domingo 03 de diciembre de 2023 - Edici贸n N潞1824

An谩lisis | 22 dic 2022

por Horacio Micucci

馃弳 El Mundial y la Unidad Nacional


Por:
Horacio Micucci

A manera de Prólogo

 

El triunfo en el Mundial de Fútbol trajo una gran alegría a millones de argentinos. 

 

Para muchos de los que más sufren la dependencia nacional, la miseria y los ajustes fue como un pequeño bálsamo entre tantos sufrimientos. 

 

Un bálsamo no es una medicina curativa, pero, a veces, una aspirina ayuda, piensan algunos…

 

Desde ya, la curación es poner de pie a una Argentina que sea independiente de toda dominación extranjera. 

 

Que tenga una democracia grande que no sea palabrería vacía, que sea cumplimiento de derechos del pueblo, el fin de la entrega del patrimonio nacional, la integridad territorial completa sin usurpaciones extrajeras, sin nuestras Malvinas colonizadas, con la mayor base extranjera de Latinoamérica y con un próximo puerto de aguas profundas que demuestra la intención inglesa, no sólo de permanecer, sino de ampliar su dominación.

 

Argentina tiene un escaso control de su oriente marítimo y fluvial1. En efecto, hay una Argentina “del Este”, marítima y fluvial -con débil o nulo ejercicio soberano argentino- donde se nos priva de enormes riquezas que podrían servir al pueblo, del control de la confluencia de los océanos Pacífico y Atlántico y de nuestra proyección antártica. Con una flota estadounidense en el Atlántico Sur. 

 

Y, en el continente2, la intención de EE.UU. de montar una base en la Triple frontera, mientras China tiene una base militar en Neuquén e intenta ser dueña de un puerto en Tierra del Fuego.

 

Con peligros de secesión. Y, mientras muchos incautos miran de reojo al pueblo mapuche3, un ex gobernador de Mendoza y dirigente de JXC, propuso, como si nada, la independencia de las provincias de Mendoza y Córdoba4 (con el silencio del gobernador de esta última, en un evidente ejemplo de “el que calla otorga”). 

 

¿El peligro para integridad territorial son los mapuches o la runfla imperialista que se disputa el dominio de una Argentina ofrecida, para el reparto, en la mesa de retazos?

 

Eso sí, con la colaboración de empresarios, financistas y bancos que lucran con la dependencia argentina y con latifundistas, muchos de ellos extranjeros, que privan de la tierra para trabajo y vivienda al campesino productor y a los obligados a alquilar el pobre lugar donde viven. Latifundistas que viven de alquileres de campos en los que nunca trabajaron, y poniendo, luego, el dinero así obtenido, en la especulación financiera. Y, respecto a las viviendas, no nos referimos al que tiene cuatro o cinco o diez de casas para alquilar. Nos referimos a empresas dueñas de cientos de casas y departamentos, edificios enteros. En Buenos Aires hay más casas vacías para especulación que las que se necesitan para vivir.

 

Como última muestra de los peligros para nuestra integridad territorial y nuestra autodeterminación, de pronto se destapa que hubo una reunión secreta en “propiedades” del magnate inglés Lewis5, quien domina, en la cordillera y en el Atlántico, a similar latitud, vastos latifundios y un aeropuerto, en la costa del paralelo 42, del tamaño del Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires. Y se habla de una reunión del grupo Clarín con jueces y funcionarios, olvidándose de algo mucho más grave, una reunión bajo la batuta inglesa y de la OTAN, con medios de comunicación, empresarios, jueces y funcionarios6 cuyos objetivos están ocultos y pocos parecemos interesados en ponerlos a la luz de los ojos del Pueblo y de la Patria.

 

Pero… ¿el Mundial es sólo una aspirina?

 

Si se observa con más detenimiento (y menor arrogancia que la de los que miran la realidad desde un cómodo y confortable balcón) hubo algunas cosas notables, que patriotas y luchadores del pueblo no debieran soslayar.

