domingo 25 de febrero de 2024 - Edición Nº1908

Soberanía | 9 nov 2022

BRICSA – UNASUR – CELAC -

🤝 En la era de los grandes bloques geopolíticos


Coincidiendo plenamente con otros analistas geopolíticos, es evidente que estamos en un mundo nuevamente bipolar, pero con caracteres de multipolaridad potencial, en el cual los grandes bloques geopolíticos se consolidan como el factor determinante e ineludible del Poder Mundial.

 

Salvo los pocos países con dimensiones continentales y avanzado grado de desarrollo, las naciones en forma separada tienen muy poca capacidad de maniobras geopolíticas, por sus escasas relevancias individuales.

 

Básicamente hoy coexisten, con muchas rispideces, dos mega bloques, que pueden definirse como el Atlantismo y el Continentalismo.

 

El Atlantismo tiene como referentes principales a las dos principales potencias anglosajonas, EEUU y el Reino Unido, a ambos lados del océano que le da su nombre. A lo largo de casi cinco siglos, el Atlántico fue el eje sobre el que pivotearon la economía y el poder armado del mundo. Hoy el Poder Mundial evidencia estar cambiando.

 

La Unión Europea, cuyo PBI “comunitario” alcanzó a ser más relevante que el de EEUU, y con un brazo armado de considerable capacidad de disuasión, se muestra hoy más que como aliada de EEUU en la OTAN, más bien en actitudes subordinadas a los dictados de ambas grandes potencias anglosajonas. Resulta evidente que, pese a los avances de integración, la UE no deja de ser un mosaico, con potencialidades e intereses algo o muy disímiles entre sus componentes. No es la UE un bloque homogéneo ni mucho menos, además de muy dependiente de fuentes energéticas importadas.

 

Pese al predominio mundial anglosajón de fines del siglo XIX y comienzos del XX, el geógrafo y uno de los primeros analistas geopolíticos del mundo, el británico Halford Mackinder no puso el eje potencial del Poder Mundial en las Islas Británicas, acuñando el concepto de la Gran Isla Mundial, para referirse a esa enorme masa terrestre formada por los tres continentes intercomunicados que son Asia, África y Europa, dentro del cual el “viejo continente” europeo es apenas un pequeño apéndice de ese formidable megacontinente.

 

Fue Mackinder quien afirmó que quien domine la Isla Mundial dominará el mundo. Hoy la Isla Mundial es sede del Bloque Continentalista.

 

Con base en el núcleo continental de la “isla mundial” se sitúan las dos potencias principales del Continentalismo, China y Rusia, que hoy evidencian operar con grandes coincidencias. El Continentalismo es un bloque de poder enfrentado y en tensión con el Atlantismo. 

 

La existencia de esos dos grandes bloques del poder, evidenciaría el resurgimiento del Mundo Bipolar, muy similar al bipolarismo existente por casi medio siglo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la eclosión y desguace de la Unión Soviética, cuando emergió el efímero Mundo Unipolar.

 

Pero la existencia de varias Potencias Emergentes y las creaciones de varias agrupaciones de naciones con intereses similares o en común, permiten afirmar que estamos en la Era Multipolar de los Grandes Bloques de Poder.

 

En ese evidente contexto mundial, en esta Era de los Grandes Bloques de Poder, las capacidades de decisión de países no integrados al respectivo Bloque de Poder de su región o continente o de intereses estratégicos, aparecen como muy limitadas o incluso totalmente irrelevantes.

 

Algunos de esos bloques o asociaciones estratégicas tienen caracteres claramente de cercanías geográficas, como el NAFTA*, entre Canadá, EEUU y México.

 

La OPEP* defiende los intereses específicos de las naciones grandes exportadoras de petróleo y gas, las que antes de su creación recibían migajas por sus estratégicas exportaciones.

 

Otros son de índole pura o esencialmente militar, como el AUKUS*, que nuclea a Australia, Reino Unido y EEUU, buscando formar o tener operativa una fuerza militar básicamente naval, para enfrentar al poderío chino en el sur y sudeste asiático.

 

Similar es el caso de la OTAN*, creada para enfrentar a la Unión Soviética, siendo hoy el brazo armado del Atlantismo, atribuyéndose potestades de intervenir donde sea.

 

La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva* articula acuerdos políticos y de defensa, que abarca además de Rusia otros Estados europeos con fuerte afinidad con la potencia bicontinental, incluyendo también diversos países de Asia Central. Involucra de hecho un amplio territorio euro asiático.

 

A los actuales integrantes de la OTSC (Armenia, Bielorrusia, Kazajistán,  Kirguistán, Rusia, Tayikistán), se sumaría Irán, que ya solicitó su  membresía.

 

El BRIC* fue compuesto inicialmente por las cuatro Potencias Emergentes que se perfilaban como nuevas o resurgentes grandes potencias. Su denominación se compone con las iniciales de esas potencias: Brasil, Rusia, India y China; todas ellas posicionadas entre las principales diez mayores del mundo al momento de su creación. Hoy China disputa el liderazgo económico mundial con EEUU, mientras que Rusia volvió a posicionarse como una de las grandes potencias mundiales; por su parte India también exhibe un importantísimo PBI en crecimiento, respaldado por una más que respetable capacidad de defensa; y en ese contexto, Brasil muestra la mayor economía de toda Íbero América.

 

Poco después se agregó Sudáfrica, conformando el BRICS, pasando a ser el representante africano en ese nucleamiento de caracteres poli continentales, con claros caracteres diferentes respecto a otros grupos de poder.

