domingo 14 de julio de 2024 - Edición Nº2048

Análisis | 16 jun 2024

Los genocidas de la economía


Por:
Mgtr. Carlos Andrés Ortiz✍️

La política económica nunca es neutra. 

 

Según como se la implementa y ejecuta, puede estar a favor de los Altos Intereses Nacionales, o puede ser un perverso instrumento para el coloniaje, e incluso de la total destrucción nacional, como claramente sucede con los anarco–libertarios, y sus “socios” neoliberales. Los desastrosos resultados de las medidas económicas de libertarios y neoliberales prueban fehacientemente lo afirmado. 

 

Un repaso de la historia económica argentina, muestra los pésimos resultados de sucesivos períodos de gobiernos liberales o neoliberales, todo eso ahora exacerbado por el anarco libertario gobierno intencionalmente destructivo.

 

La economía puede estar a favor del desarrollo humano de la propia población, buscando la movilidad social ascendente e inclusiva, o puede ser un malévolo instrumento de exclusión socioeconómica de las grandes mayorías mientras se acentúa el enriquecimiento desmedido, amoral y excluyente de los poderes financieros transnacionales, de sus subordinadas: las oligarquías apátridas, y sus amanuenses que operan como sus dóciles mandaderos a tanto por cuanto.

 

La política económica puede tener altos y loables objetivos de desarrollo socio económico; o ser un vil instrumento de exclusión, como expresión de la peor ralea de aporofobia; la fobia a los pobres que demuestran sectores clasistas y racistas, desprovistos de todo signo humanitario.

 

Puede ser un poderoso instrumento de liberación nacional, o un deleznable medio de sometimiento arrastradamente vergonzoso a poderes extranjeros.

 

Puede ser un medio de fortalecimiento del Estado Nacional, como institución irreemplazable de la Patria Argentina; o ser el insidioso instrumento de destrucción del Estado, como paso perversamente orquestado para llevarnos a los empujones a la disolución nacional.

 

Puede ser el actor clave como promotor activo del desarrollo nacional, protegiendo a los sectores industrial y tecnológico, además de cuidar y proteger a la propia población; o por el contrario, puede ser un ente amorfo e inutilizado, que incluso opere para su autodestrucción, y con ello llevarnos al caos intencionalmente premeditado del anarquismo total, que instaure la despiadada ley de la selva, con las excusas de la meritocracia y del falso impulso a la “eficiencia” como justificativo de la más cruel política de marginación total de las grandes mayorías, excluidas de las numéricamente pocas minorías enriquecidas sin límites, y carentes por completo de toda noción de patriotismo y de elemental sensibilidad social.

 

El muy preocupante contexto actual.

 

Claramente, estamos padeciendo un acelerado y totalmente deshumanizado plan de empobrecimiento y marginación masivo de nuestra población, a lo que se suman las acciones conducentes a impedir el acceso a la instrucción pública en todos los niveles -o a degradar acentuadamente los contenidos educativos-; además de las desembozadas intenciones de destruir todo el entramado legal y reglamentario establecido para proteger al sector asalariado y a las grandes mayorías de nuestra población.

 

Claramente se ataca con saña y desdén a los sectores más vulnerables, como los niños y jóvenes, los mayores ya jubilados (o desprovistos de todo ingreso formal), los afectados por niveles espantosos de miseria, y los dependientes de medicamentos especiales, con riesgo de vida.

 

A todo eso se agrega la destrucción sistemática de todo el entramado industrial y tecnológico, tal como se intentó y parcialmente se perpetró en precedentes gobiernos pretorianos e incluso civiles, desde 1955 en adelante, todos ellos de orientaciones crudamente liberales, y desde 1976 neoliberales, siendo esta última ideología un liberalismo crudo y acentuado.

 

Es de recordar, que el entonces presidente Macri, expresó su intención de dinamitar el Astillero Río Santiago (el mayor de Argentina), como demostración clara de su fobia a la industria argentina. La diferencia respecto al industricidio libertario, es que ahora se está perpetrando sin tapujos y a toda velocidad.  

 

Otros de los muchos antecedentes de fobia anti industrial, de los anglófilos liberales, fueron la amenaza de bombardear la refinería de La Plata (por esos años la mayor de Íbero América), por parte del instigador principal del golpe de “la fusiladora” Isaac Rojas, en 1955. Esos mismos miserables apátridas, bombardearon los tanques de combustibles, ubicados en el puerto de Mar Del Plata. ¡Y hasta hoy, evidencian ser mayoría los uniformados que alaban y referencian como “modelos a imitar” a esa ralea de sanguinarios apátridas! 

 

Ese tipo de gravísimas confusiones en las escalas de valores morales, así como profundas ignorancias de la realidad, son los factores que permitieron el ascenso al Poder Formal, de personajes impresentables e incluso delirantes que no conocen la realidad ni tienen empatía alguna con el pueblo.

 

Del mismo tenor de odio al desarrollo industrial, fueron las absurdas maniobras persecutorias de “la fusiladora” a la empresa Mercedes Benz, que tenía en marcha la importante inversión para producir vehículos pesados en Argentina, la cual ante las amañadas trabas y acusaciones “de peronista” que se le hizo a la empresa germana, hizo desviar la instalación de la planta fabril hacia Brasil. 

