando el nivel  de vida de sus doscientos millones de habitantes (hoy más de seiscientos millones), para dar a Latinoamérica, frente al dinamismo de los “grandes” y al despertar de los continentes (u otros bloques o países emergentes), el puesto que le corresponde en los grandes asuntos mundiales pensando ya en su integración política futura, si no quiere sucumbir a la prepotencia de los poderosos”.

 

El gran estadista era más optimista que nosotros, tal vez porque confiaba en el conocimiento que le proporcionaba la historia. Y en eso también nos llevaba ventaja. Por eso aseguraba: “Ya hemos afirmado que la historia de los pueblos desde los fenicios hasta nuestros días, ha sido su lucha contra los imperialismos, pero el destino de éstos (de los imperialismos) ha sido siempre el mismo: sucumbir. Es que su existencia que les señala una parábola de su fatalismo: como el hombre, nacen, se desarrollan, dominan, envejecen y mueren”. Hay muchos indicios de que el orden imperialista mundial que reinaba hasta nuestros días, está en franca decadencia. 

 

No se trataba ni se trata tampoco de un nacionalismo xenofóbico, como podrían pensar los internacionalizadores, que por oposición necesariamente defienden -consciente o inconscientemente- el nacionalismo imperialista –disfrazado de global- de los países opresores. “Nuestra lucha –aseguraba Perón, y coincidimos- no es, en el orden de la política internacional, por la hegemonía de nadie, sino simplemente y llanamente la obtención de lo que conviene al país en primer término; en segundo término, lo que conviene a la gran región que encuadra al país, y, en tercer término, lo que conviene al resto del mundo, que ya está más lejano y a menor alcance de nuestras previsiones y de nuestras concepciones”.

 

Llegado a este punto, tenemos que preguntarnos: ¿No deberíamos comenzar por nuestra propia historia continental, como señalaron nuestros libertadores y unificadores, y no “internacionalizarnos” sin habernos liberado ni realizado, como pretenden otras voluntades ajenas a nosotros? ¿Conviene a la Argentina, a América Latina y el Caribe la “internacionalización de la educación superior”? ¿No equivale esa opción a alejar de nosotros y de nuestra soberanía decisiones estratégicas para nuestro futuro inmediato en materia educativa, y comprometer decisiones políticas y económicas? 

 

¿Podremos realizarnos “internacional” o “globalmente” los latinoamericanos sin habernos realizado todavía como Nación y ni siquiera tener conciencia de lo que ello significa? ¿No debe la educación latinoamericana coadyuvar a crear primero una conciencia nacional? ¿Podremos constituir un sistema educativo internacional sin que antes esté integrado nuestro sistema educacional latinoamericano? ¿Podrá América Latina y el Caribe integrarse en lo educativo sin haberse integrado primero en lo económico y político, al menos en forma paralela? ¿Puede ir la educación por un lado y la política y la economía por otro? 

 

Si todavía faltaren razones o argumentos para adoptar una política no solo educativa sino integral, en línea con lo nacional latinoamericano antes que con lo “internacional”, el general Perón advertía: “El año 2000 nos encontrará unidos o dominados. La lucha de un mundo superpoblado y súper industrializado será por la comida y la materia prima. El mejor destino futuro estará en manos de los que tengan la mayor reserva de ambas. Pero la historia prueba que, cuando los “grandes” han necesitado de ambas cosas, las han tomado de donde existan, por las buenas o por las malas. Nosotros los latinoamericanos, disponemos de las mayores reservas porque nuestros países están todavía vírgenes en la explotación, pero también por eso el futuro se nos presenta más amenazador”. Esta advertencia se está cumpliendo, como se cumplió aquella del año 2000.  ¿En esas condiciones, sin reparos, marchamos alegremente hacia la “internacionalización de la ES”?

 

Y si se piensa que en pocos años más, todos los medios de subsistencia y la materia prima serán pocos para mantener la subsistencia de la humanidad, no para enriquecerse ni engrandecerse ficticiamente, sino para comer y vivir con cierto grado de dignidad –pensaba el general Perón-, este hecho nos hace pensar en todos estos tontos que hablan del desarrollo tecnológico. ¡Vamos! El desarrollo tecnológico puede ser cualquier cosa, menos la imitación de lo que han hecho los otros que están ahora en la encrucijada”, y que en realidad nos necesitan a nosotros como recursos humanos y a nuestros recursos naturales. ¿Nos asociaremos a ellos y los seguiremos ciegamente, sin pensar antes en nuestras propias conveniencias e intereses, en nuestros propios y grandes recursos y en nuestro propio destino como Nación?

 

Nada hay hoy más importante en la política internacional que eso, porque si no nos organizamos y preparamos para defendernos –y nos entregamos a sus brazos como lo hacemos-, nos lo van a quitar todo… por teléfono, si es necesario”, decía categóricamente el líder nacional. ¿No debería ser nuestra prioridad tanto a nivel político, económico, cultural como educativo, la integración nacional latinoamericana? ¿Cabe entonces destinar recursos, gastar esfuerzos y energías, poner nuestro corazón y nuestra materia gris -al arbitrio de decisiones extranjeras (o compartidas), con lo que eso significa- en otro proyecto que no sea nuestra realización integral como Nación y Sociedad? ¿Es oportuna la asociación o alianza con países que siempre han tenido una injerencia en nuestros asuntos, sin ningún beneficio definido ni definitivo para nosotros, y hoy sufren una aguda crisis a todo nivel, visto además la decadencia del orden mundial perimido que sustentan? 

 

Nuestra política internacional –en lugar de la “Internacionalización de la Educación Superior” y la “integración académica” o económica con la UE- ha de estar dirigida a la unidad latinoamericana y a la conformación de un Continente unido, solidario y organizado, para defenderse”. Porque no olvidemos que “América Latina fue en un día no muy lejano nuestra patria grande”; que “ningún país puede realizarse en un Continente que no se realice; y que “América Latina no se encuentra dividida porque es “subdesarrollada” sino que es “subdesarrollada” porque está dividida”. Detrás de ese proyecto nacional –no de ningún proyecto neocolonial ni recolonizador- debe estar alineada toda la Nación, y detrás de ella, asimismo, la Universidad y la Educación Argentina y Latinoamericana.

 

Elio Noé Salcedo

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