 

En Íbero América se formaron diversas asociaciones supra nacionales, algunas de efímera vigencia, como el ABC impulsado por Perón en Argentina, Vargas en Brasil e Ibáñez en Chile. Eran presidentes con mentalidad nacional y visión integradora de la Patria Grande. El ABC Fue desarticulado por golpes de Estado y reacciones políticas destituyentes, de sectores ultra conservadores afines al liberalismo económico y políticamente reaccionarios.

 

En los pasados años ’80 se formó el Mercosur*, integrando las dos mayores economías de Sudamérica (Argentina y Brasil), y sumando también a los vecinos y hermanos Paraguay y Uruguay.

 

Después, al asumir en Íbero América diversos gobiernos no alineados al neoliberalismo funcional a la doctrina del patio trasero, o sea la decimonónica  Doctrina Monroe* y la posterior Doctrina del Gran Garrote de Theodore Roosevelt, encubiertas bajo el pretexto del “libre comercio” del nefasto proyecto del ALCA*, esos avances neocolonialistas fueron rechazados contundentemente en la Cumbre de Mar Del Plata, en 2005*.

 

La existencia de esos gobiernos no subordinados a las imposiciones del Atlantismo, permitió el desarrollo de la UNASUR* (con las naciones de Sudamérica) y de la CELAC* (con toda Íbero América más El Caribe insular).

 

Al volver a tomar el poder formal, vía golpes de Estado, golpes mediático-judiciales, o traiciones lisas y llanas a sus plataformas políticas, diversos gobiernos sudamericanos subordinados al neoliberalismo extremo alentado desde EEUU y el Atlantismo, se cometió la aberración geopolítica de disolver la UNASUR* y se le “bajó el tono” a la importancia de la CELAC, a la vez que hubo presiones para desarticular el Mercosur vía tratado de libre comercio con la Unión Europea.

 

Las sucesivas recientes derrotas electorales de sectores políticos neoliberales en Íbero América, volvieron a cambiar el fiel de la balanza geopolítica, si bien los sectores del Pensamiento Nacional o simplemente de orientaciones populares y nacionales, enfrentan duras oposiciones por parte del aparataje ultra conservador en lo político y ultra liberal en lo económico.

           

Pero como sea, se evidencian volver a dar las condiciones para resurgir la necesaria UNASUR, a la vez que fortalecer a la CELAC, la cual es necesario que suplante totalmente al ente de sumisión expresa de Íbero América y El Caribe a los dictados del establishment de EEUU, rol que de hecho es de la OEA*; la cual opera como el “ministerio del patio trasero de EEUU”.

 

En ese contexto de retroceso -resistido de muy mala gana- de los sectores políticos claramente afines a ideologías excluyentes de los sectores populares, y vinculados sectores económicos concentrados; parecen volver a darse condiciones favorables al desarrollo socio económico y a las políticas de integración de nuestras naciones, para formar y luego consolidar un gran Bloque de Poder Geopolítico, tanto en Sudamérica como en toda Íbero América y El Caribe, lo cual es una imperiosa necesidad para nuestra región continental.

 

Se puede afirmar, que o nos unimos en un sólido bloque geopolítico, económico y de defensa en común; o corremos serio riesgo de desaparecer como entidades nacionales independientes.

 

La renacida UNASUR, de consolidarse, tendrá una superficie total equivalente a la de Rusia, la nación más extensa del mundo, contando con muchos factores positivos, como la Historia en común, idioma castellano que nos une y es muy similar al portugués, carencia de odios insalvables, y en general ausencia de racismos u otros factores insalvables que de existir podrían afectar ese importante objetivo de integración.

 

Y en ese cuadro de situación, la muy posible integración de Argentina al BRICS*, a transformarse en el BRICSA, sin duda fortalecerá a ese bloque de poder de relieve mundial, a la vez que fortalecerá a nuestro país y a las naciones hermanas del Mercosur, la potencialmente renacida UNASUR, y la CELAC.

 

Claro que para eso se deberán neutralizar las acciones disolventes de nuestro desarrollo y unidad regional, por parte de los sectores de poder que accionan para someternos como neocolonias del siglo XXI, subordinadas al proyecto hegemónico de las potencias neocolonialistas y los mega grupos que operan a favor de la globalización salvaje, que busca la desaparición de los Estados Nacionales que no alcanzaron estatus de grandes potencias.

 

Y para esos objetivos antinacionales y antipopulares, operan los aparatajes de los poderosos conglomerados mediáticos, los cooptados del Poder Judicial, así como sectores muy colonizados mentales o reaccionarios de las fuerzas armadas y de determinados operadores de “los servicios”, estos dos últimos anclados en anacrónicas ideas vigentes en los años ’70, que siguen asumiendo como excluyentemente vigentes, creyéndose “muy patriotas” pero en realidad son simples patrioteros de bandera, que operan como cipayos asumidos, subordinados a los mandatos anglosajones.

 

Complementando el desquicio antinacional, actúan enfervorizados y muy poco pensantes sectores de “las progresías”, acatando cuantas ideas fuerzas claramente nocivas al Interés Nacional, son predicadas por diversas ONGs anglosajonas pseudo ecologistas, ultra indigenistas, anti hispanistas distorsionadoras de la historia, supuestas “derecho - humanistas” que atacan a la familia tradicional y fomentan el antiteísmo ultra materialista, y otros similares, sembrando odios y confusiones que pavimentan el camino a la disolución nacional. Pero esto último, si bien se vincula, tiene entidad de ser otro tema.

 

MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

 

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