 

Un sorprendente sentimiento malvinero afloró, surgió en cánticos de la hinchada, en banderas, en “memes” de internet, en el clásico “el que no salta es un inglés” (que, para ser sincero, hicieron agitar los pulmones de “personas de la tercera edad” como yo, que no podíamos aparecer indiferentes y sin saltar, ante esa “exigencia espontánea”). Hubo, también, justo es decirlo, algún cántico que atacaba a los hermanos brasileros, pero no fue lo dominante. Y hubo una inesperada y notable simpatía de pueblos lejanos (Bangladesh, la India, Pakistán, Nepal) que tal vez o con seguridad, sufrieron opresión inglesa y admiran la osadía argentina de la justa Guerra de 1982.

 

Cierto es que la ciencia y el deporte no son asépticos. Están teñidos, en su aplicación, a la coyuntura política, en “a qué y a quiénes beneficia o perjudican”. En 1986, “la mano de Dios” fue un cachetazo al invasor colonialista inglés. Pero, en 1978, fue usado por los dictadores del Plan de Martínez de Hoz… Así que, aquí, me refiero a lo que está ocurriendo ahora, en 2022, en esta tarde de comienzos del verano.

 

Hablo, en este artículo, de este Mundial, que acabamos de ganar, en este país del sur de América.

 

En este momento, hay millones en las calles. El enojo de los que están contra el asueto y el desconcierto de los que, de uno y otro lado de la politiquería de la entrega y del ajuste, quisieron aprovechar el evento, ha sido barrido por estos “vientos de pueblo”.

 

“Estoy enojado como un argentino”, dijo hace algunos años un ecuatoriano, en un noticiero, en ocasión de una protesta popular en su país. Mientras tanto, los argentinos solemos creernos mansos, a pesar de nuestra historia de rebeldía, puebladas y tradiciones independientistas. O eso se empeñan en hacernos creer…

 

Hay un sentimiento nacional, muy arraigado en nuestro país (parte de los países, pueblos y naciones oprimidos por las potencias como EE.UU., Inglaterra, China, Rusia, Francia, Japón, etc.), a pesar de intelectuales que piensan (con la mirada de las metrópolis que disputan nuestra rapiña) que somos ciudadanos del mundo y que debemos copiar a los imperios, a “los países serios”. La “imitación irredenta” de los países centrales, al decir de Homero Manzi, a la que estaríamos condenados… y que los pueblos se empeñan en contradecir, como también recalca el mismo Homero Manzi…

 

Seguro que los imperios y sus socios locales (nativos, pero no nacionales) están analizando esto. Y seguramente están viendo, con cierta preocupación, como millones se movieron en estos días y ganaron las calles. Quien esto escribe vio la manifestación que esperaba el retorno del General Perón. Cierto que la población argentina es mayor a la de entonces, pero la cantidad de hoy impresiona; tal vez sea mayor.

 

El enemigo seguro estudia esto, porque no le gusta ver al pueblo en las calles. Pero ¿los patriotas y luchadores populares no debieran estar analizando lo que pasa y los por qué? 

 

La Independencia Nacional, la Soberanía Popular y los Derechos del Pueblo, no se conseguirán con una manifestación festiva. Eso es cierto.

 

Pero, ¿no habría que preguntarse, ya mismo, cómo se organizará, en el futuro, esta inmensa fuerza, desbordante en sentimientos y orgullo de patriotas de país oprimido y de pueblo rebelde?

 

¿Quién habrá de echar un yugo sobre el cuello de esta raza?

 

Empieza el contrabando de ideas de los imperios…

 

El insuperable Macri y sus halcones dieron una primera opinión. Mauricio Macri criticó la medida del asueto y consideró que “es poco feliz”. “¿Y los jujeños? ¿Y los catamarqueños? ¿Por qué no dejan que la gente pueda decidir libremente si se pliega, dónde y cuánto tiempo? Es por lo cual la mayoría de los argentinos rechazamos este gobierno. Queremos ser libres. Queremos que nos quiten esta pata de encima”, expresó el ex mandatario, en declaraciones a TN. Siguieron el mismo tono Cornejo (el separatista de Mendoza), Bullrich, Milei, Espert y otros. 