 

Los oligarcas camperos, muy contentos con las políticas anti industrialistas, tal como lo repitieron contra el desarrollismo, y contra los pocos períodos posteriores en que se insistió en el desarrollo industrial y tecnológico.

 

Brutal involución destructiva, intencionalmente provocada.

 

Sin perjuicio de los muchos antecedentes históricos de la cerrada postura anti industrial y anti tecnológica, de los grupos de poder ultra conservadores de nuestro país, es muy claro que ahora quieren perpetrar, de mínima, una rápida involución a aquella Argentina semi feudal de economía primarizada, del siglo XIX, que tanto añoran los oligarcas excluyentes y retrógrados, que odian y desprecian a las peonadas y a todos los asalariados; aberración a la que agravan con profundos prejuicios de racismo explícito, o apenas solapados.

 

De máxima se advierten las algo ocultas intenciones de hacer implosionar a Argentina, desguazándola en múltiples republiquetas, que serían dóciles marionetas de los mega poderes financieros transnacionales, y de su brazo operativo, el Bloque Atlantista.

 

Con total impudicia y como confesión clara de su evidente odio no solo al Estado, sino también a la Patria Argentina (de la cual el Estado es la argamasa imprescindible que la sostiene y le da entidad y operatividad), el verborrágico presidente dijo claramente que odia al Estado (al cual preside…nada menos), y que lo quiere destruir, lo cual de mínima debería inmediatamente encuadrarse como una figura delictiva, de lesa Patria. 

 

Incomprensiblemente, semejantes aberraciones conceptuales, claramente reafirmadas por el destructivo accionar social, económico y geopolítico, que se profundiza día a día, hasta ahora no parece haber provocado un juicio político ni otras reacciones de severidad acorde a la extrema gravedad del accionar y la explícita confesión de tan deleznables intenciones del presidente y su equipo de gobierno.

 

Todo ese desmadre, sumado a los pésimos indicadores de deterioro social y económico, perpetrado con intencional alevosía, si estuviéramos en un marco lógico de patriotismo auténtico, de mínima es de suponer que debería significar la inmediata destitución del confeso traidor a la Patria.

 

Las incomprensibles pasividades de diversos sectores de nuestro país.

 

Los gruesos insultos proferidos por el irascible presidente, en sus ya habituales desbordes de desequilibrio emocional profundo, acentuados por sus expresiones faciales que denotarían acentuadas alteraciones, que evidencian carencia de autocontrol; fueron proferidos en forma intempestiva contra varios países y/o sus gobernantes; llegando al paroxismo al denigrar a los legisladores nacionales, y a los gobernadores provinciales.

 

También, de hecho y en algunos casos explícitamente, se burló de la miseria en la que está degradando en forma acentuadamente creciente, a las grandes mayorías de nuestra población, así como a los empresarios PYMES y pequeños emprendedores, muy afectados por la recesión que golpea las ventas, los aumentos de costos y los brutales incrementos de los servicios públicos y los combustibles, estos últimos perpetrados sin avales de estudios de costos que ni siquiera marginalmente los justifican.

 

Muy tibias o inexistentes las reacciones de diversos sectores agredidos por los intencionales desmanejos económicos.

 

A ese accionar intencionalmente destructivo del actual gobierno nacional, se le agregan las notorias impericias de gestión, cuando no muy posibles actos delictivos, como los que se están destapando en el accionar escandaloso de quienes estaban ocultando sin justificativo alguno, toneladas de alimentos y otros bienes básicos, que por pura agarofobia parecerían no haber querido hacer llegar a los sectores carenciados, y no muestran pericia alguna en el apurado operativo de distribución parcial de los mismos. 

Eso además de los operativos de “cajas negras” y otras severas irregularidades o hechos delictivos, que están tomando estado público, de la cuestionada ministra, avalada por el presidente, como “la mejor de la historia”.

 

Los exabruptos -totalmente fuera de lugar- vertidos contra países y/o líderes de ellos, con los que acreditamos muy buenas relaciones culturales, históricas y/o comerciales, dichos por el presidente y en varios casos agravados por impresentables expresiones de la poco ubicada canciller Mondino, tuvieron respuestas diplomáticas acordes.

 

La contracara de esas agresiones verbales a determinados países; fueron y son las posturas arrastradamente sumisas, respecto a naciones relevantes del Bloque Atlantista.

Pero fueron escasas o inexistentes las reacciones de legisladores nacionales y gobernadores provinciales, a las fuertes agresiones verbales, incluso en tonos chabacanos de mucha ordinariez, proferidos por el presidente, que atacaron las investiduras e incluso el honor de los agredidos. Esa pasividad, en algunos casos total, resulta al menos incomprensible.

 

Y todo ese aquelarre, permanentemente cuenta con los respaldos de los sectores mediáticos concentrados, a los que demuestran no importarles nunca que las confusiones que instalan, afecten los Intereses Nacionales. Preocupante realidad, que pone en riesgo intereses estratégicos básicos de nuestro país, e incluso amenaza su existencia, que el sincericidio presidencial puso en muy clara evidencia. 

 

MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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