sábado 25 de junio de 2022 - Edición Nº1298

Análisis | 19 mar 2022

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🇦🇷 El gobierno debe atravesar la grieta que se produce entre ambiente y desarrollo


Por:
Jorge Alegrechy

El país está asediado. Tiene una colosal deuda externa y el 40% de la población bajo la línea de pobreza. Está atravesando el shock que produce la pandemia de COVID 19 y la herencia económica irritante que dejó el gobierno neoliberal de M. Macri.

 

Para revertir la situación actual el gobierno debe atravesar la grieta que se produce entre ambiente y desarrollo, que se genera entre ambientalistas y desarrollistas.

 

Hace años que comenzó esta confrontación. Recordemos, entre otras, el proyecto de las granjas porcinas, producción de cerdos en criaderos sustentables que permitirán el ingreso de divisas que mejorará la calidad de vida de toda la población en las localidades donde se instalen; la salmonicultura en Tierra del Fuego, podrá llegar, como en Chile, a los 5000 millones de dólares en exportación y la Argentina dejará de importar salmón por 45 millones anuales; la zonificación minera en Chubut, donde abortó una inversión de millones de dólares para la explotación de la 2ª mina de plata más grande del mundo, en una zona árida y prácticamente sin población;  la exploración de hidrocarburos en el mar argentino, agitada por miedos y fantasmas con mentiras sobre dicha explotación;  todas actividades que el ambientalismo se opone.

 

La causa ambientalista está llevada a cabo por aquellos que no permiten las principales actividades productivas orientadas al comercio exterior, sumados al grueso de la izquierda marxista y los llamados sectores progresistas; llevados de “las narices” por ONG`s anglosajonas.

 

Argentina no representa ni el 1% de las emisiones de gases invernaderos que provocan el calentamiento global. No hay que seguir lo que nos marcan los países desarrollados que son los verdaderos responsables del cambio climático.

 

En un país empobrecido y sometido por la deuda no hay que incorporar las premisas imperativas de otros países. Pensemos en nuestro desarrollo y luego iremos a las transformaciones que nos piden los que más daño han hecho por el medio ambiente y que tienen los recursos para invertir en la infraestructura para hacer la transición energética.

 

Los ambientalistas que quieren la transición energética hacia la descarbonización, se oponen a emprendimientos mineros ligados al cobre, al litio, a la plata, etc. que son esenciales para dicha transición; en este contexto el país no debería dejar de valorizar sus recursos como la minería metalífera y los hidrocarburos de Vaca Muerta y los del mar argentino, que son fuentes potenciales de miles de millones de dólares.

 

No dejemos que la restauración conservadora, a través del falso ambientalismo, se imponga con sus ideas contra el extractivismo sustentable, que debe aplicarse para satisfacer las necesidades urgentes de la población y de a poco lograr la reconversión productiva hacia una matriz con menor impacto ambiental y con un funcionamiento económico en beneficio de toda la población.

 

Un gobierno nacional y popular tiene que manejar la economía y generar condiciones dignas de vida para la mayoría de su ciudadanía, ya que de no hacerlo habilita el discurso de la antipolítica y posibilita la construcción de políticas fascistas.

Hay que realizar campañas informativas para que la población tome conciencia que para salir de la pobreza y hacer la transición energética hay que crecer y por eso no se puede prescindir de la producción y de la riqueza que tenemos en el subsuelo, suelo y mar argentino. 

 

Los países desarrollados, desde siempre, han anulado o paralizado la realización del potencial desarrollo de los países subdesarollados para que continúen en esa condición; para eso cuentan con organismos, como el FMI, que con sus condicionalidades les cumplen sus objetivos a la perfección.

 

La Argentina cuenta con los recursos naturales y humanos para salir de su condición de subdesarrollado. Se necesita un gobierno con alta capacidad para contrarrestar, además de las presiones externas, a las minorías poderosas que siempre intentan sabotear las reformas profundas y no perder sus privilegios, logrados desde gobiernos cipayos, corruptos y permisivos a los requerimientos de las oligarquías rurales y organismos financieros.

 

Medio ambiente y desarrollo no deben ser confrontativos sino una unidad para el beneficio de la Argentina y de toda su población.  

 

Por Jorge Alegrechy

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