 

Por supuesto, no fueron inocentes las declaraciones de Macri y los suyos. Multitud de pequeños comercios, de changuistas y cuentapropistas necesitan trabajar en vísperas de las fiestas. Macri quiere contraponer a esos sectores. La vieja oligarquía argentina teme a la unión del piquete y la cacerola, como ocurrió en 2001, hace unos veinte años. La grieta fue inventada para dividir dos partes del pueblo. Pero los festejos se han extendido a todo el país. Algo (nos) quiere decir el pueblo…

 

El Pueblo y no “la gente”. Porque gente es algo amorfo e indefinido: personas, pocas o muchas, de intereses nacionales o no nacionales, populares o antipopulares. 

 

Pueblo, en cambio, es un concepto científico. Son los sectores sociales que (lo sepan o no y voten a quien voten) están perjudicados por el sistema económico y su superestructura política, jurídica, etc. La formación económico social existente. No sólo los obreros y asalariados (en negro o en blanco, ocupados o desocupados, jubilados, etc.). Asalariados que, muchas veces, se ven a sí mismos como “clase media”. 

 

También otros sectores son pueblo. Por ejemplo, multitud de productores agrarios, campesinos pobres que trabajan la tierra, mayormente ajena, alquilada, pero sólo con su familia. O campesinos medios que son pequeños productores que poseen en propiedad o arriendo pequeñas parcelas de tierra con las que no sólo sostienen, pobremente, con muchas dificultades, a sus familias, sino que, en los mejores años, al disponer de cierto excedente, pueden convertirlo en capital y explotar mano de obra asalariada. 

 

Incluso es posible ganar para la lucha nacional y popular a una parte de campesinos ricos que explotan su chacra, hacienda, quinta, etc., contratando a varios jornaleros. Por lo general poseen tierra. Pero muchos sólo poseen una parte de la tierra que cultivan mientras arriendan el resto a otros. Otros arriendan toda la tierra. Se puede ganar a una parte y aislar al sector que se volcará al enemigo de la Patria Independiente. 

 

Ni hablemos que debemos ocuparnos de ganar a sectores urbanos, pequeños comerciantes, la gran mayoría de los estudiantes y la mayoría de los intelectuales, profesionales y docentes, artistas y trabajadores de la cultura, los sectores patrióticos y democráticos del campesinado rico y del empresariado urbano y rural, los soldados y la suboficialidad y oficialidad patriótica y democrática (los Mosconi, los Savio, los Perón, los Pomar, los Philippeaux, los veteranos y los mártires de Malvinas y los que sienten vibrar en su pecho las ideas y los hechos de San Martín, Belgrano, Güemes, Artigas…).

 

Esta es la unidad que hemos buscado, desde la Revista “Cuadernos para el encuentro en una nueva huella argentina” y desde el Foro Patriótico y Popular.

 

No unidad con los que entregan la Nación. No unidad amorfa, sin principios, para absorbernos. 

 

Sino Unidad con una estrategia de Independencia Nacional y Democracia Grande. Amplia y verdadera. Paso a paso, para cada objetivo, atacando a los entreguistas de a uno por vez y en el momento indicado. Uniendo a la mayoría contra el enemigo principal en cada momento.

 

¿Unidad con los que quieren la dependencia?

 

Pero ¿qué nos quieren hacer creer los enemigos de la independencia nacional?: Que el Mundial es una muestra de que, si nos unimos todos (entreguistas y entregados, ajustadores y ajustados, en una especie de copia del fracasado Pacto de la Moncloa español o del Gran Acuerdo Nacional de Lanusse), Argentina triunfará como en el Mundial reciente.

 

Desde ya que, si hablamos de futbol, este equipo no se hizo sin resistir los embates de camarillas, periodistas e intereses que hicieron todo lo posible para boicotearlo, empezando por los ataques a su director técnico y al mismo Messi. Fue público.

