Entrevistas | 29 abr 2026
El centinela de los hielos:
Poncho y la épica olvidada del Perro Polar Argentino
En el imaginario colectivo, las conquistas territoriales se narran a través de próceres de bronce y uniformes de gala. Pero en la Argentina antártica, la historia tiene otra textura: es áspera como el doble pelaje de un can y resistente como una pisada en la escarcha.
En este Día del Animal, la figura de Poncho emerge no como una mascota, sino como un símbolo de soberanía. Emilio Urruty, autor de su biografía, lo define con precisión: “Es uno de esos héroes anónimos que son casi los más lindos, porque tienen ese perfil de sombra, de estar a la sombra de otros grandes”.
Una raza nacida para la gloria
Poncho no fue un perro común; pertenecía a la hoy extinta raza del Perro Polar Argentino (PPA). Según relata Urruty, esta raza fue un diseño estratégico de hombres como el General Pujato, quienes imaginaron un animal capaz de soportar lo imposible. “Los perros eran tratados con muchísimo esmero y seriedad. Eran elementos estratégicos en esas latitudes; cada perro de un tiro de trineo podía significar la vida de todo un grupo o el éxito de una misión”, explica el periodista.
Urruty menciona la emoción de haber tenido en sus manos la documentación oficial del animal: “Tuve en mis manos la foja de servicios de Poncho; era emocionante porque tenía mes por mes el trabajo realizado, las vacunas... las vicisitudes de la vida de un perro de trabajo”.
El "acuerdo de miradas" y el instinto de salvación
La destreza de Poncho en el terreno era legendaria. Se cuenta que tenía una capacidad casi sobrenatural para leer las trampas del continente blanco. “Poncho era capaz de detectar grietas invisibles en el camino. En la huella se avanzaba y, de repente, el perro se plantaba. Eso les había salvado la vida”, relata Urruty con admiración.
Pero más allá de su instinto, lo que fascinaba a los exploradores era su liderazgo. A diferencia de otros machos que se imponían por la fuerza, Poncho gestionaba su autoridad de manera inteligente. “Él miraba al conductor del trineo. Siempre que había que hacer algo, giraba su cabeza para establecer como un acuerdo: ‘¿Cómo seguimos? ¿Qué pasa acá?’. Bastaba una mirada para que el conductor entendiera que el tiro estaba cansado o que había algo que corregir”.
Lealtad de acero: "Su tropa está afuera"
La camaradería entre el hombre y el perro en la soledad del desierto blanco derribaba cualquier jerarquía militar. Óscar Sosa, el oficial que lo entrenó desde cachorro, le contó a Urruty una anécdota que define la esencia del animal: en las noches de invierno, Poncho disfrutaba de la sobremesa en el casino con los hombres, pero nunca se quedaba a dormir al resguardo. “Poncho mismo rascaba la puerta y pedía salir porque su tropa estaba afuera. Gozaba de ese privilegio un ratito, pero su liderazgo no podía basarse en ese disfrute; él tenía que ir con su tropa, que era lo que lo esperaba”.
Esa misma lealtad era recíproca. El explorador Gustavo Giro, quien sería el compañero de Poncho hasta sus últimos días en Ushuaia, protagonizó un acto de rebeldía histórica cuando se ordenó evacuar una base dejando a los perros atrás. “Giro dijo: ‘No nos vamos. Si no vienen los perros, no nos vamos’. Les propuso a sus hombres vaciar sus bolsos y meter un perro en cada bolso... los compañeros de todo el invierno no podían quedar ahí”.
Justicia en la costanera
Hoy, la raza del Perro Polar Argentino ya no recorre la Antártida, pero el legado de Poncho permanece anclado en la costanera de Ushuaia, frente al Canal Beagle. Para Urruty, el monumento inaugurado recientemente es un acto de justicia necesaria: “Me parecía un justo homenaje a todos esos animalitos que habían servido bien y de los cuales no teníamos memoria. Los perros estuvieron desde el principio y debemos mantener su memoria viva porque se identifican con la vocación antártica de la Argentina”.
Al cerrar la charla, Urruty reflexiona sobre el impacto de estas historias en quienes conocieron a Poncho: “Escuchar el relato de viejos militares, duros como eran aquellos, difíciles para la lágrima, y ver cómo les tiembla la pera al hablar de Poncho... eso te dice todo. Poncho era, para ellos, un verdadero camarada”.
En este 29 de abril, el recuerdo de Poncho nos invita a mirar hacia el sur y reconocer que, en la conquista de nuestra soberanía, hubo corazones que latieron al ritmo de un trote incansable sobre el hielo.
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LA ESCULTURA DE UN HÉROE
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