Opinión | 21 mar 2026
Sectores del sionismo global vuelven a usar Malvinas como moneda de cambio y extorsión geopolítica
Luciano R. Moreno Calderón (UMA)
En medio de la escalada internacional del conflicto en Medio Oriente, provocado según el ex director del Centro Nacional de Contraterrorismo estadounidense, Joseph Kent, por la “presión” de Israel, el poderoso lobby sionista en EEUU y una “campaña de desinformación”, una declaración proveniente de sectores republicanos vinculados al Estado genocida de Israel puso en alerta a los argentinos, ya que la Causa Malvinas aparece, una vez más, como pieza de presión en el tablero de las grandes potencias.
El planteo no es menor. y fue realizado por Marc Zell, dirigente republicano radicado en Israel -presidente de Republicans Overseas Israel y vicepresidente de Republicans Overseas-, quien sostuvo en su cuenta oficial de Twitter:
“Argentina está enviando unidades navales para ayudar a Estados Unidos a salvaguardar el tráfico marítimo internacional en el Estrecho de Ormuz. El Reino Unido se ha negado. En 1982, el presidente Reagan acudió en ayuda de la entonces primera ministra Margaret Thatcher, quien defendía la colonia británica en las Islas Malvinas, reclamadas por Argentina. Ante la cobarde negativa del Reino Unido a apoyar a Estados Unidos en el conflicto del Golfo Pérsico, considero apropiado que la administración Trump reconsidere la política estadounidense sobre las Malvinas y apoye la reclamación argentina”
Con esa declaración el político estadounidense de carnales relaciones con la cúpula israelí, buscaba usar la soberanía argentina y el dolor argentino por el despojo colonial como factor de presión sobre la opinión pública argentina y sobre un Reino Unido que se niega a enviar tropas para satisfacer la megalomanía de un Donald Trump desesperado por no ser humillando en una guerra que solo favorece a los EEUU e Israel.
En principio, esto que en el orden interno algunos festejan, no deja de ser una manera colonial solapada de invisibilizar los derechos argentinos, supeditar la recuperación a un favor del imperialismo yanqui y exponer el histórico y legitimo pedido de descolonización como recompensa política por alineamientos internacionales espurios, con una potencia como EEUU que desde 1832 a la fecha, fue funcional a la usurpación británica de Malvinas y todo el Atlántico Sur.
Estas declaraciones no dejan de exhibir una matriz de pensamiento profundamente colonial al considerar nuestras Islas Malvinas como moneda de intercambio -o presión- en negociaciones geopolíticas que nada tienen que ver con los intereses del pueblo argentino. Expresiones de esta naturaleza, lejos de reconocer el legítimo reclamo de descolonización de Argentina basado en el derecho internacional y en múltiples resoluciones de Naciones Unidas, buscan naturalizar de manera interna y externa la subordinación de la Cuestión Malvinas a estrategias militares ajenas; en este caso vinculadas al conflicto con Irán, iniciado injustificadamente por EEUU e Israel.
Es importante recordar que este uso político de la Cuestión Malvinas por parte del criminal Estado israelí no se trata de un hecho aislado. Traigamos a la memoria que no hace mucho Yair Netanyahu, el hijo del genocida primer Ministro de Israel –con pedido de captura internacional-, usó Malvinas para atacar, presionar o chicanear al Reino Unido, luego de que el cáncer colonial británico validara la existencia del Estado Palestino. En su cuenta de Twitter posteo: “¡Reconozco las Islas Malvinas como parte de Argentina!”
Intereses cruzados: petróleo, geopolítica y ocupación
El trasfondo de esta situación no puede analizarse sin considerar los intereses económicos en están en juego en el Atlántico Sur. En los últimos años, el avance de proyectos hidrocarburíferos en aguas circundantes a las islas con ha reactivado tensiones diplomáticas. Uno de los casos más relevantes involucra a la empresa Navitas Petroleum, vinculada a capitales israelíes que pretende participar en la explotación del yacimiento Sea Lion en la zona ocupada por el Reino Unido, con la idea de robar a los argentinos unos 500 millones de barriles de crudo.
Aunque el gobierno de Israel intentó despegarse formalmente de la compañía señalándola como actor privado, lo cierto es que su participación se inscribe dentro de una estructura económica que se beneficia directamente de la ocupación británica, constituyendo una violación directa a nuestra soberanía y a las resoluciones internacionales que instan a evitar acciones unilaterales en territorios argentinos usurpados por el Reino Unido.
A la explotación de recursos hidrocarburíferos se suma otro elemento clave: la colaboración directa de Israel en la creciente militarización de la base británica en Malvinas, gracias a lo cual es una de las más importantes de la OTAN en el hemisferio sur. De esa militarización colonial en territorio argentino participa la empresa tecnológica y de defensa israelí Rafael Advanced Defense Systems, quien provee –entre otras cosas- Sistemas Modulares Integrado de Defensa por Aire y Misiles.
Hoy, tristemente, Malvinas no solo es un terruño ocupado sino un territorio argentino que el sionismo usa como factor de presión, sabiendo que es un nodo estratégico en la disputa por el control del Atlántico Sur, sus recursos, las rutas marítimas y su proyección hacia la Antártida.
En conclusión
El intento de vincular el reclamo argentino con alineamientos coyunturales —ya sea con Estados Unidos, Israel u otras potencias— implica vaciar de contenido histórico, político y jurídico la Causa Malvinas, y eso no se hace sin querer. Es una vieja estrategia que busca naturalizar la subordinación.
En tiempos convulsionados como los que atravesamos, es vital comprender que la recuperación del ejercicio pleno de soberanía sobre las “Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, y sus espacios marítimos e insulares correspondientes” -como reza la Disposición Primera de nuestra Constitución Nacional- no puede depender de gestos circunstanciales ni de favores geopolíticos. La descolonización de los millones de kilómetros cuadrados argentinos es un derecho irrenunciable, construido sobre la memoria, el sacrificio y la identidad nacional, que los países del mundo deben respetar, y los gobiernos argentinos deben hacer que se respete.
Reducir Malvinas a una variable de intercambio, como proponen algunos sectores políticos de nuestro país, es, en definitiva, funcional a quienes sostienen la ocupación.
Frente a este escenario, la reafirmación de la soberanía argentina no solo interpela a la política nacional, sino también a la integración regional. América Latina ha sostenido históricamente el reclamo argentino, entendiendo que Malvinas es también una causa contra el colonialismo en el siglo XXI.
En un mundo en tensión, donde las potencias buscan reconfigurar su influencia con el uso de amenazas y bombardeos, Argentina enfrenta dos desafíos: (1) evitar que su causa más profunda sea utilizada como herramienta en disputas ajenas, y (2) evitar ser empujada a participar directa o indirectamente de una guerra lejana que le puede generar gravísimos problemas, tal cual sucedió en algún momento de nuestra historia reciente.
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