 

Pero respecto a la unidad que nos propone la ideología de los poderosos antinacionales y antipopulares de siempre: ¿Es posible unir a los que quieren una Argentina independiente con los que quieren la subordinación, la indefensión y la sumisión nacional?

 

Si buscamos el término medio entre ambas posiciones antagónicas nos quedaríamos en la misma situación que ahora: seríamos una Argentina Dependiente, con ajustes al pueblo, indefensión y entrega del patrimonio nacional. O sea, beneficiaríamos a los que usufructúan el actual estado de cosas. 

 

¿O todavía hay quién dude que los ingleses no quieren saber nada con que tengamos Defensa Nacional? 

 

¿O que todos los imperios quieren que Argentina tenga como hipótesis de conflicto la represión al pueblo, sólo con fuerzas de seguridad interior, bajo mando de las potencias que nos oprimen?

 

Tantos millones en las calles deben hacer volver a pensar esto a muchos usufructuarios de la dependencia argentina.

 

Un hecho grave: ser un país rapiñado por distintas potencias imperialistas 

 

Argentina es un país rapiñado por distintas potencias imperialistas. Se disputan el mundo (y también nuestro país) y todo indica que van a una guerra mundial del tipo de la Primera Guerra (1914-1918), a expensas de países como el nuestro. Eso lo sufre el Cercano y el Medio Oriente, Ucrania hoy y, en general, Asia, África y América Latina. 

 

Por eso hay dos principios irrenunciables en la política exterior e interior argentina:

1.- la defensa de la integridad territorial

2.- la defensa de la autodeterminación de los pueblos, sin injerencia extranjera.

 

Por eso, en la agresión a pueblos, países y naciones, estaremos de parte de estos últimos. Como nos gustaría que ocurriera en las agresiones que sufrimos, como en Malvinas. O en otras injerencias en nuestros asuntos internos.

 

Es muy grave ser un país rapiñado por distintas potencias imperialistas. Sin embargo (de lo malo lo bueno), la disputa entre ellos por lo que es nuestro legal y legítimamente, genera contradicciones y enfrentamientos entre los imperios y sus aliados y expresiones internas. Eso nos permite enfrentar a los enemigos de uno en uno, logrando constituir frentes únicos, por objetivos concretos, contra quien sea enemigo principal, en cada caso y momento. Frente a quien sea el principal obstáculo para los intereses del Pueblo y de la Patria. Eso sí, a condición de no abandonar nuestro objetivo Independentista y Popular.

 

¿No lo hicimos así, muchas veces, en la historia del Foro Patriótico y Popular y de su Instituto de Estudios Nacionales? 

 

¿No lo hicimos así, muchas veces, en la trayectoria de la Revista Cuadernos para el encuentro en una nueva huella argentina? 

 

Cuadernos es y fue, desde su inicio, una amplia senda para ser transitada por patriotas y luchadores populares, que tenía por límites, de un lado el Procesismo que representaba, en esencia, la aplicación a sangre y fuego del plan antinacional de Martínez de Hoz y, del otro, los gobiernos “gerentes y administradores” de la dependencia, que lo siguieron. Por aquellos años, uno y otro bando imperialista se beneficiaron con el Proceso. Digan los que digan, la dictadura argentina fue defendida en los foros de derechos humanos internacionales por la URSS (socialista de palabra e imperialista en los hechos, y socialista de palabra y fascista de tipo hitleriano en el plano interno). Y la familia Macri, los Bulgueroni, y otros ¿no se beneficiaron con esa dictadura y, sólo a modo de ejemplo, con el menemismo, gerente de la dependencia?

 

Hoy el macrismo y sus variantes aparecen como el obstáculo principal, abierto, con descaradas propuestas de sumisión nacional. Sus objetivos de subordinación nacional, ajuste y entrega son expresos. 

 

Pero golpear juntos a ese enemigo no significa silenciar diferencias con aquellos que concilian con ese enemigo o, lo que es peor, buscan aplicar esa misma línea subrepticiamente.

 

La condición básica para nuestra victoria, hoy, frente al proyecto expreso que presenta el macrismo y sus variantes, es la ampliación y consolidación de la unidad frente a él. No todo es lo mismo ni igual, como algunos piensan. Sabemos y sabremos diferenciar, pero no nos cambiaremos el uniforme patrio y popular.

 

Para alcanzar este objetivo, tenemos que adoptar la táctica de desarrollar las fuerzas nacionales y populares, ganarnos a los sectores intermedios que dudan o vacilan y oponernos a los que, en ese frente único, aplican políticas de entrega, ajuste popular y dependencia nacional. Éstos son tres eslabones inseparables. 

 

Los que aplican políticas de entrega y dependencia nacional no quieren que vayamos más allá de los límites que, suponen que nos ha fijado. Sólo nos quieren permitir una resistencia pasiva como la que ellos practican. Nosotros no abandonamos ni abandonaremos nuestra lucha consecuente, que ya lleva muchas décadas.

 

El medio para alcanzar la unidad de todas las fuerzas con las que podemos golpear juntos es la lucha por la independencia y los derechos del pueblo. 

 

La lucha es el medio para conseguir la unidad, y la unidad, el objetivo de la lucha. 

 

¿No hemos tenido que luchar con denuedo, durante años, para que el 2 de abril se convirtiera en un acto permanente y obligado?

 

Desde 1998 ¿No hemos hecho lo mismo con respecto al Día de la Reconquista, que se intentó e intenta hacer olvidar, más allá de los gobiernos?

 

¿No hemos desarrollado actividades en pos de una Defensa Nacional Patriótica y Popular, Integral e Integrada, con seguridad y soberanía en distintas áreas, en lo militar, científico, tecnológico, alimentario, sanitario, etc.?

 

¿No hemos criticado, y actuado en consecuencia, frente a la persistencia de los acuerdos de Madrid y Londres o contra los acuerdos Malcorra-Duncan y Foradori-Duncan, independientemente de los gobiernos de turno?

 

¿No hemos promovido intensamente que hacía falta otra economía nacional y popular en la lucha contra la pandemia? ¿No hemos defendido y promovido iniciativas para una política de investigación científica nacional para vacunas e insumos médicos de producción argentina?

 

¿No nos hemos opuesto, de hace décadas, al pago de una deuda externa usuraria, ilegítima, fraudulenta y odiosa?

 

¿No hemos criticado políticas del actual gobierno, el cada caso puntual que así lo requería?

 

Si la unidad se logra por medio de la lucha, vivirá; si se logra al precio de concesiones, morirá. A eso nos hemos atenido.

 

A manera de epílogo

 

Podemos triunfar.

 

En momentos de escribir estas líneas millones, en multitudes nunca vistas, ocupan las calles.

 

Estoy siguiendo lo que ocurre por internet. Y, en una de esas, me aparece un mensaje que dice:

“Lo único que me está quedando claro de esta caravana es que el día que todos los argentinos nos pongamos de acuerdo en algo para salir a reclamar a la calle, las autoridades no van a saber que hacer, por dónde ir, para donde agarrar, en qué momento, a qué hora, si dan feriado, asueto, toque de queda… Ellos no saben que van a hacer.” “¡Y eso que, desde el partido con Croacia, que sabían que esto podía pasar!”

 

Es bueno que observemos esto que está ocurriendo y lo estudiemos, para que nosotros sepamos qué hacer, si un día el pueblo, los patriotas y los luchadores democráticos y populares, unidos en una lucha independientista y reivindicadora de derechos conculcados, deciden escribir ellos mismos su verdadera historia.

 

¿Será demasiado optimista creer que se avecinan días duros y luminosos?

 

La victoria ama a los que se preparan, dice un adagio latino: Amat Victoria Curam”

 

Escrito en horas de la tarde de un 20 de diciembre de 2022…

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